Anoche quedé con Tofu. El miércoles fue su cumpleaños y lo celebró ayer (tras un cambio de planes, porque iba a ser el sábado). Y por alguna razón yo estaba invitado. En realidad sería algo pequeñito… ella y yo, su hermano y su mejor amigo, y sus respectivas parejas.
Quedamos en su casa a las 9 de la noche para ir juntos al restaurante, lógico teniendo en cuenta que no conocía a ninguno de los demás celebrantes. Así que me fui con tiempo para poder aparcar en su barrio, algo que ralla con la improbabilidad matemática. Pero se me dio bastante bien y aparqué casi en la puerta tras sólo dos vueltas. Me quedaba por delante un largo tiempo de radio para amenizar la espera. Y había mucho que observar.
Aparqué casi a la puerta de un supermercado y, por las horas que eran, había trasiego de gente, casi todos con uniforme de oficinista: aprovechando la salida de trabajar, visita rápida al súper para comprar algo de comida. En la puerta, un chico subsahariano embutido en un raído abrigo marrón vendía con poco éxito la farola. Me llamó la atención su actitud. En lugar de ofrecer el periódico con desgana, como sabiendo a ciencia cierta que era un gesto inútil, el chaval tenía una sonrisa de oreja a oreja y, como campaña de mercadotecnia, ejecutaba pequeños bailes al ofrecer la publicación. Quizá era para quitarse el frío del cuerpo, pero de alguna manera transmitía simpatía. Casi me dieron ganas de bajarme del coche y comprarle un periódico.
En la acera, junto al coche, había un banco de madera con una pareja sentada en él desafiando al frío. Estaban muy juntos y parecían ser una pareja de enamorados. Seguramente lo fueran. Ella, andina y menuda; él, eslavo y fornido. No llamaban mucho la atención en el ir y venir de la gente por la calle.
Un enorme todoterreno me sacó de mis pensamientos al aparcar en doble fila junto a mi coche, bloqueándome la salida. Del vehículo se bajó una mujer de mediana edad bien resguardada debajo de un abrigo de pelo y de aspecto caro. Bajando de ese coche cualquier cosa tendría aspecto caro. La vi esquivar al subsahariano y meterse en el súper, para salir al rato con una bolsa repleta de cosas. Incluso los que tienen esos cochazos han de comprar comida, supongo.
Poco después de bajar el cierre de la entrada, una puerta lateral del súper se abrió y un chico joven sacó varios contenedores de basura. Se terminó la jornada laboral. En ese momento, la ya casi olvidada pareja de tortolitos del banco se activaron y empezaron a rebuscar entre la basura. Con movimientos precisos, posiblemente adquiridos con la experiencia, fueron separando lo que podría ser comestible. Casi todo lo que cogieron estaba embasado y, me imagino, serían productos caducados que no se podrían vender en la tienda, pero todavía comestibles. Entre los dos llenaron dos enormes bolsas.
Comenzó a caer una fina llovizna. En el reloj digital del salpicadero, las 9 menos 5… había llegado la hora de bajar del coche.
¿El cumpleaños? Tengo que ser sincero: Curioso.
Ella estaba preciosa, con un vestido verde muy entallado la mar de favorecedor, comprado para la ocasión. Era la primera vez que la veía con tacón alto (y me gustó el hecho de que todavía fuera más bajita que yo incluso con tacón).
En el restaurante nos esperaban los demás invitados y, por decirlo de una manera rápida, ella era la única mujer de la mesa. Su hermano y su mejor amigo, con sus respectivos novios. Y nosotros. No sé si sería alguna clase de mensaje.
Pero hubo jamón. Y a mí, con jamón… lo demás me da igual.
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Vaya… parece una presentación en sociedad en toda regla.
A ver si vas a tener que corresponder tú y organizar algo… qué sé yo, para marzo, por decir una fecha…
Yo me quedo tranquilo sabiendo que habrá jamón, eso sí… Un abrazo.
PS: Esto es lo personal, pero debo decir que los dos primeros tercios del post me han encantado. Me has recordado a tu relato del cronista que seguía a la pareja…
En realidad el post iba a ir enteramente sobre lo que vi en la calle… me conmovió mucho ver a esa pareja hurgando en la basura… con la misma naturalidad como si fueran con el carrito de la compra cogiendo productos del estante… y no en Calcuta o Morovia, sino aquí mismo.
En cuanto a Tofu… efectivamente me pareció lo mismo… un presentación en sociedad de su círculo más íntimo… lo mismo hasta os tengo que presentar en Marzo… quien sabe.
Un abrazo.
Creo que deberías haber dicho: ” Pero había chica. Y a mí, con chica… lo demás me da igual”. Pero, bueno, si te salió lo otro, pues,….., NADA.
Un abrazo, joven.
Jajaja, Blas, que fino hilas, colega. Hubo NADA, claro… y un plato de jamón es mejor que nada, no?