Todavía recuerdo el primer chocho que vi. Por aquella época eso se llamaba chocho, como lo nuestro se llamaba pilila. Son cosas de la edad, supongo. Ahora habría usado otro tipo de palabra, más sonora, quizá… y que rima con moño. Pero con seis años yo no usaba esas palabras. A lo mejor las pronunciaba bajito, sin que nadie me oyera…
Aquel chocho pertenecía, como no podía ser de otra manera, a mi prima mayor, a la mayor de mis primas. No es que estuviéramos jugando a los médicos ni nada por el estilo. Ella tenía 16 o 17 años y yo apenas 6, y a esa edad ella ya jugaba a los médicos de verdad y a mí me gustaban los Clicks de Famobil. Y tampoco es que la estuviera espiando. Al menos técnicamente no fue así. Para empezar, yo estaba acostado en mi cama, arropado con una manta muy gruesa y era una hora en la que debería estar durmiendo. Así que no fue como si la espiase. Aunque eso fue exactamente lo que pasó.
Mi prima mayor estaba buenísima. No lo decía yo, lo decían todos. Era guapa y tenía un tipazo… y tenía mucho éxito con los chicos. Demasiado. Esto tampoco lo decía yo, lo decía mi abuela. Pero todos sabemos que las abuelas están algo chapadas a la antigua. A mi prima loe gustaba maquillarse y salir, y siempre se ponía cosas que remarcaban su impresionante pechera. Y así pasaba, que cambiaba de novio como de vestido. Digamos que se lo podía permitir.
El día que la vi desnuda estábamos en el pueblo. En el pueblo de mi madre, en la casa de la abuela. Una vieja caserona de más de cien años que llevaba más o menos ese tiempo cayéndose a trozos. De hecho, todavía se cae a trozos y, seguramente, pasará los próximos cien años haciendo lo mismo. La casa nunca ha sido muy grande, pero cuando los primos éramos pequeños, entrábamos todos sin problemas. A mí, en esa ocasión, me tocó compartir cama con mi hermano pequeño (que por esa época lo era, aunque ahora le hemos ascendido y es mi hermano mediano). Y en la otra cama dormían mis primas. Estábamos todos acostados, aunque mi prima mayor había salido con un chico esa noche.
Mi hermano es tan nervioso que apenas se le distingue de un epiléptico en pleno ataque. Bueno, no es verdad, pero es que se mueve mucho. Y, claro, yo no podía dormir bien. Por eso estaba despierto cuando mi prima entró en la habitación. ¿Por qué me hice el dormido? No lo sé muy bien. A lo mejor porque se suponía que tenía que estar dormido… seguramente. Pero el caso es que disimulé tan bien que mi nombre sonó en algunos círculos para entregarme el Oscar al mejor actor. Y ella, supongo que pensando que nadie la veía, se desnudó para meterse en la cama.
No recuerdo que me llamaran la atención sus tetas. Y eso que con esa edad y ese tipo tenían que ser grandes pero firmes, con el desafío a la ley de la gravedad que da la fuerza de la juventud. Pero qué le vamos a hacer… no les presté la menor atención. ¿Cómo fijarme en esos globos de carne estando tan cerca eso otro mucho más misterioso todavía? Y con pelos, además. Porque tenía pelos. Vamos a ver… no estoy hablando de pelo en plan… matojos de un bosque a finales de la primavera, antes de que pasen las desbrozadotas y limpien de matorral para evitar los incendios. No. Estoy hablando de pelo, pero no de tanto pelo. Tampoco hablo de un fino bigotillo recortado sobre la sonrisa vertical. Eso habría sido de correr estos tiempos. Hablo de pelo. Y para un niño de seis años, tener pelo “ahí”, es algo novedoso… casi misterioso. Supongo que a esa edad ya sabía que las niñas no tenían colita, pero no tenía ni idea de que a las niñas les salieran pelos ahí abajo.
Apenas duró el espectáculo, pero esos pocos minutos que tardó mi prima en colocar la ropa en la silla y apagar la luz antes de meterse en la cama se me quedaron grabados a fuego en la memoria.
Estos recuerdos me volvieron a la cabeza el sábado. Como ya dije en su día, hace un año además, mi abuela cumple años el mismo día que la constitución. Y el sábado mi madre hizo una gran tarta de hojaldre y nata para celebrar el cumpleaños de la abuela. No está muy allá de la cabeza, pero nos reconoce a todos. En la fiesta de cumpleaños coincidí con mi prima la mayor. Hacía muchísimo tiempo que no la veía.
Ahora es, literalmente, la mayor de mis primas. Ese cuerpo voluptuoso y bien formado se ha convertido en una enorme bola de gelatina blanda. Mi prima la mayor no tiene cuello, pero sí dos papadas. Y los antaño firmes globos de carne sufren ahora la gravedad con toda su fuerza. Casi podría decir que sufren la fuerza de la gravedad de Júpiter (que como todo el mundo sabe es más potente que la terrestre) y se desparraman encima de una barriga que, habiendo venido de Nepal recientemente, recuerda más a la de un Buda feliz que a cualquier otra cosa.
El tiempo pasa y los cuerpos cambian. Pero es curioso que me acordara de aquel día tan remoto en el pasado.

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Joder, vaya contraste! (y no me refiero a tu prima)
Las cosas son como son… pero difieren mucho de cómo se cuenten…
En que a esas edades este tipo de descubrimientos marcan mucho. Sobre todo antes, cuando la inocencia de los niños era total y absoluta ignorancia de casi todo (que bonita tontería mental!).
Un beso.
Tuvo que ser un shock (no precisamente ni bueno ni malo) y más desde nuestra cultura que el sexo es tabú en cierta forma.
Sé que no tiene que ver mucho con tu post, pero me ha recordado un suceso con mi sobrina de 8 años, por aquel entonces tendría 6. Estábamos viendo una película de acción, matrix creo. Me acuerdo que le expliqué que era ficción que no se pegaban en realidad y le hablé sobre la violencia en términos que pudiera entender. Luego hubo una escena romántica, no explicita, ella me preguntó sobre eso y tardé algunos segundos en contestar. Me costó horrores hablarle de amor y sexo, de una forma sencilla sin entrar en detalles. Creo que le dije que cuando dos personas se querían mucho, como el abuelo y la abuela, les gustaba estar cerca la una de la otra y darle muchos abrazos y besos. No me extendí mucho en la explicación. Intenté ser natural para que no lo percibiera como algo malo. Pero en mi fuero interno estaba maldiciendo y echando espumarajos por la boca por haber empezado a ver la película con ella. Por no calcular bien si era una película apta para niños (para mí de lo más inocente desde mi perspectiva de adulto claro). Así que la distraje y decidí cambiar a una película de dibujos animados.
Al grano, me resultó curioso mi facilidad para explicarle sobre la violencia y mi dificultad para hablarle de algo mucho más hermoso y natural. Qué se le va a hacer!
Con respecto al cuerpo de tu prima: Desgraciadamente el tiempo pasa, para algunos más que para otros jejeje
Karmen, espero que mis niños, cuando los tenga (si es que los tengo) sean un poco menos inocentones que yo… es que siempre he sido muy pavo, la verdad.
Eariandes, creo que estamos tan habituados a la violencia, que nos resulta mas sencilla de explicar que algo tan natural como el sexo. Supongo que en algo nos ha tenido que afectar la doble moral estadounidense… si es que tanto cine no puede ser bueno. En fin…
Mi prima es que se ha dejado mucho…
Qué pena que dejara de tener es cuerpazo…Tantos años han pasado …??
Pues no sé… como veinte o más (digamos que da cierto vértigo pensar en todo el tiempo que ha pasado)
PUES YO EL PRIMER CHOCHO QUE VI FUE CUANDO ME ESTRENE CON UNA PUTA RUBIA Y JAQUETONA 2000 PELAS ME COSTO EL POLVO FUE UNO DE LOS MOMENTOS MAS FELICES DE MI VIDA .
Hace tiempo ya, eh?
jajaja….
Te felicito compadre… Mira k lo haz escrito tu, nunca a nadie mas se le pudo ocurrir. Tenias en mente k saldrias a escribir algo tan interesante, y real?
Mira k todo esta hecho a la perfeccion…
Te sacastes un 10…..
Pablo Gonzalez
Corozal
Belize
Centro America
[...] El primer chocho no se olvida diciembre, 200810 comentários [...]