La semana pasada me compré una báscula. Una de esas que suelen estar en el baño. Es de cristal, de diseño, y tiene un contador digital. Aunque en lo demás es como todas las básculas que he conocido: te subes encima y ellas te asustan. Supongo que un baño no es un baño si no tiene una de esas máquinas para pesarse. En casa de mis padres había una, siempre la misma, de las antiguas, de las que tenían un disco que giraba con los números pintado… que asustaba analógicamente… pero asustaba igual.
En mi presentación dije, años atrás, que no era ni alto ni bajo. Y no mentía. Dije que no era ni listo ni tonto, y seguía sin mentir. Y que no era ni flaco ni gordo… y no era mentira en su día, aunque hay ya algo que no es verdad. Este último año ha sido como una especie de cuesta abajo. Desde que volví de Nepal cada vez hay más de mí en el mundo.
Compré la báscula, la saqué del embalaje y la coloqué entre el lavabo y el bidé, junto a la pared. Comprobé que se encendía y que aparentemente funcionaba. Pero no me subí en ella. Saber el peso es un gran momento en la vida de uno, y tenía que prepararme a conciencia. Y allí se quedó.
Hasta hoy.
Digamos que hay límites que un hombre no puede sobrepasar. Hay una especie de raya roja virtual ante la que uno se deba plantar y que, ir más allá, simplemente no es una opción. Creo que este mundo no es tan bueno que se merezca más y más yo pululando por él. Ha llegado el momento de dejar de ser el doble de George Clooney, y el triple de Brad Pitt.
Lo que hay que hacer está claro… comer menos, más ejercicio, más fruta, menos chucherías, más cucurucho y menos sofá. Volver a las excelencias de la dieta mediterránea. Comer en casa, o en casa de mi madre que es todavía mejor. Se terminaron las noches de mus y pizza, que pasarán a ser, noche de mus y lechuga. Los bocadillos sólo en las viñetas de los cómics. Y volver al gimnasio… ¿Qué es eso de pagar para no ir?
Todo eso está bien. Pero… vista la enormidad del reto, directamente proporcional a la enormidad de mi ser, el desafío no es baladí. Es fácil perder el ánimo y dejarse vencer por la inevitabilidad del hecho de que a medida que uno se hace mayor, el cuerpo tiende a expandirse, en plan universo… ¿Cómo luchar con eso?
La clave es plantearse pequeños retos. Esta semana el reto es sencillo. Objetivo: perder un kilo.
No es tan complicado, ¿no?

Etiquetas: peso, George Clooney, Brad Pitt, reto, pérdida, báscula







Si lo consigues, lo de perder el kilo digo, te invito a una hamburguesa de tofu acompañada con verduras al más puro estilo mediterráneo.
Ánimo, la báscula puede llegar a ser una gran amiga.
De buena amiga nada de nada… Lo del kilo dalo por hecho, pero lo dejamos en una ensalada… el Tofu y yo no nos llevamos muy bien…
Buf, la bascula! es como cuando te para la Guardia Civil.. aunque tengas los papeles en regla siempre piensas que has hecho algo mal
Me encanta como le sacas punta a los títulos.
Sé que es un título engañoso… pero ahí está la gracia… y lo de la báscula… joder, qué razón tienes…
¡Claaaaaaaaaro! Un kilo no es nada. ¡ÁNIMO! Sobre todo ahora que se acerca la época del turrón y los mazapanes. Igual escogiste un mal momento para empezar :S