La audiencia está de capa caída. El Share del Club de los jueves está por los suelos y las empresas ponen su publicidad en el Cerro de los Ángeles. Así que la junta directiva, con la presidenta Pat a la cabeza, ha decidido darle al público lo que el público quiere. En un principio habíamos pensado en hacer un calendario con las miembras femeninas del club posando en traje de Eva, pero nuevamente la presidenta se ha negado. La posibilidad de hacer lo mismo con los miembros masculinos del grupo no fue ni imaginada… la idea es subir la audiencia, no mandar a la gente al manicomio. En fin, que lo que se acordó es que ésta semana el tema para los relatos sería “Describir una escena de Sexo”. Aquí os presento la mía. Está basada en hechos reales… nunca mejor dicho.
La mujer estaba de pie en medio de la gran habitación. Era una mujer que no pasaba desapercibida en la corte, por su porte altivo, su enorme peluca blanca y empolvada de complicado peinado, lleno de bucles y lazos, su rostro pálido, lívido casi, salvo por las manchas de colorete de intenso rojo y sus labios pintados del mismo color, sus caderas anchas, su cintura estrecha y sus pechos bien encajados en el escote cuadrado y levantados por el apretado corsé. Una mujer digna de un Rey.
Él la contempló desde el quicio de la puerta, apurando el vino de una copa de cristal. No tenía prisa por acercarse. Sabía perfectamente lo que pasaría a continuación.
- Majestad… ¿Me ha mandado llamar?
- Sí…
- ¿En qué puedo servirle?
- Lo sabes bien…
- Cómo sois, majestad…El Rey dejó la copa sobre una mesa de mármol con bellos repujados y recorrió despacio la distancia que los separaba. La cogió del cuello y la atrajo hacia sí. La besó. No fue un beso tierno, de enamorados… más bien fue un beso pasional, fruto del deseo de muchos días de juegos de seducción. Un beso lleno de lujuria.
- Majestad… soy una mujer casada…
- No os preocupéis… consideradlo como un servicio a FranciaÉl besó su largo cuello desde la oreja hasta la clavícula, deteniéndose al llegar a los pechos. Eran suaves y parecían a punto de estallar, por la presión del corpiño y la respiración excitada de la mujer.
- Oh… majestad…
El monarca no lo dudó ni un instante. Mientras seguía besando la suavidad de los senos turgentes, con las manos empezó el laborioso proceso de desanudar los innumerables lazos que mantenían el peto con bordados de oro unido a la camisa de complicados encajes. En apenas un par de minutos el peto caía al suelo y la camisa volaba por el aire, dejado al descubierto los hombros de la dama y el corsé dorado. Emitió un gruñido de triunfo y empezó a besar los hombros y la espalda de la dama. Ante sí tenía el intrincado sistema de lazos y corchetes que mantenían bien apretado el corsé y estilizaban hasta límites sobrehumanos el cuerpo de la mujer…
- Te vas a enterar de lo que es bueno… vas a saber lo que es una polla real…
A medida que fue soltando los corchetes y deshaciendo los nudos iba pasando la lengua por la espalda cada vez más desnuda de la dama, que no dejaba de suspirar excitada. Al llegar a la base de la espalda el corsé se desprendió por completo. Desde atrás, y mientras besaba la nuca desnuda de la mujer, el Rey rodeó con las manos los senos por fin desnudos. Eran grandes pero firmes, y los pezones desafiantes apuntaban al techo, duros por la excitación.
- Oh… majestad…
Él, rojo por la pasión, se quitó la casaca gris plata y la lanzó contra la pared del fondo. Ya no veía, no razonaba… estaba loco por la lujuria, mientras besaba y mordisqueaba los rosados pezones de la cortesana, tanto tiempo deseados. Ella empezó a desabrochar la camisa de fino hilo del monarca, botón a botón, dejando su pecho al descubierto.
Él rodeó con sus manos la suave espalda y, mientras metía su lengua en el ombligo de ella encontró los dos botones que mantenían unida la sobrefalda al conjunto del vestido. Le costó algo de trabajo desabrocharlos, pero lo consiguió, retirando la prenda de inmediato. Otra falda, del mismo color, pero con dieciséis botones más, era la distancia que le separaba de la ansiada meta… la falda, el guardainfantes, las enaguas, las bragas y las medias…
El Rey se separó de la cortesana.
- No puedo…
- ¿Cómo que no puedes?
- Corten o lo que sea… joder… es que con tanta ropa, tanto lazo y tanto puto botón no hay dios que mantenga una maldita erección… ya le dije al de vestuario que no hacía falta ser tan realista con la ropa… vale que es una película de época… pero coño, que al final el porno es porno…
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