Yo no he sido siempre este tío despierto y de mundo que soy ahora. Bueno… ahora tampoco lo soy, a decir verdad, pero imaginaos cómo sería antes. Pues sí: un completo pardillo.
Mis amigos Bob y Panceta y yo mismo apenas salíamos de nuestro pequeño territorio. La noche de la gran ciudad nos era prácticamente desconocida, amenazadora y, sobre todo, logísticamente complicada. Al no disponer de coche, nos veíamos en la obligación de coger el último búho, a las dos de la mañana, o el primer tren, a las seis… lo que era una apuesta arriesgada: podías estar pasándotelo de puta madre a las dos, pero darte el bajón a las cuatro… con dos largas horas de espera para el tren. Así que casi nunca nos la jugábamos: Nos quedábamos en nuestro territorio.
Aquella noche fue especial. Panceta celebraba un ascenso en su recientemente adquirida carrera laboral (que luego resultó un cargo infernal del que salió trastornado). Y habíamos conocido a unas tías muy divertidas que, bueno, nos sacaban unos pocos años… pero que conocían la noche de la ciudad… principalmente porque ellas la habían vivido desde sus comienzos. Cosas de la vida, al final una de ellas resultó ser la mujer de Panceta, aunque esa es otra historia.
Entre unas cosas y otras nuestras anfitrionas se marcharon y todavía era relativamente temprano (estábamos en esa hora intermedia en la que no teníamos forma de volver a casa). Así que Panceta y yo decidimos investigar la noche por nuestra cuenta. Como no conocíamos ninguna zona, todas tenían un enorme abanico de posibilidades para nosotros. Elegimos una al azar y nos fuimos para allá.
Al llegar por la zona, un tipo aparentemente normal nos abordó por la calle y nos dijo:
- Chavales, si queréis tomar una copa y pasar un buen rato id a este local.
Y nos entregó una papeletilla de color rosa en la que había una pantera rosa dibujada y un nombre de garito: La pantera Rosa. ¿Y por qué no? Si no conoces la zona, tanto da que da lo mismo, ¿No? Panceta y yo nos miramos y pensamos lo mismo…
- Vale, vamos
Supongo que al tipo le pareció rarísimo que alguien le dijera que sí. Luego aprendí que a los relaciones públicas (a no ser que estén muy buenas) no se les hace caso… pero yo era un crío por aquel entonces.
- Venga, seguidme que os llevo
Y le seguimos, claro. El tipo supongo que no quería soltar la presa, ahora que se había hecho con ella. Dos gacelitas prácticamente imberbes a huevo… Le seguimos por calles estrechas y empinadas, doblamos esquinas con restos sospechosos y fuerte tufo a orín, y terminamos delante de un local con una enorme Pantera Rosa de neón de color rosa, lógicamente. El tipo descorrió una pesada cortina roja con su brazo y nos invitó a que pasáramos.
Supongo que el que descorriera una pesada cortina roja para entrar tenía que haber sido una pista determinante que nos indicara el tipo de garito al que habíamos accedido. Pero lo tomamos como algo anecdótico y seguimos dentro.
El interior del local era viejo y ajado, de un rosa descolorido y casi podríamos decir que sucio, aunque no era fácil de saber, ya que la luz tenue y los cuadros de mujeres desnudas en aptitudes claramente sexuales confundían mucho. Al fondo había una barra enorme con un tipo fornido y negro sirviendo unos tragos a tres señoritas de faldas de cuero muy cortas, medias de rejilla y tacones altos, sentadas en tres taburetes de esos que están anclados al suelo. Excepto ellas tres y el negro, nosotros dos éramos los únicos humanos en la sala.
Las tres señoritas se dieron la vuelta y nos miraron. Cuando hicieron eso nos dimos cuenta de varias cosas. La primera era que las tres señoritas esas no eran tales, sino que, en fin, podrían ser consideradas señoras sin ningún tipo de esfuerzo. La segunda cosa de la que nos dimos cuenta fue de que en aquel local aparte de alcohol y tabaco, se vendía otra clase de mercancía.
Panceta y yo nos miramos. Desde luego era una exploración de la noche de la ciudad con la que no habíamos contado ninguno de los dos. Una de las señoras de la barra, con voz rota por un uso intensivo de tabaco, en al menos cuatro décadas, nos sacó de nuestra comunicación silenciosa.
- Hola guapos – y tosió – ¿Queréis pasar un buen rato?
Obviamente la respuesta fue la única respuesta posible.
No sé cual de los dos inició la carrera hacia la calle, pero lo cierto es que en dos o tres segundos estábamos otra vez en el oscuro callejón. Ligeramente asustados, pero con el firme convencimiento de que las noches de los siguientes años serían tranquilas y no nos despertaríamos en mitad de la oscuridad, empapados en sudor y gritando como posesos, con horrorosas visiones de señoras en minifalda y con medias de rejilla atormentándonos hasta hacernos llorar…
Digamos que hasta ese momento, cuando pensaba en prostitución me imaginaba a Julia Roberts en Pretty Woman y no a la abuela de alguien…
Y a una primera siempre hay una segunda vez…
Espero que os haya gustado. En otro orden de cosas, he añadido más fotos al álbum que publiqué ayer con las fotos del concierto y del monólogo. Digamos que ahora sí hay fotos del concierto y del monólogo. Gracias Un Español Más por el reportaje fotográfico.








Vaya tio!!
XD!!
me ha gustado mucho tu “primera vez de putas” jaja es muy divertido leerte, y eso que es “mi primera vez” que te leo XD
Gracias Poderoxo… aunque técnicamente no fue “ir de putas”
[...] La primera vez que me fui de putas abril, 20082 comentários 4 [...]
Ja ja mi primera vez fue muy con mi novia pero muy bueno aunque podrias haver detallado mas lo de… xD