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Archive for 25 abril 2008

El miércoles por la noche pasó algo. Algo con lo que no contaba, pero que entraba dentro de lo posible. Acababa de llegar a casa de unos amigos, para pasar una velada de cartas, y no hacía ni dos minutos que me había sentado delante de una cerveza bien fría cuando el teléfono empezó a sonar. Era una melodía que no escuchaba hacía mucho tiempo… a decir verdad, no sonaba desde hacía casi tres meses… eran los primeros tonos de Expediente X.

Era Huracán.

Me dio un vuelco el corazón. Sabía que algo así tenía que suceder tarde o temprano… pero no esperaba que fuera tan pronto. No pude ni plantearme la cuestión de cogérselo o no, porque Huracán colgó rápidamente. Esto dejaba dos posibilidades… o era un toque, para que yo la llamara, o se había dado cuenta de que me estaba llamando sin querer y había colgado…

Fuera como fuese no iba a llamarla. Y apagué el móvil… había ido a jugar a las cartas. Hablar con Huracán no estaba en el guión de esa noche.

Al salir de nuevo a la calle mientras me dirigía al coche para volver a casa encendí el teléfono. Y me llegaron seis llamadas perdidas. Dos desde su teléfono y otras cuatro desde un número que identifiqué como el del hospital. La última a las 12 de la noche. Eso no era una llamada por error… Huracán quería hablar conmigo.

Me acosté y dormí… pero poco.

La llamada se produjo ayer por la tarde, cuando iba camino de la piscina. Fue más o menos así:

– Hola…
– Hola.
– Ayer te pillé…
– Si, me pillaste un poco mal…
– Lo siento…
– No pasa nada… por suerte la música sonó poco tiempo…
– ¿Qué tal estás?
– Bien… muy bien… ya sabes… muy liado…

Hubo un par de segundos de silencio al otro lado de la línea.

– Te echo mucho de menos…
– Y yo a ti, Huracán.
– ¿Crees que podríamos vernos?
– Yo preferiría que no.
– Ya… entiendo… pero… necesito verte. – Su voz sonó preocupada. Me imaginé unas cuantas cosas, y ninguna buena.
– ¿Qué pasa?
– Me echan del piso.
– ¿Cómo que te echan?

Desde luego, entre las varias cosas no muy buenas que me imaginé no estaba esta. Huracán y su facilidad para sorprenderme siempre.

– El dueño se casa y quiere irse a vivir con su mujer…
– Pero hay un contrato, ¿no?
– No, no lo hay…
– ¿Cuánto tiempo tienes?
– Hasta finales de Mayo…
– Bueno… hay tiempo. Estás buscando otra cosa, supongo…
– Si, pero no encuentro nada… todo está muy caro… o muy lejos.
– Ya…
– Y había pensado que tú, que conoces a tanta gente, a lo mejor sabías de alguien que alquilara algo… que me pillara cerca del hospital… es que no sabía a quien acudir…

La verdad es que no se parecía en nada a la conversación que me imaginé que tendría con ella en el reencuentro. Pero con Huracán nada es convencional…

– Haré algunas llamadas y te diré algo… pero no te prometo nada.
– Muchas gracias, Sr K.
– Te dejo… tengo que entrar a nadar…
– Un beso

Haré esas llamadas y veré qué puedo conseguir… No sé. La llamada del miércoles me dejó descolocado y no me esperaba esto. Sobre todo después de lo que escribí el otro día, con eso de que era el primer día del resto de mi vida… es una manera curiosa de empezar el resto de mi vida… continuando con la vida anterior.

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– ¿Y bien doctor… qué tengo?
– Bueno… no sabría decirle…
– ¿Pero es grave?
– No hemos obtenido datos concluyentes… el TAC es normal, la resonancia magnética no ofrece ninguna anomalía…
– Pero siguen estando ahí… yo las sigo oyendo.
– Casi podríamos descartar que sea algo neurológico… No parece tener ninguna lesión cerebral. ¿Y dice que lo oye desde que sufrió esa caída tonta en la calle?
– Sí doctor… tropecé con algo en la cera y resbalé pero conseguí recuperar el equilibrio… sólo que choqué con una mujer y la tiré al suelo, su bolso salió despedido por el aire y, al intentar cogerlo al vuelo, me caí en una zanja de las obras…
– ¿Y desde entonces le ocurre?
– Justo al salir de la zanja lleno de barro empezó todo…
– Esto se escapa a mis conocimientos… le voy a mandar a la consulta de una amigo mío… es un psicólogo muy prestigioso…

* * *

– Túmbese y relájese. A ver cuénteme qué le pasa…
– Verá… escucho… cosas…
– ¿Cosas? ¿No puede identificarlas?
– Sí… bueno… son voces…
– ¿Voces que le dicen que haga cosas?
– No…
– ¿Y qué dicen?
– No dicen nada… simplemente se ríen.
– ¿Se ríen siempre?
– No… sólo a veces…
– ¿Se ríen ahora?
– No.
– Y si yo digo… “¡Doctor, doctor! ¿Qué tal ha ido la operación? ¿Operación? ¿No era una autopsia?”

Jajajajajajaja jajajajaja jajajaja

– Sí, ahora sí… ¿No las oye, doctor?
– No, no puedo… pero tengo una buena noticia para usted. Ya sé lo que tiene.
– ¿De verdad? ¿Y es grave?
– No, no mucho. Son risas. Tiene usted lo que se llama El Síndrome de la risa enlatada. Es una forma menor de esquizofrenia. Tomando estas pastilas…

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Pronto empezamos… y de dos en dos, nada menos. Las protagonistas, la nueva secretaria del departamento comercial, y la chica nueva del departamento de compras… casi nada. Las palabras importantes en la frase anterior son “la nueva”. Son dos chicas que llevan poco tiempo en la empresa y que todavía no han sido pervertidas por el mal rollo general y las trifulcas interdepartamentales que imperan por aquí. Y lo que es más importante… todavía no guardan ningún tipo de odio al departamento en el que yo trabajo… que es el más odiado por todos y por el único por el que los demás departamentos olvidan sus rencillas y se unen para atacarnos.

La escena va como sigue. Yo esperaba en recepción a que uno de los comerciales saliera, para irnos a ver a un cliente. Fuera, en la calle, y aferrada a un pitillo, estaba la nueva secretaria del departamento comercial… morena, delgada y de estatura normal. Ojos verdes y piel muy blanca, casi transparente. Entre quedarme con la recepcionista, que no me habla, o salir y hacer de buen compañero con la nueva había pocas dudas…

– Hola
– Hola
– ¿Qué tal lo llevas?
– ¿El qué?
– Ya sabes… adaptarte a la nueva empresa… a la gente…
– Bien… bueno… llevo poco tiempo…
– Te entiendo… yo tardé un poco en adaptarme… así, entre nosotros, están locos por aquí…
– Jajaja… sí, un poco

Digamos que ahora que había roto el hielo llegaba el momento de obtener algo de información.

– ¿Sabes? No me gustan los miércoles…
– ¿No?
– Si te fijas están ahí, en el medio de la semana… el lunes llegas con fuerzas y con ganas al trabajo… el viernes estás contento porque llega el fin de semana… pero el miércoles… estás a mitad de camino del fin de semana… por delante y por detrás… una mierda.
– Pues el jueves es peor… porque todavía no ha llegado el fin de semana y ya te queda poca energía… yo prefiero el sábado… porque duermo hasta tarde…
– Normal… saliendo los viernes…
– No, que va, no salgo casi ningún viernes…
– Claro… eres más de sábado… ¡Chunda, Chunda, Chunda!
– No, que va… no soy de discotecas… me gusta más ir a sitios donde pueda hablar con mis amigas… ¡Que le vamos a hacer! Una, que ya es mayor…
– ¿Mayor? Pero si no debes de llegar a los 30…
– 32. Una abuela…
– No digas eso… los 32 son una edad estupenda… yo tengo 32 y estoy hecho un chaval…

En ese momento Salió una compañera y le dijo que tenía una llamada. Cortando la conversación a la mitad. Información obtenida… poca: Tiene 32 años, no sale los viernes, y los sábados habla con las amigas en algún lugar tranquilo. ¿No sale los viernes porque se queda en casa con el novio o porque no tiene plan? ¿Sale con las amigas o con las amigas y el novio? Ni idea. Nada definitivo.

Cuando entré otra vez en la empresa, y el comercial no parecía querer aparecer, me di cuenta que en la máquina del café estaba la nueva chica del departamento de compras. Seguramente tan morena como la otra, aunque con mechas rubias, pelo largo, media melena, guapa y con gafas. Tampoco muy alta, pero con tacón alto, y buen tipo. Me saludó desde la máquina con una sonrisa.

– Bonitas gafas – Dije – ¿Son nuevas?
– Me las pusieron ayer… ahora soy una gafotas…
– Acusica y empollona…
– Jajaja
– Te quedan muy bien, la verdad
– Gracias… ¿Quieres un café?

No tuve tiempo de responder… salió el comercial con cara de velocidad y me arrancó de la escena a la fuerza. Apenas pude decir un “Mejor en otra ocasión…“ cuando estaba en el coche camino de un cliente…

Dos movimientos en apenas 15 minutos.

¡Voy lanzado!

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Hoy estoy en plan puñetazo en la mesa. En plan, aquí estoy yo y estos son mis cojones. Porque yo lo valgo. Hoy he tomado una decisión. Voy a recuperar el sentido original que tenía este diario de batalla y me voy a dejar de anécdotas del pasado. Voy a coger el toro por los cuernos. ¿A qué viene esto? Pues muy sencillo: esta semana hará tres meses que Huracán me dejó.

Lo sé, parece mucho más tiempo del que en realidad ha sido… pero ya lo dijo Einstein… el tiempo es relativo. A mi se me ha hecho una eternidad. Todavía la echo de menos, por supuesto, y pienso en ella a diario. Fue corto pero intenso. Y un palo inesperado. Aunque no he dejado que la tristeza ganara la partida y me he obligado a hacer cosas. Me he obligado a salir y a conocer gente.

Porque en el fondo soy un optimista incorregible. O perro viejo, que todo puede ser. Acostumbrado, por desgracia, a lamerme las heridas una y otra vez.

Creo que el tiempo de luto ha pasado. Ha llegado el momento de iniciar una nueva etapa y volver a tener una ilusión y ganas. Ha llegado el momento de buscar un nuevo objetivo y luchar por él. Tengo que ser de nuevo el Señor Capullo. Con todo lo que esto conlleva.

Ya sé lo que estáis pensando… esto es que ha conocido a una nueva mujer. Pues sí… y no. O sea, sí he conocido a una nueva mujer. He conocido a unas cuantas mujeres muy interesantes durante estos tres meses… y hay otro gran número de ellas a las que ya conocía de antes y que ahora me resultan más interesantes. Y sí, hay una que destaca sobre las demás. Pero… porque siempre hay un pero en esta clase de frases… una serie de condiciones hacen más difícil la situación…

Para empezar, ella lee este blog.

Con Huracán fue fácil… sólo había que buscar un mote chulo y liarme a contar mis desdichas con más o menos gracia. Yo me desahogaba y la gente pasaba un buen rato. Pero ahora… cualquier cosa que diga hará destacar a esta persona como un faro en la niebla… lo cual puede no ser bueno para mis intereses…

Y bueno… hay más cosas que no puedo contar… por lo que he dicho antes de destacarla en mitad de la multitud. Que nadie se alarme. Tiene dos brazos y dos piernas y aparentemente todo en su sitio. Al menos hasta donde yo sé. Pero aunque sea difícil, no tiene por qué ser imposible… y lo intentaré… aunque no lo pueda escribir en estas páginas más que el resultado final…

Y hay otras mujeres que me pueden gustar, que no leen este blog, y a las que no voy a limitarme a ver pasar, como el que ve pasar a un tren. Porque en eso consiste ser más activo.

¡El Señor Capullo ha vuelto y tiene ganas de guerra!

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El domingo por la mañana había una carrera popular que salía prácticamente de la puerta de mi casa. Yo no iba a participar y, de hecho, ni me habría enterado de su existencia, si no fuera porque Ironmán corría en ella. Me avisó el jueves mediante un correo electrónico y me animaba a participar con él. A fin de cuentas sólo eran 10 kilómetros, y estaba al lado de mi casa.

El mote de Ironmán no es porque este hombre sea especialmente metálico, ni porque vuele, o se dedique a salvar el mundo. No. El mote viene dado por una afición que tiene: practicar un triatlón de elite al que llaman el Ironmán. O sea, nadar dos kilómetros, hacer 180 kilómetros en bicicleta y correr una maratón, todo ello en el mismo día, todo seguido y, lo que es más extraño, sin que nadie les obligue.

O eso era antes. Ahora, con la falta de entrenamiento debido al nuevo trabajo, los viajes, las comidas fuera de casa y, lo que es más importante, lo feliz que está con Lentillas, ha cogido algunos kilos de más. Y eso lastra mucho a la hora de correr en una carrera. Sobre todo si es de 10 kilómetros. Supongo que por eso me animaba a correr con él… porque así al menos ganaría a alguien… pero yo, aunque me estoy preparando para el Nepal y en esa preparación hay carrera (estoy corriendo unos 8 kilómetros un par de veces a la semana), no estaba dispuesto a hacer de sparring moral. Y, bueno… alguien tenía que hacer compañía a Lentillas mientras esperaba… ¿No?

Al final el sábado me acosté a las tantas, pero me puse el despertador para no perderme el acontecimiento. Y sin desayunar ni nada me encaminé hacia las pistas de atletismo donde estaba la salida y la meta. Me costó algo de trabajo encontrar a Lentillas, sobre todo porque estaba debajo de varias capas de ropa. Ella es así de friolera… y, bueno, había a su lado dos pequeñas criaturas a las que identifiqué como los Ironkids.

Debí de pillarles en el único momento en que se quedaron quietos, porque el resto del tiempo que duró la carrera, se desperdigaron por ahí, como niños pequeños que son. Bueno, como niños pequeños sin botas ortopédicas que son. Así que eché mano de mis enseñanzas en la mili y aporté mi granito de arena a la causa intentando no perderles de vista, mientras mantenía una conversación a rachas con Lentillas.

Los Ironkids son pequeños, de siete y nueve años, creo… pero pequeños de todos modos. Y son traviesos e inquietos. Aunque de forma diferente cada uno de ellos. El pequeño es travieso y trasto, inquieto y curioso. Pero capaz de quedarse absorto con un bolígrafo con calendario o con un llavero. Vamos, lo que es un niño de siete años. Pero el mayor… bueno. El mayor es diferente. Y para mí que será el que más problemas le de a Lentillas cuando quiera que decida vivir con Ironmán. Porque el crío está buscando el límite al que puede llegar con ella.

O sea, ya es mayor y sabe un poco de qué va eso de que su padre esté con otra mujer diferente a su madre. Y está buscando plantar una bandera lo más adentro del territorio enemigo que pueda. No digo que sea un acto consciente, ni nada por el estilo. Es sólo que, de alguna manera, se trata de llevar la contraria a esa señora “ajena a la familia”. Aunque a lo mejor sí que es de manera consciente, porque su actitud es diferente estando el padre delante… a ver como lo resuelven porque me temo que ella tendrá que pasar mucho tiempo con los niños en un futuro cercano.

La verdad es que es para pensárselo. Quiero decir, lo de empezar una relación con alguien con hijos. Porque en una relación así hay mucha gente. Demasiada gente. Porque no sólo son los hijos, sino que hay un ex (que con hijos de por medio no se puede, ni debe, desvincularse), y unos ex abuelos (que no porque los padres de sus nietos se hayan separado va a dejar de verlos)… y eso es mucha gente opinando. Así que si ya es difícil cuadrar una relación con una persona sola… con tanta gente es una misión casi imposible.

Sólo espero que Lentillas consiga lidiar con todo y sea feliz. Que se lo merece.

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La segunda y última vez que me fui de putas ya fue algo premeditado, no como la primera vez… pero si lo englobamos en su contexto es más fácil de entender. Se trataba de una despedida de soltero… ya sabéis, de las tradicionales. El bueno de C3PO se casaba con su novia de toda la vida, y había que celebrar como se merecía tan señalada ocasión. ¿Y qué mejor forma de celebrarlo que estar en compañía de mujeres cariñosas y ligeras de ropa?

No era la primera despedida de soltero a la que asistía. Uno ya tiene una edad y amigos casaderos. Lo que pasa es que esta despedida en concreto era la primera despedida, digamos, al uso. Había tenido dos despedidas mixtas, una capea (con su vaquilla y todo) y algo parecido a una despedida tradicional cuando Cometa y Lord Farquaad se casaron… pero los amigos de mi, por aquel entonces, rival eran, cuanto menos, muy raros. Además, aunque hubo mujeres desnudas faltó algo importante… algo fundamental en una despedida de soltero: Los “Te quiero, tío”.

Cuando hay amistad entre los integrantes de una despedida (no todos, claro, siempre hay un primo soso del pueblo que sólo el novio conoce), y el alcohol hace acto de presencia en grandes cantidades, se producen esos emotivos momentos de exaltación de la amistad…

– Te quiero, tío”
– No… yo te quiero, tío

Y, por supuesto, amor fraternal que nada tiene que ver con otros tipos de cariño entre hombres, perfectamente comprensibles y respetables. Lo digo por si no quedaba claro del todo.

En el caso de mi amigo C3PO la mayoría éramos amigos de muchos años, veteranos de mil batallas, borracheras y juergas. Así que a poquito que bebiéramos, habría “Tequierotío” para todos. Además, disfrazamos al novio de diablo, con sus cuernos y todo (y en el “y todo” tenéis que añadir un rabo muy largo terminado en… bueno, terminado en un rabo, pero de otras características)

La cena fue copiosa, y regada con abundante vino. Así que ya salimos algo tocados del restaurante. Luego paseamos al novio por la calle un rato, para que hiciera el ridículo (Si no… ¿Qué gracia tiene vestirlo con un traje de diablo de poliéster de cuerpo entero en pleno verano?), y luego buscamos un garito donde seguir tomando copas. Ahí empezaron los primeros “tequierotío” de la noche. Había llegado el momento de poner el broche a la despedida: Las mujeres desnudas y cariñosas…

Yo ya estaba muy mal. Demasiado borracho como para darme cuenta de donde me metían. Así que no habrá descripción del local. Sólo recuerdo que, nada más entrar, había que bajar un montón de escaleras y, de pronto, nos encontramos en el cielo… aquello estaba lleno de mujeres desnudas. O, más que desnudas, poco vestidas.

Había un escenario en el que otro soltero estaba recibiendo su ración de striptis, sólo que él también estaba siendo desnudado por la chica… algo que también vio C3PO y no debió de molarle un pelo. Creo que a nosotros tampoco nos habría molado verle en pelotas (hay cosas que es mejor no ver… no sé si me entendéis).

Y digo que no le debió de gustar porque nosotros contratamos a una bailarina exótica en una sala privada para que le hiciera un numerito (sólo baile, no seáis mal pensados) y él se negó en rotundo. Dijo “No puedo hacerle esto a mi mujer”. Y se negó a sentarse en la butaca de terciopelo rojo que estaba ahí para él…

– A mí me habéis contratado para que baile… pues me da igual quien sea… pero que alguien se siente en esa butaca.

Yo fui el más rápido.

Y me hizo un baile la mar de sugerente. Ella era pequeña y delgada, pero muy femenina y sensual. Y tenía poca ropa… aunque se quedó con menos, a decir verdad con nada, al ritmo de la música. Hasta ese momento estaba siendo la mejor despedida de soltero de mi vida… o sea, los muchachos me habían pagado una stripper para mí solo… ¡Y no tenía que casarme!

Después de esto nos disgregamos por el local. Yo estaba demasiado borracho. Y no es una excusa para justificar lo que hice. Pero lo cierto es que lo hice: Me senté en una silla cerca del escenario a ver cómo una preciosidad de mujer se quedaba en traje de Eva al ritmo de la música. Y me dispuse a seguir bebiendo. Y estaba tranquilamente haciéndolo cuando noté algo raro.

Alguien me estaba agarrando la entrepierna.

Miré abajo, a mi entrepierna, y vi una mano fina y morena… y seguí un brazo hasta un cuerpo sensual y sugerente y una cara muy bonita. Y me estaba sonriendo. A mí.

– Podemos irnos a un cuarto reservado ahí atrás y pasar un buen rato… ¿Te apetece? – me dijo con un acento suramericano que no supe identificar. Por alguna extraña razón, saber de donde era esa chica se convirtió en una prioridad para mí.
– ¿De donde eres?
– De cuba
– Bonita tierra… – de pronto recordé algo importante – ¿Te importaría devolverme la polla? Es que la tengo mucho cariño… está conmigo desde que era pequeño.- Le dije con total naturalidad. Me soltó.
– ¿Vamos?
– No, lo siento… créeme que en mi actual estado no estoy en condiciones de nada… en otra ocasión.
– Si cambias de idea, estaré por aquí…
– Oye… por curiosidad… ¿Cuánto cobras?
– 200€
– ¡Joder!

Y como el que hace esto todos los días, seguí bebiendo y admirando el espectáculo del escenario. Mis amigos no sé lo que hicieron, y no les he preguntado… cada cual es libre de hacer lo que quiera con su dinero, teniendo cuidado.

Lo que sí sé es que dejamos al novio sin cartera, vestido de demonio (y sin ninguna otra ropa que ponerse), en mitad de la calle, borracho como una cuba, y muy lejos de su casa…

Es lo que tienen las despedidas de soltero…

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Seguimos con los jueves de ficción. En esta ocasión el tema elegido es: “El pintor y su nueva obra”. Otros participantes del taller con Pat, Carmen, Ana, Jan, Un Español Más y Crariza. También se nos ha unido Elefantefor y Escocés. Y una incorporación de última hora: Reichel.Yo esta vez sólo he escrito un párrafo. Son exactamente 100 palabras, así que espero sepáis apreciar la dificultad. Después de tantos post, creo haber dejado claro que la brevedad no es lo mio. Espero que os guste.

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Un poco más de pintura aquí… otro poco más allá. Un paso atrás y mirada crítica. ¿A ver con otro ángulo? No… no estoy satisfecho. Necesito más pintura. Esta mancha… tengo que quitar esta mancha. Si pudiera usar otros colores… darle matices y tonos… pero sólo tengo esta mierda de azul… es lo que hay y si así lo quieren… Desde que tuve que cerrar mi estudio de pintura por no poder pagar la hipoteca y buscarme este curro en la Seat, mi vida no ha sido la misma. Estoy harto del azul… El próximo coche lo pinto de rosa.

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