Esta semana Karmen nos propone un tema libre. Podemos escribir de lo que queramos siempre y cuando empiece con la frase “El hombre estaba frente a la gran cristalera de su despacho, con la vista fija en…”. Así que no os extrañe si todos los relatos de los miembros del club empiezan igual. yo os propongo este relato. No estoy demasiado conforme con él, pero es la una de la mañana y estoy fráncamente cansado. Aún así Espero que os guste, o, al menos, que mintáis… aunque sea por compasión.
El hombre estaba frente a la gran cristalera de su despacho, con la vista fija en un punto indeterminado del espacio. Estaba absorto en sus propios pensamientos. Había sido un largo camino hasta llegar al punto donde se encontraba en ese momento. Siempre tenía muy presente cómo empezó todo.
Con unos ahorros y una pequeña herencia inesperada consiguió comprar unos terrenos. No gran cosa… un lugar al que llamar “la parcela”, pero sólo un patatal en mitad de ninguna parte. No exactamente en ninguna parte: en mitad de lo que se convirtió en la A67. Y la herencia y los ahorros se transformaron en un pellizco considerable tras la expropiación. ¿Qué hacer con tanta pasta?
Un comentario casual le abrió los ojos. A lo mejor no fue tan casual. Sobre todo teniendo en cuenta que se lo dijo su cuñado, el aparejador, mientras desayunaban un domingo por la mañana en la churrería. “Los pisos estaban subiendo como la espuma y el ladrillo parecía la mejor opción”. Era la única opción, sabiendo lo suficiente del negocio. Y su cuñado lo sabía. Al menos sabía más que de Bolsa. En realidad nadie sabe nada de bolsa.
Invirtió todo el dinero en unos terrenitos en las afueras de la ciudad y fundó una empresa promotora con su cuñado como socio. Y proyectaron la primera fase de las Huertas de San Nicodoro, residencial alto standing. Y en la caseta de obra, y sin haber construido ni una sola casa, vendieron toda la primera fase, y la segunda casi sin despeinarse. Eso metió más dinero en las arcas. Mucho dinero, y eso que repartieron con la empresa constructora. La tercera fase ya la construyó la San Nicodoro y Asociados, constructora. Y se vendió con el éxito esperado… y eso que triplicaba el precio de la segunda fase, duplicado ya de por sí con respecto a la primera. Fue entonces cuando aprendió una palabra nueva.
Di ver si fi ca ción.
- Señor…
Su cuñado tuvo la brillante idea de trasladarse a la costa. Allí había dinero de sobra para quien lo quisiera tomar. Tras la compra de un par de parcelas enormes más o menos cerca del litoral y tras el cambio de manos de algunos fajos, muchos, de dinero, los dos meses de viajes a todo trapo a la playa se trasformaron en la urbanización San Nicodoro Resort, con piscina y campo de golf. Lo sorprendente era que la gente, como loca, le quitaba de las manos los que posiblemente fueran los mejores apartamentos y bungalows de la costa… y parecía no importarles dar cantidades de dinero indecentes por ellos.
- Disculpe, señor…
Multiplicaron por 10 sus proyectos, contrataron a cientos de personas y rara era la ciudad que no tenía un residencial san Nicodoro. Obviamente no todo salía de sus arcas. Su cuñado lo tenía claro: cuanto más tienes más te puedes endeudar. Compraron una constructora más, para poder acometer todos los proyectos y eso les obligó a pedir un préstamo millonario. Pero en realidad era una bicoca… a ese ritmo podrían pagar los intereses con la venta de unas pocas promociones…
- Señor… ¿Se encuentra bien?
Había indicios por todas partes para quien los supiera ver. Las cosas tenían que parar en algún momento, ya que no parecía lógico que el precio de la vivienda subiera si parar. Pero era demasiado tarde… sin saber muy bien cómo se encontraba debiendo una pasta gansa al banco. Demasiado dinero. Lo suficiente como para que los bancos implicados estuvieran más que dispuestos a renegociar la deuda. Lo que decía su cuñado… cuando debes mucho a alguien siempre está dispuesto a escuchar tus condiciones. En realidad lo que dijo fue “Los tenemos cogidos por los huevos, macho”. Pero más o menos es lo mismo.
- Oiga… ¿Me escucha? Me está preocupando…
Claro que, bueno, no pudieron hacer frente al primer pago de intereses. Por alguna razón, los San Nicodoro Resorts no eran tan atractivos. Incluso regalando un coche con la compra de la casa no consiguieron vender ni un solo bungalow. Y eso sin mencionar la enorme cantidad de viviendas vacías que tenían sin vender. Parecía como si todo el mundo esperase a que el viento soplase en otra dirección. Y aprendió otra palabra nueva.
Concurso público de Acreedores.
Eran más de una palabra, pero venía a significar “Quiebra”. Los bancos se quedaron con todo. Pusieron a un administrador y se cobraron bien la deuda. Hasta el yate perdió. Bueno… y las casas, los coches, las fiestas y el pelo. En realidad el pelo era cosa de familia, pero coincidió en el tiempo.
Sólo le quedó una cosa: Su vieja churrería.
- Señor…
- Sí, disculpe…
- Estaba usted como ido…
- Estaba pensando… ¿Qué le pongo?
- Póngame media docena de churros… pero que estén poco hechos…
Podéis visitar a otros hombres miraotras fiestas patronales en los pueblos de :
Cástor Olcoz
Crariza
Elefantefor
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Janpuerta
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Pat
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