La madre de todas las borracheras
18/03/2008 por Sr. Capullo
Mis grandes amigos del instituto, mis grandes amigos ahora, aunque nos veamos poco y hablemos menos, son Bob el silencioso y Panceta. Especialmente este último, con el que siempre he compartido sentido del humor y forma de ser. Incluso llegamos a ser familia durante un breve periodo de tiempo…
Panceta y yo nos hicimos amigos de la manera más tonta: En clase de pretecnología en el muy lejano 2º de BUP. Empezamos a discutir sobre un posible proyecto de tren de alta velocidad con forma de bala. Totalmente subterráneo e impulsado por aire comprimido. El diseño era mío y él me intentaba hacer ver los más que posibles problemas de rozamiento y, sobre todo, del movimiento rotatorio incontrolado de la bala que afectaría a los pasajeros y a sus estómagos. Discutimos durante un buen rato y, a partir de ese momento, nos hicimos inseparables.
El tren nunca llegó a ser más que una idea genial y un dibujo en la última hoja del cuaderno de pretecnología.
Los años del instituto pasaron más o menos volando y los de universidad más rápido todavía. Y, tras todas las prórrogas habidas y por haber llegó el momento de ser sorteados para la mili. Él, que no estaba trabajando, decidió ir voluntario al destino que fuera, para quitárselo de encima lo antes posible. Bob y yo, que trabajábamos en el mismo sitio, optamos por la objeción de conciencia. Al final el halo de buena suerte funcionó, y nos adjudicaron destino a nosotros antes que a él.
A él le tocó la brigada paracaidista, en Murcia. Lo segundo peor que le podía tocar a alguien con el graduado escolar. Al menos estaba en la península… pero según decían, era un destino de tipos duros, más duros que los legionarios. Panceta es lo más lejano a un tipo duro que hay… yo, al menos, tengo espaldas anchas… pero él… en fin. Lo iba a pasar muy mal.
Había que quemar Roma, o en su defecto, nuestro pueblo. Así que el último fin de semana antes de que se presentara en el cuartel, salimos a celebrar la despedida. Sólo tíos… y a beber. Fuimos a nuestro bar, a nuestro sitio en la barra, a nuestro rincón. Ese bar era la sede de la pandilla y pagábamos menos de la mitad de las consumiciones que tomábamos. Había muy buen rollo con las camareras y con el dueño y siempre estábamos allí metidos.
Empezamos a beber y empezamos fuerte: unos tequilas. Unos tequilas con toda la parafernalia propia de los tequilas: lametón en el dorso de la mano, sal, el chupito de un trago y limón, para quietar el sabor amargo. Y brindis va, brindis viene… “Por panceta”, “Por las Bripac”, “Por la madre que nos parió”… lo malo que tienen los tequilas es que son una bomba de relojería programada para explotar a los 15 minutos exactos. Tú te tomas el primero y va directo al estómago. Unas risas con el que se ha atragantado, pedir más limón, etc… y a los cinco minutos te tomas el segundo. Más risas, más limón… y te tomas el tercero… en ese momento entra el alcohol en sangre del primer tequila y llega al cerebro.
Te pones en estado puntillo incipiente.
Te tomas el cuarto tequila de la noche… el más divertido de todos, y entra en acción el segundo que te tomaste, un cuarto de hora antes. Lo sientes como un subidón desde el estómago, y la cara te enrojece.
Entras en fase de Puntillo.
Más risas y más limón. Hace dos tequilas que te tenías que haber parado… de haber sido responsable. Pero ya es demasiado tarde, porque engulles el quinto chupito… justo en el momento de estallar el tercer tequila en tu cerebro y es cuando pierdes el control por completo. Ya no hay vuelta atrás.
Estás borracho.
A los tequilas siguieron otros combinados. Vodca con limón, porque yo tomaba vodca por aquella época. Y un cacharro tras otro. Habíamos perdido la noción del tiempo y del espacio. Sólo había caras difícilmente reconocibles y un vaso misteriosamente siempre lleno.
Recuerdo los dos últimos pensamientos conscientes de la noche. El primero, cuando mi amigo Amadeus se caía hacia atrás inconsciente al terminar su cubata. Fue algo así como: “Joder, qué mal va este”. Y el segundo, justo en el momento de apurar de un trago todo mi cubata recién puesto: “Joder, qué mal voy”.
…
Me desperté en la cama. En mi cama. Y no, no había una mujer a mi lado. Ni mujer, ni animal ni cosa. Solo. Es más, tampoco estaba en pelotas, sino todo lo contrario… tenía el pijama puesto. Empecé a ponerme nervioso… yo no duermo nunca con pijama. Me devané los sesos intentando recordar lo ocurrido durante la noche… pero no había recuerdos de ningún tipo. Solo un gran vacío en blanco entre el momento de apurar el cubata de un trago y el despertarme… no sabía qué había pasado, cómo había llegado hasta allí y lo que es peor, quien me había puesto el pijama. Y la gran incógnita: No sabía si mis padres se habían enterado.
Una conversación al otro lado de la puerta me resolvió alguna de las dudas.
- ¿Se ha despertado Baco ya? – Dijo mi padre
- No, todavía no. – Respondió mi madre.
Baco, el dios del vino… había pocas dudas ya. Mis padres se habían enterado.
Lo que ocurrió fue lo siguiente (yo no lo recuerdo, pero he montado la historia en base a los testimonios de testigos de los hechos). Tras perder el conocimiento Amadeus, y seguirle yo mismo, cayeron Panceta y, en menor medida, Bob el silencioso. Los del bar pidieron ayuda para sacarnos de allí a unos conocidos, que nos dejaron en el parquecillo de al lado del bar. Pidieron ayuda a las chicas de nuestra pandilla, que pululaban por allí. Ellas no supieron que hacer con nosotros… tipos grandes y borrachos. Se dieron algunas escenas un poco engorrosas para el que está escribiendo la historia (pero para que os hagáis una idea estaba implicada la chica que me gustaba por aquel entonces… al menos una de sus piernas, y yo aferrado a ella en el suelo del parque).
Decidieron llevarnos a urgencias.
Allí pasó lo que tenía que pasar… no nos pusieron la inyección porque no estábamos en coma, pero llamaron a nuestros padres, que casi era peor. Y fueron desfilando uno a uno por allí. Los padres de Panceta se cabrearon mucho, sobre todo porque él había perdido las gafas. El mío no le dio mayor importancia y entró divertido en el centro de salud. Los padres de Amadeus montaron una escena (de la que su hijo, con una mancha oscura muy sospechosa en el pantalón no se enteró). El único que se libró fue Bob el silencioso… el más delgado de todos y el que más y mejor aguantaba el alcohol… ¿Quién lo habría dicho?
A mí me llevaron a casa y mi hermano ayudó a mi madre a ponerme el pijama. El resto es historia. Mis padres no me dijeron nada. No hubo bronca ni charla ni nada de nada. Simplemente me dijeron que intentara no volver a hacerlo. Eso sí: Mi padre estuvo bastante tiempo con la bromita de “¿Tendré que ir a buscarte hoy?” cada vez que salía…
La bronca me la echó la madre de Panceta. Una monumental bronca, como si el culpable de que él se fuera a Murcia fuera mía. Y no, yo no le puse una pistola en el pecho para que bebiera… al final la sangre no llegó al río.
Lo curioso es que durante algunos meses, había gente que me saludaba por la calle y, en ocasiones, me miraban y se reían…





JAJAJAJA!! Genial, genial! Vamos, menuda despedida que os dísteis.. jaja Me ha encantado la fase del puntillo incipiente, el puntillo y demás… Por cierto que qué sensación más extraña eso de perder la memoria y encontrarte al día siguiente en tu cama, sin saber cómo se ha llegado hasta ahí. De película! Oye, has pensado en escribir algún guión para un cortometraje o algo así? Lo escribes todo con una visibilidad que seguro que te saldría genial. Un beso!
Jejejeje… te digo una cosa… peor si te hubieras despertado en una cama desconocida, con una tía en bolas y no recordaras nada, no???? Bueno, no sé… Ahora, lo que sí está claro es de dónde has sacado la ironía…
Hoy te he dejado una cancioncilla… a ver si te gusta.
Pululaba por aquí cuando he visto el título de tu post y no te niego que me ha motivado.
Divertida historia y eso que comprendo que la madre de Panceta te echara la bronca, porque algunas madres tenían (y tal vez tengan) la manía de culpar al amiguete de su hijo de los desmanes que el chico protagoniza.
El tequila es una bomba coincido contigo, en fin que es una pena como apunta el escocés que no te despertaras con una tía cañon pero claro en tu estado catatónico, mas vale así.
Por cierto muy razonable el comportamiento de tus padres
Un abrazo
…. es lo que tiene el beber y beber , alcohol claro, … las amnesias temporales y lo que pone mas nervioso es saber que hiciste, que dijiste y a quien …. jeje , recuerdos de juventud … y mejor despertar solo en esas ocasiones ¿no? … Un abrazo …
Gracias Mariajo. Mi hermano pequeño pretende ser director de cine. Hace cositas de andar por casa y, bueno, algunas bastante majas. Hace algunos meses, antes de meterme en el fascinante mundo de los blogs, le escribí un guión de un corto de unos 10 minutos, para dos actores y 5 actrices… se supone que lo vamos a rodar algún día de estos, pero nunca encuentra tiempo… espero poder ponerlo por aquí (o, a unas malas, colgar el guión). Un beso y gracias.
Escocés, no creo que estuviera en condiciones de ligarme a una tía tal y como me contaron que iba. Ni una tía, ni un perro ni nada de nada… el alcohol es muy malo para esas cosas… a no ser que quieras ligarte a una que va igual de mal que tú… lo que no es recomendable (en contra de los que recomienda el Algoritmo para caza en entornos controlados de Justerini & Brooks). Mi padre tiene un humor muy peculiar… lo que pasa es que no lo saca cuando hay gente delante… obviamente no he salido a él en eso. Abrazo.
Amigo Frasier, me honra usted con su visita. Obviamente el título está puesto a posta para que resulte atractivo. Creo que la mitad del éxito de un post está en un titulo sugerente… Su madre me echó la bronca a mí y a todos, incluido su hijo. Lo que pasa es que él ya era la segunda vez que le pillaban. Por eso mis padres se comportaron de forma natural. Con 23 años es lógico que una borrachera haya caído. Si no se repite, es algo anecdótico nada más. Borracheras hubo muchas por aquellos años, demasiadas. Pero ninguna tan sonada. Un fuerte abrazo.
Español, no era mi primera amnesia por el alcohol. Sólo que las otras las desperté en las inmediaciones de mi casa y pude llegar por mi propio pie. Esta fue la primera que me pillaron… de todas maneras, creo que es una etapa que había que quemar y que, por suerte, ya quedó muy atrás… ahora no aguanto ni tres cervezas sin empezar a decir tonterías… Un abrazo.
Pues mira Señor K, como hoy no tengo tema, y en tu honor, voy a escribir yo acerca de la mía. A ver si te crees que tus borracheras son las únicas que tienen madre….
Ardo en deseos de leerlas (y habiendo ingerido tanto alcohol, seguro que arderé durante días)…
Bueno, esta que he contado no es nada sexual, no te crees falsas esperanzas. Tengo una que sí, pero para contarla he de pedir permiso primero…. esa fue muy grande también, pero no llegó a ser la madre.
Eres tan gráfico, tan gráfico que cuando una cree que ya le está subiendo un puntito… va el estómago y se revuelve… si es que ya no tenemos edad.
Ana, yo desde luego no la tengo ya… me tomé un cubata en Barcelona y me sentó mal (no de ponerme borracho, pero sí con otros efectos secundarios que no está bien contar). Yo ya sólo tomo cerveza, y tampoco mucha. Me gusta una buena jarra de cerveza bien fría cuando termino una caminata por el monte… para reponer líquidos… pero poco más… Espero leer tu borrachera… a ver como nos lo cuentas. Un beso.
Jajajajaja… me ha recordado muchísimo a algo que le pasó al capullo (con perdón) de mi hermano. A él sí le pusieron la inyección, y al día siguiente no se acordaba de nada. Mi madre resolvió que los amigos lo habían emborrachado y luego se habían desentendido de él, asi que dejó de hablarle a todos los amigos de mi hermano. Como ves, ellos fueron los que ganaron algo aquella noche. Mi hermano, un castigo.
Yo nunca me he emborrachado en condiciones. Pero ya sabes quién resuelve mis "I”ve never"… y da la casualidad que dentro de 3 noches estaremos en Italia… a ver si cuando me pase me acuerdo de tu post. Eso si, intentaré evitar el tequila y el Vodka. Jejeje. Pobre Bombón, debe estar pensando en perder el avión…[:D]
Un beso muy grande, guapo. Qué bien lo cuentas todo.
Y…. no vomitaste….En cualquier borrchera que se precie hay vomitera…..Que asco!!!!!
Voy a cambiar el tema que se me revuelve el estomago…
Besitos.
Ha estado genial, me has despetado muchas risitas silenciosas (aquí en el curro, todos están calladitos, y no está bien reirse a pleno pulmón…
Me has hecho pensar en mi primera y gran borrachera, que no llegó a tus extremos pero que fue bastante patética…
Me voy corriendo a leer la borrachera de Pat.
Besos.
(por fin vacacionesssssssss!!!!)
Bloody, cariño, no te lo aconsejo. Ese es un I”ve never… que no debes cumplir. Millones de neuronas han muerto para darte este consejo… el día después es horroroso, por el dolor de cabeza y por el resto de efectos secundarios. Y no es tan divertido como cuentan… hazme caso. un beso.
Pepa, yo no vomito nunca. Es algo superior a mis fuerzas… sólo lo hago cuando me sienta algo mal… pero me cuesta mucho. Y eso es fatal para las borracheras, porque las digiero todas… Un beso.
Anita, eso de que no te puedas reír a mandíbula batiente en el trabajo es una jodienda. Prometo hacer el próximo post aburrido, para que no sufras. Por cierto, leete también el post con <a href="http://lacomunidad.elpais.com/anamgrs/2008/3/18/la-mia" rel="nofollow">La borrachera de Ana</a>
Un beso.
jajaja.joerrrrrrrrrrrr, y no aborrecistes el alcohol ni na???? jajaja tuvo que ser duro lo del puteo de tu padre jeje
Yo jamás de los jamases he cogido una así, porque no me gustan las bebidas alcoholicas, cuando he querido pillarla he tenido que tragar como la que toma jarabe , y con vino dulce que era lo único q me entraba…….esto con la edad se me ha ido quitando y un wiski de cuando en cuando entra bien…………
un besazo
JEJE, es lo que tiene el tequila, que ataca sin avisar… Yo una vez estuve tumbado absolutamente borracho durante un par de horas !en un cementerio!. Me da un repelus ahora…
Se me ha cortado la digestión y creo que no podré ir al aeropuerto… Un abrazo.
Patita, después de aquello, al menos durante un par de meses, dejé de beber… pero claro… volví. Mi padre puede ser muy jodón cuando quiere, y en el fondo era como decirme: "Cuidado chaval, que ya has gastado la última oportunidad…". Si note gusta beber, eso que te llevas… no es necesario, la verdad. Es más, no es necesario en absoluto… se puede hacer lo mismo con una tónica. Beso
Benno, mal asunto ese de quedarse en un cementerio. No por los zombis y otros seres no-muertos que puede haber por esos lugares… más bien porque te podían confundir con un cadáver y terminar tus días enterrado vivo a dos metros bajo tierra… aunque seguramente roncarías como un cabrón (lo que me pasa a mí cuando bebo). Y el avión a cogerlo aunque sea arrastras…
Jajaja! Yo nunca he acabado en el hospital,pero sí ha habido alguna borrachera indeseable,de la que,gracias a dios (¿dios?!),mi mente prefiere borrarlas. Pero han sido pocas,o casi inexistentes. Eso sí,buenas,a montones! Besitos de vitamina B12.
Esa ha sido la única, y sin vitamina B12… después de aquella creo que habrá otras tres o cuatro… una fue en casa de unos amigos que nos invitaron a cenar a la pandilla. Después de la cena, con los licores, mi amigo pensó que sería una buena idea enseñarnos las fotos de su viaje a Tailandia… las 2000 o por ahí… no sé como, pero me enganché a la botella de Chivas, y güisqui va, güisqui viene… me cogí una tajada de campeonato…
En fin. Besos
¡¡Ay Sr. K, no sabes cómo me he reído imaginándome la escena del parque y la pierna de la chica… !!! Por suerte (o por desgracia) yo no podré contar nunca algo parecido; el hecho de perder el conocimento me dá pavor, pero cuando pillo el "puntillo" me lo paso en grande…
Besito
Pues no te creas… la chica se mosqueó y perdí todas mis opciones… así que, bueno, no fue tan divertido al final. Lo mejor es coger el puntillo y reírte de todo… sin pasar al otro lado. Te lo dice uno que ha estado en el otro lado muchas veces…
Beso.