Al poquito de entrar yo aquí se marchó la directora financiera. Era una mujer joven, de treinta y pocos años y alta. Cuando digo alta, quiero decir que era más alta que yo, vamos. Y estaba muy delgada. Cuando se quitaba las gafas de pasta y se soltaba el pelo podíamos decir que tenía su atractivo. Indudablemente era maja. Al menos era la única que me daba los buenos días al cruzarnos y la única que me invitó a café en la máquina (aunque esto no sé si es bueno del todo).
Supongo que se cansó de los marrones, de las pullas y de los malos modos generales y se marchó a otro trabajo en el que no era directora de nada, y menos de finanzas. Creo que fui de los pocos de los que se despidió.
En su lugar contrataron a un tipo. De unos cuarenta años, de complexión fuerte, pelo canoso peinado hacia atrás y gafas de pasta… que parece que va con el cargo. Después de la semana de cortesía empezaron a darle por todos lados, como corresponde por la empresa en la que trabajamos y el cargo que ocupa. En realidad lo del cargo es lo de menos… ya he contado que hay muy mal ambiente por aquí. Como quiera que yo todavía no le he dado ningún palo, ni tampoco es algo que yo haga habitualmente, y que incluso le he ayudado con algún marrón, sobre todo cuando estaba relacionado con la informática, podemos decir que nos llevamos bien. Supongo que entre los nuevos tenemos que ayudarnos. Yo no soy tan nuevo, pero sigo teniendo esa sensación… quizá porque no termino de adaptarme del todo. El problema está en que siempre que tiene una duda o alguna pega me llama. Y, en esta ocasión, el problema lo tenía una de sus chicas… así que me llamó, a pesar de que hay un departamento entero dedicado al soporte y de que no es mi trabajo… pero fui a ver qué pasaba.
En realidad era una tontería, aunque requería ejecutar una serie de programas en un orden concreto… tampoco voy a entrar en detalles, no quiero aburriros con datos técnicos. Era laborioso y me llevó mi tiempo y en esas estaba cuando la chica de compras, la que se fue a Gandía con su novio, rubia, con un color dorado muy bonito en la piel después de una semana de sol por cada lado (el típico vuelta y vuelta que muchas chicas y algunos chicos practican) y un super escote profundo (e hipnótico) se me acercó, me plantó dos besos (por eso de que había vuelto de vacaciones) y se sentó en la mesa donde yo estaba trabajando, para charlar.
Obviamente, y porque era verdad, le dije lo guapa que estaba y lo bien que le sentaba el bronceado, intentando por todos los medios a mi alcance no mencionar a Jessica Alba en ningún momento, y eso que no estaba intentando ligármela ni nada. Pero uno es alumno aplicado y los buenos consejos hay que seguirlos.
- Ya te queda poco para irte, ¿No?
- Pues sí… estoy de un tenso ya…
- A ver qué podemos hacer…
Y se me puso a masajear los hombros y la espalda. Y lo hacía bien la muchacha. Con un poco más de aceites esenciales, un poco menos de ropa y, sobre todo, en otro entorno, habría sido perfecto.
Paró casi enseguida… no hay que olvidar que en la oficina a uno le hacen un traje por menos de esto.
Al poco se nos unió la chica del departamento comercial, la que me dio otros dos besos por eso de que también estaba recién venida de las vacaciones, e igualmente morena. Y una tercera, de incidencias, que no había venido de vacaciones precisamente, pero que vio jolgorio y se unió a la charla.
- ¿Cuánto te falta parta irte a Nepal? – Me preguntó la chica del departamento comercial.
- Apenas tres semanas – les dije
- ¿Te vas a Nepal? – Preguntó la de incidencias.
- A escalar montañas – dijo la de compras.
- Bueno, a escalar, lo que se dice escalar… no. Sólo voy a recorrerlas un poco
- ¿Y has hecho ya testamento? – preguntó la del departamento comercial. Obviamente estaba bromeando.
- No, que va. No va a pasar nada…
- No sé como estás tan tranquilo… pueden pasar muchas cosas… fíjate los de Barajas del otro día. – comento la “alegre” de incidencias.
- Eso no vuelve a pasar… y de lo demás… pues ya me preocuparé entonces, cuando vea lo que pasa… dice un dicho, seguro que chino, que si tienes un problema y no lo puedes solucionar… ¿De qué te preocupas? Y si lo puedes solucionar… ¿De qué te preocupas? Pues eso… que no me preocupo.
- Pues yo no estaría tan tranquila – sentenció la de incidencias.
- Por eso no vienes… ¿No?
Las otras se rieron. En ese momento apareció por lontananza un jefe de los gordos, y las chicas se retiraron. Y yo me marché… ya había terminado mi trabajo allí.
Por la tarde, ya tarde, bajé otra vez por la zona. Iba a poner un fax personal, y ya no quedaba ni el recuerdo de nadie… excepto el director de finanzas, enfrascado en alguno de los marrones propios de su cargo. Me vio y se acercó. Tenía ganas de charla.
- Así que a Nepal, eh? Te va a encantar… yo estuve el año pasado en Argentina… al sur… con el hielo y eso… ¿Cómo se llama?
- La Patagonia…
- Sí, La Patagonia… pues eso, que te va a gustar.
Dos cosas: Espero que este tipo sepa más de números que de geografía… por el bien de la empresa. Y dos… la gente habla… mucho.

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La gente habla mucho. Pero que mucho, mucho… Desde que cambié de trabajo me doy cuenta.
En el fondo no mola nada ser jefe. No te caen más que marrones…
La gente habla mucho, demasiado, y si no sabe se lo inventa. A veces es charla imbécil y sin sustancia, de la que te ríes y ya está. Lo peor es cuando por hablar de algo, por darse importancia, haces daño a alguien.
Por cierto, las fotos de tus “paseos” son preciosas. Un beso.
Ivan, en mi empresa son los que más horas echan… aunque a veces creo que lo hacen por figurar, nada más. Gracias por pasarte.
Karmen, en realidad a mí no me molesta que se hable de mí. Incluso que se inventen… que estoy con la de compras… pues mejor, que está muy buena… así que no salgo perdiendo precisamente. Que soy el tío raro que se va a Nepal por gusto… pues es cierto. Que hablen… que a mí plin.
Estas son sólo algunas de las fotos de mis “paseos” tengo un cerro de ellas y, algunas, hasta bonitas y todo… a ver si me pongo y las voy publicando… un beso.