Algunos compañeros del trabajo se han marchado de vacaciones, y eso implica que los que nos quedamos nos dividimos su trabajo. Y esa es la razón por la que durante unos días estoy, también, asistiendo a usuarios. Vamos, atendiendo llamadas sobre “Que la impresora no me imprime”, “No tengo conexión a Internet” o “El ratón no se mueve”. O sea, un coñazo.
El caso es que estaba yo tranquilamente tocándome las narices un rato intentando en vano logarme en La Comunidad, cuando me llaman por teléfono. Y esperaba que fuera alguna idiotez de las que he dicho antes. Pero no: era la mujer del Director General, que tenía un problema con el ordenador. Vamos, “la dueña” de la empresa. Quería que bajara al despacho de su marido y siendo quien era, bajé rápido como el rayo.
La mujer del Director General es una preciosa mujer de treinta y tantos. Morena, de piel y de pelo, delgada y con un tipazo. Los detalles que faltan se podrán entender leyendo el artículo de Pat Filosofando en la oficina: hombres y mujeres. El caso es que cuando entré en el despacho del Director General me encontré con esta bella mujer delante del ordenador. Iba vestida con una camiseta de tirantes muy ajustada, que dejaba a las claras que lo de llevar ropa interior no iba con ella, y un pantalón ceñido esculpiendo un culito respingón. Lo sé porque no estaba sentada sino inclinada sobre el ordenador. Me sonrió en semejante postura y me indicó que me acercara.
Me situé detrás de ella para ver lo que estaba haciendo. Su problema era que estaba buscando una imagen concreta para insertarla en una presentación. Se sentó, para estar más cómoda y para enseñarme lo que estaba haciendo. Para enseñarme eso y…
Desde mi posición se veía hasta el ombligo. Y todo lo que hay entre el cuello y el ombligo. Todo. Además de no llevar ropa interior me percaté de que seguramente hace topless, porque no tenía ni una marca. Fue una mirada rápida, entre que se activaba el piloto automático y se recuperaba el control del sistema en manual. Una mirada que cualquier hombre hubiera hecho porque está grabada en nuestra programación básica. Una mirada inevitable. Fue una fracción de segundo… pero creo que me pilló mirando.
Si el mundo fuera perfecto ella se habría recostado en el sillón, mirándome con ojos de deseo y la hubiera hecho mía allí mismo, en las posturas más diversas, mientras una música cutre ambientaba la escena. Bueno… si el mundo fuera realmente perfecto, después de un rato con la mujer del Director General, habría entrado la chica de compras con algún pretexto y entre las dos me hubieran hecho un hombre muy feliz. En ese mundo perfecto yo tendría abdominales. Ahora las tengo, pero en un mundo perfecto se me verían.
Pero el mundo dista mucho de ser perfecto. Lo que pasó de verdad es que encontré la imagen más o menos rápido, evitando con gran esfuerzo volver a echar ninguna mirada a nada que no fuera la pantalla…
Nota mental: tengo que dejar de ver tanto porno.






jajjaja que bueno sr capullo
aiishh.. sabes que esto a las mujeres también nos pasa? xd yo tenía una profesora que tenía unas m… peras descomunales (soy hetero eh?) y a veces cuando llevaba camisetas ajustadas la vista se me iba xd y yo pensando.. joder, pero a tí no te van los tíos?
jaja
nada, eso es que la vista es muy traicionera.
bueno en tu caso no sé
un beso, te leo siempre!