Ayer se me hizo muy tarde en la oficina. Tan tarde como que eran las diez de la noche cuando salí por la puerta. Obviamente no había nadie en el edificio, excepto el guarda de seguridad y la señora de la limpieza, y casi no había ni un alma por la calle. Normal: Las nubes negras, pero negras como el carbón, prometían algo más que unas cuantas gotas inocentes. Los rayos confirmaban esa idea y la carga eléctrica en el ambiente erizaba el pelo de la nuca. Por suerte el coche estaba muy bien aparcado en la misma puerta de la empresa.
En la radio hablaban sobre el partido de España del domingo y de San Iker Casillas, y se me ocurrió la idea de que molaría tener un San Sr K. En realidad creo que algo de eso hay, aunque no soy creyente. Y en estas estaba cuando noté algo raro. La rueda delantera derecha del coche parecía no ir del todo bien. Así que aparqué en un vado y me bajé a ver qué pasaba…
Pinchazo.
Con cuidado llevé el coche hasta una gasolinera cercana para intentar proceder al cambio de rueda. Mientras tanto la tormenta seguía amenazando a cierta distancia, y los truenos decían en su idioma “Te vas a cagar, chavalote”. Ni que decir tiene que era primordial la velocidad. Lo que habría dado yo por tener un equipo de mecánicos a lo Fernando Alonso… pero en lugar de eso tenía una llave endeble, un gato y una rueda de repuesto… y mucha presión en el ambiente.
Levanté un poco el coche con el gato, lo justo para poder aflojar los tornillos de la rueda. Con la llave hice fuerza para aflojar un tornillo. Bbuuufffff!!!!Ya estaba… me había roto algo por dentro. Otro intento… Bbuuunnnnnfffff!!!!Nada. Empecé a pensar que los tornillos estaban soldados a la llanta. Una gruesa gota resbalo por mi cara. Por suerte sólo era sudor. Pero la tormenta estaba casi encima de mí.
Como hago siempre que tengo un problema, di un paso atrás y reflexioné sobre ello. A ver… tenía un gato, una llave endeble y una rueda de repuesto. Obviamente no era suficiente para solucionar el problema ¿Con qué otros elementos contaba? Con un móvil. Coño… haber empezado por ahí… F1 ayuda. Pero… ¿No iba a ser capaz de resolver el problema yo solo? Joder… maldito orgullo. Nuevo planteamiento. A ver… tenía un gato, una llave endeble y una rueda de repuesto…
En ese momento la puerta de atrás de la gasolinera se abrió y salió una chica espectacular. Espectacularmente grande, quiero decir. Debía de ser de mi tamaño y peso, más o menos. Pero en chica. Y con coleta. Bueno, y con una gorra amarilla a juego con el uniforme de dependienta de la gasolinera. Se proponía hacer algo completamente inapropiado, tratándose de una gasolinera: fumarse un pitillo.
- ¿Te puedo echar una mano? – Me preguntó.
- No sé… ¿Tienes una llave mejor que esta? Es que es una mierda…
- No, lo siento. ¿No puedes quitar los tornillos?
- No, que va… lo he intentado todo, pero es que se dobla la llave…
- Déjame que pruebe – me dijo, aunque añadió por el bien de mi ego – aunque si tú no has podido yo no creo que pueda.
Y con el pitillo en la comisura de los labios y arremangada agarró la llave con las dos manos y haciendo fuerza dijo: Bbuuunnnnnfffff!!!!Ya sé que era mi rueda, la tormenta estaba encima nuestra y era prioritario para mí salir de allí, pero os aseguro que deseé que no pudiera aflojar el tornillo. Lo sé, es un pensamiento muy estúpido.
Obviamente no pudo. Y respiré aliviado. La chica se terminó el pitillo y volvió a entrar en la tienda. Así que me quedé solo otra vez. Bueno, yo y la tormenta. Nuevamente me planteé el problema y enumeré las herramientas con las que contaba. Un gato, una llave endeble y una rueda de repuesto… y, menuda tía más grande… a ojo de buen cubero, rondaría los 90 kilos… joder… como yo…
Y me pitó el ordenador. No había contado con el otro elemento disponible: La Gravedad. Tenía que probar. Así que me quité la camiseta, quedándome con el torso desnudo, y con el viento que se había levantado y los rayos a mi espalda, casi parecía una versión de andar por casa de un dios vikingo. Me escupí en las manos (más por imagen que por ser algo necesario) y agarré la llave con las dos manos. Apoyé todo mi peso encima y todos mis músculos se tensaron (aunque no se notó debido a la capa de grasa subcutanea)… Bbuuunnnnngggggggfffff!!!!
El tornillo cedió.
Sabiendo lo que tenía que hacer, sólo había que repetirlo otras tres veces. Al final conseguí poner la rueda más o menos rápido, aunque terminé tiznado de negro por todo el cuerpo. Cuando entré en la gasolinera para lavarme, la chica grande no estaba. No pregunté por ella… seguramente me dirían que allí no trabajaba ninguna chica grande… es que mi San Sr K adopta las formas más extrañas para ayudarme…
Por cierto: empezó a llover en el momento en que arranqué el coche para irme…





