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Archive for 31 julio 2008

Cuando algún capullo propuso el otro día la temática del relato del Club de los Jueves no creo que pensara en las diferentes variaciones que tendría el tema. En realidad el tema era completamente libre… aunque la única condición era que en alguna parte del relato apareciese la palabra “Júpiter”. Nada más que eso. Un rápido vistazo al relato que os presento un poco más abajo os puede dar como resultado una cantidad inusual de enlaces. Por recomendación de un compañero del Club los he puesto, sobre todo para ayudar a quien lo necesite con un poco de culturilla general… ya sabéis… el libro gordo del Sr K no sólo entretiene… también enseña… espero que os guste.

Atención, atención! Por favor, señores… sí, ¿qué dices Gaia? Ah, perdón… y señoras… por favor, tomen asiento… por favor… a ver, el señor Thor… ¿Podría dejar de tirarse… podría dejar lo de los truenos para la intimidad? No, no… me da igual que Shivá le esté mirando mal con su tercer ojo… no son maneras de comportarse en público… esto… Jesús, haga el favor de tomar asiento… ¿Cómo que no hay sitio? Ah… es que no habíamos previsto que vinieran por separado… a ver, azafata… ponga una banqueta para Jesús junto al Padre… y, bueno… la paloma que se pose donde pueda. Ay!! ¿Qué es esto? ¿Una flecha? Me cago en la madre que te parió, Cupido del dem… No, no, señora Venus… es una forma de hablar nada más… no iba en serio … pero … haga el favor de tener controlado a su hijo… y quítele el arco… que las flechas de amor aquí no son efectivas… pero duelen. ¿Ya estamos listos? ¿Ya puedo? Bien, señoras y señores… y ser con cabeza de elefante… Diosas, dioses y formas primitivas de adoración, estamos aquí reunidos en el primer grupo de trabajo sobre divinidad en tiempos de crisis. Ya sé que en principio el maestro de ceremonias sería Zeus, pero ha tenido que ausentarse unos días… por lo visto, bueno, ya saben como es… había una moza en un prado y… en fin. En su lugar oficiará de maestro de ceremonias un servidor… que para el caso es lo mismo… Iupiter Optimus Maximus Soter… pero pueden llamarme Júpiter a secas. Estamos en crisis y necesitamos la colaboración de todos para resolverla… la humanidad ha dejado de creer en nosotros… el hombre crea maravillas más portentosas de lo que jamás hemos podido crear nosotros… y estamos perdiendo cuota de mercado a pasos agigantados, como puede apreciarse en el gráfico de la pantalla… necesitamos una reacción, algo que nos vuelva a poner en la palestra… ¿Sí? No, no creo que eso de la zarza en llamas que habla sea una buena idea, señor Jehová… ya sé que en el pasado le funcionó muy bien… pero ahora… hombre… y con esta sequía… además, con esa pastillita… el… eso es, el LSD, gracias señor Baco… pues con esa pastilla ver hablar a una zarza en llamas no es un portento, ¿No le parece? Necesitamos innovación, algo nuevo, diferente… ¿Cómo dice, Minerva? ¿Internet? Suena interesante… exponga su idea…

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Al salir un día cualquiera por la noche es fácil ver a una, dos o medio centenar de chicas que te pueden resultar atractivas. A mí me pasa… y no sé si es cosa del verano o se trata más bien de los avances de la técnica… pero lo cierto es que hay un montón de chicas guapas ahí fuera (como decía el Capitán Furillo, aunque él en realidad decía eso de “Tengan cuidado ahí fuera”… pero, bien pensado, si hay tantas chicas guapas… Habrá que tener cuidado ¿No?).

El problema no es tanto que haya muchas o pocas mujeres que te puedan gustar… el problema es más bien que tú les gustes a ellas. No a todas a la vez, claro, de una en una… en realidad una. Esa. La que te ha gustado en ese momento. Se trata de hacerle ver que te gusta (eso ya lo sabe, claro, porque llevas un rato mirándola todo lo disimuladamente que has sido capaz… así que es eso o que tiene un moco pegado en la nariz), pero sobre todo se trata de saber si tú le gustas a ella. Y para eso hay que acercarse y decir algo. Es parte del trato… ¿Tienes pito? ¿Puedes mear de pie? Sí… pues te toca acercarte, macho. Bueno, a no ser que seas el doble perfecto de Leonardo Di Caprio, Brad Pitt o el que quiera que esté de moda hoy en día… a esos las chicas se les apelotonan alrededor. Pero como no te pareces a Leonardo Di Caprio, toca acercarse…

Quitando a los tipos borrachos o puestos de algo que sólo son atractivos para sí mismos, bajo su visión de la realidad distorsionada por las sustancias, el resto de tipos nos dividimos en dos categorías. Los monos y los brasas. Se distinguen claramente. Veamos un ejemplo:

El brasas se acerca a una chica y le dice. “Hola. Llevo un rato mirándote y creo que eres muy guapa”.

El mono se acerca a una chica y le dice. “Hola. Llevo un rato mirándote y creo que eres muy guapa”.

¿Cómo se distinguen? Cualquier chica los habría sabido al momento. Es muy fácil… el mono es el que está bueno.

Así que por pura dicotomía, yo pertenezco al grupo de los brasas.

A veces pienso que ligar por la noche es como ser delantero centro en un equipo de fútbol. O sea, ligar es como marcar un gol. A veces estás en racha y marcas en todos los partidos… como que te tiras media temporada sin oler puerta… y eso que tiras a todas las porterías que se te ponen por delante. Ojo, digo marcar gol, pero no estoy hablando de penaltis. Un penalti suele llevar acarreado un bombo y, a veces, una boda. Hay que tener mucho cuidado con los penaltis.

Bromas aparte, la moral es fundamental para ligar. Y como cualquier delantero sabe, con la moral alta se intentan cosas que no se pensarían teniendo la moral baja. Conseguir goles aumenta la moral, y llevarse palos, la baja. Algo muy simple. Para aumentar la moral no hay nada como las camareras. No estoy diciendo que las camareras sean fáciles, ni mucho menos. Es más, no suelen ser nada fáciles, acostumbradas a bregar con todos los tipos brasas del bar. Pero tienen una cosa a tu favor… están obligadas a hablar contigo. Así que al menos no tienes que romper el hielo… y no suelen ser desagradables. A lo mejor no marcas gol… pero practicas con los regates y los tiros a puerta…

Todo este rollo viene a cuento por lo siguiente: El viernes salí a tomarme algo con mi amigo Rico por el centro. Con él y con Gataparda. Avisamos a más gente pero el verano hace estragos en las filas de los amigos… la mayoría de vacaciones. El caso es que, como siempre, fuimos a una taberna donde ponen buen jamón y buena cerveza. Charlábamos tranquilamente cuando de pronto…

De pronto fue como si se hiciese de día. Una chica sonriente y preciosa entró en la taberna. Morena, pelo liso y largo, guapa, no, guapísima. Y lo que es más asombroso, vestida con un simple vaquero y una camiseta negra. Nada de pintura, nada de tirantitos, nada de minifaldas. Pero daba igual, porque la sonrisa quizá sea la sonrisa más bonita que he visto nunca. Blanca y radiante (como suele ir la novia), y constantemente puesta. La frase que estaba diciendo se cortó a medias y creo que todavía andan esperando que la termine… pero es que mi cerebro necesitaba de toda su capacidad para registrar el momento.

La chica añadió a su indumentaria un delantal de color vino, igual al que llevaban el resto de las camareras, y se situó entre la barra y las mesas. Yo no podía apartar la mirada. No sé si era el efecto de las cañas, el calor o qué, pero lo cierto es que no podía dejar de mirarla. Con disimulo, claro. O con todo el disimulo que era capaz de tener, equivalente al que podría aplicar un elefante en una cacharrería. En no pocas ocasiones nuestras miradas se cruzaron y, en contra de lo que habría sido lo lógico, mantuve la mirada siempre. Ella también. Y no perdía la sonrisa… así que os podéis imaginar como estaba en ese momento.

Llegó el momento de irse y, a pesar de que lo normal habría sido quedarnos en el bar hasta que cerrara, mis amigos no encontraron suficiente justificación en el argumento de que era la sonrisa más bonita que había visto. Así que pedimos la cuenta (a ella) y nos fuimos. Pero antes de cruzar el umbral me di la vuelta. No podía dejar las cosas así. Me planté delante de ella y le dije:

– Hola.
– Hola.- Y me obsequió con una sonrisa marca de la casa.
– ¿Puedo saber tu nombre? – En realidad la frase que tenía que haber salido era “¿Puedo saber tu nombre? Es para saber con quien voy a soñar esta noche”, pero por algún motivo del subconsciente, sólo salió la primera parte…
– Sí, me llamo “…”. ¿Y yo puedo saber el tuyo?
– Claro, soy Sr K
– Encantada Sr K.
– ¿Sabes que tienes una sonrisa preciosa?
– Gracias. – Y sonrió otra vez.
– No… gracias a ti. De verdad.

Y me marché.

Podría haberle pedido el teléfono. Lo sé. Quizá haya sido un error, pero mi Estado Mayor creyó conveniente no hacerlo. No todavía. Cualquiera puede pedir el teléfono, y eso no me diferenciaría de un brasas cualquiera… ella podría haber estado siendo sólo educada.

El plan es volver a encontrármela en ese bar e iniciar un segundo contacto.

No me he equivocado… ¿Verdad?

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Esta semana Karmen nos propone un tema libre. Podemos escribir de lo que queramos siempre y cuando empiece con la frase “El hombre estaba frente a la gran cristalera de su despacho, con la vista fija en…”. Así que no os extrañe si todos los relatos de los miembros del club empiezan igual. yo os propongo este relato. No estoy demasiado conforme con él, pero es la una de la mañana y estoy fráncamente cansado. Aún así Espero que os guste, o, al menos, que mintáis… aunque sea por compasión.

El hombre estaba frente a la gran cristalera de su despacho, con la vista fija en un punto indeterminado del espacio. Estaba absorto en sus propios pensamientos. Había sido un largo camino hasta llegar al punto donde se encontraba en ese momento. Siempre tenía muy presente cómo empezó todo.

Con unos ahorros y una pequeña herencia inesperada consiguió comprar unos terrenos. No gran cosa… un lugar al que llamar “la parcela”, pero sólo un patatal en mitad de ninguna parte. No exactamente en ninguna parte: en mitad de lo que se convirtió en la A67. Y la herencia y los ahorros se transformaron en un pellizco considerable tras la expropiación. ¿Qué hacer con tanta pasta?

Un comentario casual le abrió los ojos. A lo mejor no fue tan casual. Sobre todo teniendo en cuenta que se lo dijo su cuñado, el aparejador, mientras desayunaban un domingo por la mañana en la churrería. “Los pisos estaban subiendo como la espuma y el ladrillo parecía la mejor opción”. Era la única opción, sabiendo lo suficiente del negocio. Y su cuñado lo sabía. Al menos sabía más que de Bolsa. En realidad nadie sabe nada de bolsa.

Invirtió todo el dinero en unos terrenitos en las afueras de la ciudad y fundó una empresa promotora con su cuñado como socio. Y proyectaron la primera fase de las Huertas de San Nicodoro, residencial alto standing. Y en la caseta de obra, y sin haber construido ni una sola casa, vendieron toda la primera fase, y la segunda casi sin despeinarse. Eso metió más dinero en las arcas. Mucho dinero, y eso que repartieron con la empresa constructora. La tercera fase ya la construyó la San Nicodoro y Asociados, constructora. Y se vendió con el éxito esperado… y eso que triplicaba el precio de la segunda fase, duplicado ya de por sí con respecto a la primera. Fue entonces cuando aprendió una palabra nueva.

Di ver si fi ca ción.

– Señor…

Su cuñado tuvo la brillante idea de trasladarse a la costa. Allí había dinero de sobra para quien lo quisiera tomar. Tras la compra de un par de parcelas enormes más o menos cerca del litoral y tras el cambio de manos de algunos fajos, muchos, de dinero, los dos meses de viajes a todo trapo a la playa se trasformaron en la urbanización San Nicodoro Resort, con piscina y campo de golf. Lo sorprendente era que la gente, como loca, le quitaba de las manos los que posiblemente fueran los mejores apartamentos y bungalows de la costa… y parecía no importarles dar cantidades de dinero indecentes por ellos.

– Disculpe, señor…

Multiplicaron por 10 sus proyectos, contrataron a cientos de personas y rara era la ciudad que no tenía un residencial san Nicodoro. Obviamente no todo salía de sus arcas. Su cuñado lo tenía claro: cuanto más tienes más te puedes endeudar. Compraron una constructora más, para poder acometer todos los proyectos y eso les obligó a pedir un préstamo millonario. Pero en realidad era una bicoca… a ese ritmo podrían pagar los intereses con la venta de unas pocas promociones…

– Señor… ¿Se encuentra bien?

Había indicios por todas partes para quien los supiera ver. Las cosas tenían que parar en algún momento, ya que no parecía lógico que el precio de la vivienda subiera si parar. Pero era demasiado tarde… sin saber muy bien cómo se encontraba debiendo una pasta gansa al banco. Demasiado dinero. Lo suficiente como para que los bancos implicados estuvieran más que dispuestos a renegociar la deuda. Lo que decía su cuñado… cuando debes mucho a alguien siempre está dispuesto a escuchar tus condiciones. En realidad lo que dijo fue “Los tenemos cogidos por los huevos, macho”. Pero más o menos es lo mismo.

– Oiga… ¿Me escucha? Me está preocupando…

Claro que, bueno, no pudieron hacer frente al primer pago de intereses. Por alguna razón, los San Nicodoro Resorts no eran tan atractivos. Incluso regalando un coche con la compra de la casa no consiguieron vender ni un solo bungalow. Y eso sin mencionar la enorme cantidad de viviendas vacías que tenían sin vender. Parecía como si todo el mundo esperase a que el viento soplase en otra dirección. Y aprendió otra palabra nueva.

Concurso público de Acreedores.

Eran más de una palabra, pero venía a significar “Quiebra”. Los bancos se quedaron con todo. Pusieron a un administrador y se cobraron bien la deuda. Hasta el yate perdió. Bueno… y las casas, los coches, las fiestas y el pelo. En realidad el pelo era cosa de familia, pero coincidió en el tiempo.

Sólo le quedó una cosa: Su vieja churrería.

– Señor…
– Sí, disculpe…
– Estaba usted como ido…
– Estaba pensando… ¿Qué le pongo?
– Póngame media docena de churros… pero que estén poco hechos…

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Hacer una crónica de la fiesta del sábado es algo complicado. Sobre todo porque no soy un buen cronista de sociedad. Visto lo visto tampoco soy un buen fotógrafo ni un buen cámara, a juzgar por las pocas fotos y el vídeo a veces desenfocado de la queimada. Pero en mi defensa diré que estaba más preocupado de comer y beber que de encargarme de registrar el evento. Bueno… y de hablar con los miembros de la comunidad, que no eran pocos.

El profesor Jose Carlos se lo curró un montón. La fiesta se desarrolló en el jardín de la sede de Solidarios, junto al campo de Rugbi de Cantarranas, donde se dispuso de todo lo necesario. Comida como para un regimiento de infantería de marina (que no sé si comen más que lo de artillería, pero creo que queda más musical la frase), bebidas espiritosas y de las otras también, mantas y cojines en el césped, para poder charlar bien tirados en el suelo. Y un entorno fantástico. Ahora sólo quedaba que la gente respondiera a la llamada.

A ver, una aclaración: los que salen en las fotos no son todos los que fuimos. Para empezar, no salgo yo, pero obviamente sí que fui. Así que espero que las otras personas que hicieron fotos, me las hagan llegar o me manden el enlace donde poder verlas… y así completar la crónica completamente. Aquí están los niks de los que acudimos, con sus correspondientes enlaces. Si me he olvidado de alguien, por favor, me lo decís… es que hacía mucho calor y la cerveza estaba fresquita…

Jose Carlos, Blas, Bloody, Benno, Un Español Más, Huraño, Hurañita, Mariajo, Pat, Cloti, La Bombilla, Quadrophenia, Camino, Ángel Pasos, Minea, Johnny Salomon

Blas es todo un Dandi... Bloody y Cloti
Mariajo y Johnny
Mariajo, Quadrophenia y Bloody Pat y Cloti
EL profesor y sus disc�pulos La maestra de ceremonias...
Judith en primer plano, y los demás detrás Otro de los momentos de la fiesta...
Johnny Salomón sabe vivir muy bien José Carlos y su pipa


Y, para terminar, quisiera agradecer al profesor el pedazo de fiesta que montó, las molestias que se tomó para que todos estuviéramos bien y a gusto.

Y, por supuesto, también quisiera agradecer a sus colaboradores el trabajo que se tomaron, por que cuidaron hasta el más mínimo detalle.

En resumen, una gran fiesta.

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Esta semana estamos de fiesta en el club de los jueves. Y con esto no quiero decir que hayamos dejado de escribir el tradicional relato de cada semana. No. Es que el tema de hoy es eso: las fiestas de los pueblos. Así que preparaos para una buena dosis de Paquito Chocolatero, Tómbolas de enormes osos de peluche y coches de choque por doquier… aquí pongo mi propuesta. Espero que os guste.

Los operarios terminaron de tapar el nicho con unas rasillas y cemento y así se dio por concluido el funeral de tía Ernestina. En realidad era la tía Ernestina de su madre materna, algo así como su tía abuela… pero no estaba seguro. Ni siquiera la recordaba demasiado, pero en temas de familia esas consideraciones contaban más bien poco. A todos los efectos era el chofer. Su madre tenía que ir al entierro y el único que no estaba de viaje de vacaciones era él.

Es un misterio cómo la vida se obstina en crear circunstancias curiosas. La tía Ernestina vivió casi 99 años, plenos y alegres, según dijo el cura, pero se murió el día antes de la fiesta de la Virgen de Agosto, de la que era devota. Se murió en plenas fiestas patronales del pueblo.

Él no sentía ninguna tristeza. Creía que una persona con 99 años ya había vivido todo lo que tenía que vivir, y su muerte no era motivo para estar triste. Ley de vida. Además, los ruidos procedentes de la verbena, con los coches de choque y la música de Kamela a todo trapo, las tómbolas y sus perritos pilotos, impedían concentrarse demasiado en su madre y en mantener el debido luto. Así que como no podía vencerles se unió a ellos. Salió de casa con la intención de dar una vuelta y tomarse algo en algún chiringuito.

Hacía como 20 años que no volvía al pueblo. Había cambiado un poco desde que él era un tierno zagal que correteaba con sus amigos desde la fuente de los cuatro caños hasta el pórtico de la iglesia. Había más casas, menos gente y más rotondas. Y eso que era su pueblo. El pueblo. El lugar donde veraneaba con su familia. En realidad el lugar donde sus padres aparcaban a los niños durante las vacaciones de verano del colegio, con la abuela y el tío Venancio, el único soltero. Allí los niños estaban a sus anchas entrando y saliendo sin dar demasiadas explicaciones.

Mientras caminaba entre la gente, contemplando las banderolas de vivos colores, las luces brillantes y esquivaba a los niños que correteaban por todos lados, no pudo evitar pensar en esas mismas fiestas patronales de años atrás que tanto le gustaban. Él había sido otro de esos niños que correteaban entre los puestos, o buscaba frente a la tómbola algún boleto premiado, tirado por error al suelo por algún despistado. Con sus amigos del pueblo. Su pandilla de toda la vida.

Eran Jorge, Damián, Agustín y él mismo… los cuatro de la misma edad. Inseparables e incansables. Descubriendo el mundo con ojos curiosos y rodillas magulladas.

Deambuló entre los chiringuitos con paso errático dejándose llevar por los pies pero sin rumbo fijo. Y sin saber muy bien cómo, se encontró delante del puesto de tiro al blanco. Estaba igual que como lo recordaba. Incluso el dueño era el mismo, pero con veinte años más de arrugas y barriga. No estaba seguro pero hasta podría jurar que la camiseta blanca llena de manchas era la misma. Al menos parecía que tenía veinte años de roña encima. Puso un billete en el mostrador y el encargado le dio una escopeta de aire comprimido. Sólo el ojo de alguien experto se daría cuanta que tenía la mirilla torcida. Tampoco le importó. Tenía práctica y no erró el tiro al palillo donde estaba clavado un cigarrillo puro Farias, que se quebró con el impacto.

Había cumplido con la primera parte del ritual que repetían sus amigos y él cada día de feria. Al poco de salirles el bigote y cuando ya no era divertido lo de buscar boletos en el suelo, cada noche hacían lo mismo. Disparaban en la caseta de tiro al blanco para conseguir unos puritos, luego compraban unos “minis” de Kalimotxo con vino peleón y se iban detrás de las casas, parapetados contra el muro del cementerio a beber y fumar… como hacían lo hombres que creían que eran…

Con un mini de cerveza en la mano y el Faria en el bolsillo de la camisa llegó a la tapia del cementerio. Reconoció al instante el lugar, aunque lo habían urbanizado un poco. A unos metros había un grupo de chavales haciendo botellón y montando jaleo. A él no le importó que lo miraran con curiosidad mientras se sentaba en el suelo apoyado contra la tapia y encendía el puro. Tosió un poco con la primera calada, más que por la falta de práctica por la mala calidad del tabaco, pero ese sabor agrio en la boca le trajo otros muchos recuerdos. Y tan ensimismado estaba que no se dio cuenta cuando alguien se plantó delante de él.

– ¿Pedro? Pedro… ¿Eres tú?
– ¡Coño, Damián!

Y se fundieron en un cálido abrazo. Damián estaba un poco más calvo que veinte años atrás, y tenía una barriga abultada. Y se le notaba mayor y cansado. Además, olía un poco a alcohol.

– ¿Qué haces aquí? No venías al pueblo desde… desde…
– Desde que Jorge se mató con la moto
– Sí, es verdad… desde el entierro
– Sí
– Bueno, chico, ¿y qué tal te va? Te veo muy bien… joder, macho, no has cambiado nada… cago en la ostia… esto no ha sido lo mismo desde entonces…
– Pues no sé qué contarte… terminé la carrera, me coloqué en un buen puesto, me casé, tengo una niña preciosa… me divorcié hace poco… no sé, lo normal. He venido con mi madre al entierro de la tía Ernestina…
– Joder, macho, me enteré… lo siento…
– No pasa nada, es el ciclo de la vida. ¿Y tú? ¿Qué ha sido de ti?
– Pues ya ves, por aquí que estoy… me vine al pueblo a vivir… ya sabes que no he sido de mucho estudiar nunca… no me he casado… un soltero de oro… jaja
– Ya…
– ¿Y de Agustín sabes algo?
– Nada. No le he vuelto a ver… ¿Y tú?
– Creo que ha estado enfermo… pero no sé… es que desaparecisteis los dos…
– Ya sabes… la vida cambia…
– Ya… ¿Te acuerdas cuando veníamos aquí a fumar?
– Sí… por eso he venido… recordando…
– ¡Qué tiempos!
– Sí…
– Coño, tenemos que celebrarlo… vamos a la feria, a beber hasta caer redondos…
– En realidad ya me iba… es que mañana salimos temprano para la ciudad y tengo que descansar… es que hoy ha sido un día muy largo…
– Pero hombre… si hace veinte años que no nos vemos…
– Lo siento, de verdad Damián, pero es que me tengo que ir… me alegra haberte visto.

Y se marchó.

No quería quedarse con Damián. Hay cosas que es mejor dejar en el pasado, y Damián era una de ellas. No le gustaba la idea de ver al Damián veinte años más viejo, estropeado y cansado.

Porque en el fondo sabía que él también era veinte años más viejo y estaba igual de cansado y estropeado…

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Ayer, sábado, se cumplía el segundo aniversario del día que conocí a Huracán. Qué le vamos a hacer, yo recuerdo esas cosas. Llamadme sentimental, si queréis. O idiota. Lo acepto. Llamadme Capullo si ese es vuestro deseo. En realidad no tiene ningún mérito acordarme de esta fecha… entre otras cosas por que es la fecha en la que mi grupo de amigos de la montaña organizamos la primera salida oficial de verano… lo que viene a ser más o menos, la primera salida en la que lo más importante es pasar el mayor tiempo posible tumbado, refrescarse en las aguas heladas de una poza y, ya por la noche, asistir al tradicional concierto de música popular en el pueblo de turno. En realidad es como ir a la piscina, pero a una muy exclusiva y que no mucha gente conoce.

Este año no iba a ser diferente. Bueno, sí, este año no iba a invitar a Huracán a venir, como hice el año pasado. Entre otras cosas porque no me parecía adecuado y, bueno, trabajaba todo el día y no iba a poder. Así que podríamos decir que, si bien recordaría todo lo que hicimos aquella ocasión, y eso es posible que me dejara un poco melancólico, intentaría disfrutar del momento.

Quisieron los astros que no me acordara de Huracán en todo el día.

Corrió la voz de la jornada veraniega entre los amigos… y estos llamaron a otros amigos. Y algunas amigas llevaron a otras amigas. Y entre esas amigas de amigas estaba… Tofu. Sí… la misma chica que conocí el día de mi cumpleaños el verano pasado y con la que hubo un intento de establecer una relación (y digo intento porque después de tragarme una sesión de diapositivas inmensa, descubrí que no éramos de la misma forma de pensar `recisamente). Entre las 20 personas que asistieron a la convocatoria estaba ella, con unas pequeñas botitas de montaña y su cara preciosa mirándome desde el otro lado del claro, junto a su amiga. Estaba más guapa de lo que la recordaba, algo más morena y con el pelo un poco más largo. Los mismos labios carnosos y los ojos negros y grandes. Y sus pequitas juguetonas. Y su mismo pasado en el OPUS, y su vegetarianismo feroz. Nos dimos dos besos y ella, mientras me tocaba el brazo (algo que parece que se está convirtiendo en una costumbre), me preguntó por mi vida.

El cielo estaba nublado y, unas densas nubes negras parecían tener prisa por llegar a nuestro encuentro. No era un día para bañarse en aguas heladas, pero como ante todo somos montañeros, decidimos que daríamos una vuelta y, lo mismo con suerte abriría el día. No obstante, como medio responsable del grupo que soy, recordé a todo el mundo que no se olvidara de llevar el chubasquero… por lo que pudiera pasar.

Lo que pasó fue que a medio camino, en ese punto en el que da lo mismo avanzar que retroceder, porque estás a la misma distancia del coche elijas el camino que elijas, empezó a llover como si hubiéramos hecho algo. Una lluvia torrencial y salvaje, de grandes gotas. Y todo el mundo, como locos, fue sacando sus chubasqueros. ¿Todos? No, todos no. Tofu no tenía chubasquero… ella pensaba que lo llevaba pero se lo dejó en casa. Así que hice lo que cualquier hijo de vecino habría hecho en mi lugar… le di el mío.

Esto, que puede parecer un acto idiota, aunque muy cortés, es en realidad un acto muy idiota y sumamente peligroso para mi salud. Porque estaba lloviendo y no hacía calor precisamente… además, tenía ropa seca… pero no suficiente ropa seca. Por ejemplo: esos pantalones que se estaban calando eran los únicos pantalones que tendría todo el día… así que opté por quitármelos y guardarlos en la mochila. El resto se empapó. Para los curiosos diré que llevaba un bañador debajo.

Para que os hagáis una idea: yo tenía la pinta del que se ha metido vestido en una piscina y al que, una vez fuera, le han echado cubos de agua sin parar. Sólo que, además, empezó a granizar. Y extraviamos el camino, por la confusión que siguió al granizo… lo que añadió más caminata y más agua al global de la ruta.

Al final la cosa no pasó a mayores. Incluso salió el sol un poco. Y ese momento de paz permitió que Tofu y yo habláramos un rato. Resulta que sigue bailando, pero dejó la ONG. Esa actividad la cambió por ser cabeza de lista por su tierra en un partido político de esos alternativos en las elecciones de marzo. Incluso me animó a que me pasara por la sede para hablar con ellos porque “mis habilidades sociales les podrían venir bien”. Supongo que se referirá al hecho de que conozco a mucha gente. Decliné la oferta… si ya es complicado compaginar todas las actividades que ya llevo, como para meterme en más. También me dijo que seguía siendo vegetariana, pero que le había costado algún que otro disgusto y una o dos relaciones. Me dieron ganas de decirle que lo de ser vegetariana a lo mejor no era la causa… pero tampoco quería entrar en detalles. Eso sí: conseguí que se riera unas cuantas (muchas) veces. Es que soy encantador cuando quiero…

Bajamos al pueblo a comer de restaurante y a secarnos. Ella no se quedó al concierto, porque era muy tarde y su amiga se tenía que ir (aunque me ofrecí a llevarla a su casa si se quedaba). El concierto fue un poco demasiado malo. Y hacía mucho frío… yo al menos tenía el frío metido en los huesos. Todavía lo tengo, aunque el haberme pasado toda la mañana al sol ha ayudado mucho…

Ahora me iré a por Huracán a la salida del Hospital. Quedamos en que hoy cenaríamos juntos. Ella me insistió y yo no puse pegas… supongo que querrá contarme algo de su próximo viaje a Inglaterra. Está muy emocionada y es un tema recurrente cuando hablamos. Yo tengo otros planes secretos: digamos que celebraremos el aniversario aunque ella no lo sepa…

Por cierto, mientras caminaba bajo la pertinaz lluvia, no hacía más que tararear esta cancioncilla. Digamos que cierta persona podría haber protagonizado su propio musical de haber aceptado mi oferta…

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Cada martes y cada jueves voy a la piscina a nadar. Es un deporte muy completo y, a pesar de que me suelo meter mucha caña, me relaja. Ya os he contado que cuando era pequeño no era precisamente un portento físico. Mi madre, preocupada por que de seguir tan inactivo su hijo podría convertirse en campeón mundial Junior de Sumo, intentaba encontrar un deporte que pudiera hacer, compatible con los zapatos ortopédicos.

Probé la gimnasia deportiva, porque se hacía descalzo en las colchonetas. Pero al ver que mi tope era hacer el pino puente (un puente estilo Calatrava, no exactamente con forma de puente, pero un puente a fin de cuentas), y con el agravante de que el mortal hacia delante casi era literalmente mortal y que el potro y yo no éramos demasiado compatibles, la buena mujer pensó en la natación como actividad deportiva extraescolar. Así que durante algunos años iba tres veces por semana a la piscina municipal. Aprendí a nadar a casi todos los estilos, porque la mariposa estaba un poco vetada.

Tras un parón de algunos años volví a la piscina. El estilo estaba ahí, pero me faltaba mucho fondo. Normal. Lo que pasa es que me metieron directamente en el grupo de perfeccionamiento (quizá lo hicieron porque lo pedí yo, claro) donde había gente de mucho nivel. Y a punto estuve de dejarlo, desesperado de ser pasado una y otra vez y de terminar agotado todos los días. Por suerte ese momento desesperación pasó y poco a poco fui mejorando. Ahora soy yo el que tiene nivel.

He tenido muchos monitores de natación. Unos mejores, otros más pasotas. Ahora, desde hace dos semanas y por baja del monitor titular, nos entrena una chica joven. Joven y guapa, con una bonita sonrisa y ojos color miel detrás de unas cucas gafas. Mide como un metro sesenta, pelo liso, media melena castaña y piel morena. Los primeros días llevaba siempre la equipación oficial de monitor, que incluye una camiseta holgada y unos pantalones cortos, algo que disimulaba sus formas femeninas. Pero ayer sólo llevaba puesto el bañador reglamentario rojo, que le daba un aspecto de Vigilante de la Playa muy, pero que muy interesante. Por eso el mote: Pamela.

Mi comienzo no pude ser más malo. Ella no me conocía y, como monitora que es, se acercó para ver a qué grupo pertenecía. Y me dijo:

– ¿Tú con quien vienes?
– Yo vengo de parte de la novia…

Un vacile en toda regla. De esos que luego me pasan factura. Pero en este caso a ella se le escapó una sonrisa que me dijo dos cosas: Que tiene sentido del humor y una bonita sonrisa.

Hechas las presentaciones paso a la chicha.

Llevábamos como media hora haciendo diferentes ejercicios de piernas. Sólo piernas, para arriba y para abajo… todo el rato. Agotador. Así que para cambiar de registro Pamela decidió que hiciéramos 200 metros estilos. Empezando por mariposa… mi punto flaco. Pero como soy un tío obediente empecé con el ejercicio… dos brazadas y pasó lo que tenía que pasar… el gemelo me dio un latigazo. Un calambre… o como se dice vulgarmente: se me subió la bola. Duele. Y cuando estás en el agua, como que agobia más. Por suerte me pude agarrar a la corchera y salir fuera del agua sin interrumpir la conversación telefónica de la socorrista. Pero la otra, la de la playa, Pamela, vino a ayudarme a estirar. Y una vez que estiré un poco, empezó a masajearme el músculo magullado. Que quede claro que me estoy refiriendo siempre al gemelo. Ojo. Mientras lo hacía dijo:

– Lo tienes muy duro, pero no sé si es que es así o es cosa del calambre…
– Pues toca el otro y compara… – Vamos, la típica frase que se dice pero que no suele obtener resultados. Pero ella lo hizo. Me tocó el otro gemelo.
– ¡Qué duro!

Como siguiera haciendo comentarios de ese tipo mientras me masajeaba los gemelos, mi bañador ajustado de licra negra me iba a dejar en evidencia. Así que decidí levantarme y salir de allí. Me quité el gorro y le dije.

– Creo que me voy a la ducha…

Y entonces ella me tocó el brazo. Mi musculoso brazo (bueno, vale, a lo mejor he exagerado un poco, pero soy yo el que cuenta la historia y, tras tanto nadar, algo duro si que estaba). Fue una caricia en toda regla. Algo que a mi entender era innecesario. Pero lo hizo. Y me desconcertó un poco.

– Mejor métete en el agua y haces un par de largos suaves… así relajas un poco. Y cuado termines, estiras otro poco más.

¿Cómo negarme? Así que lo hice, me volví a meter en el agua y nadé los dos largos relajadamente. Aunque notaba el músculo dolorido no volvió a montárseme, aunque yo en lo que pensaba era en ese contacto y en su posible significado. Lo sé… una chica guapa me toca y ya pienso que quiere algo… pero es que con la falta de cariño que tengo y estos calores, tengo disparada la bilirrubina…

Mientras estiraba apoyado contra la pared se volvió a acercar y, esta vez, puso su mano sobre mi espalada (ya sabéis… musculosa y eso).

– ¿Estás mejor?

Me seguía doliendo. De hecho me sigue molestando. Pero es normal después de un tirón. Pero digamos que lo que menos me interesaba en ese momento era el gemelo.

Pamela estará con nosotros todo el mes de julio y agosto, así que tengo tiempo de enterarme de más cosas. En realidad dará igual, porque tendrá novio, o se lo echará mañana mismo… o tendrá la imperiosa necesidad de ser mi mejor amiga… pero mientras llega el viaje a Nepal, no está mal para entretenerme… ¿No?

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