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Archive for 29 agosto 2008

Como dijo Pablo Neruda, puedo escribir los versos más tristes esta noche. Más que los versos, el post. Puedo escribir el post más triste esta noche. Pero no triste en plan, jo que pena… y llorar a moco tendido. No. Triste en plan… triste. Mejor os lo explico.

Parece mentira. Con lo que yo he sido… con la vida tan curiosa e interesante que yo tenía… pues nada. No me ha pasado nada en la última semana. Absolutamente nada. Con decir que lo más interesante a destacar es que me tengo que tomar la pastilla de la fiebre tifoidea… en fin, es lamentable. Y eso que tengo planes para mañana. Estoy planeando afeitarme la barba. Y eso será quizá lo más interesante que me pase en todo el día.

Jo, qué triste.

En el trabajo estoy de tarde. El peor turno que le puede tocar aun ser vivo y a un gran número de seres muertos. La mañana la pierdo en vete tú a saber qué y, sin darme cuenta, tengo que salir pitando por la puerta para irme a currar. Y en el curro… pfff. Mierda pa’mí. Porque no hay gran cosa que se pueda hacer. Mi jefe se va de vacaciones la semana que viene y no quiere problemas. Así que tenemos todo parado. Aplicando el dicho “Virgencita, virgencita, que me quede como estoy”. Y, coño, es verano, por lo que todo el mundo se las arregla para no estar en la oficina hasta muy tarde. Así que estoy solo. Como la una. Como un tío feo en una discoteca. Pero sin cubata. Y en esas estamos… esperando que suene el teléfono para hablar con alguien…

Lamentable.

Lo más excitante que me ha pasado es que el relato de los jueves está batiendo todas las marcas de lecturas. ¿Por su calidad? ¿Por su innegable humor? ¿Por el asombroso conocimiento del que he hecho gala sobre la mitología escandinava? No… Por David Bisbal. Es impresionante. Resulta que en la introducción que siempre hago del cuento, he mencionado a éste cantante. De pasada. De hecho no tienen nada que ver con el cuento. Pues bien… el todopoderoso Google, en su infinita sabiduría, Google es grande, alabado sea Google, ha decidido que mi post tiene que salir el primero de la lista de noticias cuando se busca “David Bisbal”. Como lo oís. Y resulta que todo el mundo ha decidido saber de éste hombre. Me imagino que se quedarán con un palmo de narices cuando vean que de David Bisbal nada de nada… si acaso una Valquiria… pero poco más.

Enlace de lalistaWIP.com

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Por lo demás, nada más.

¿Es o no es triste?

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En cualquier pueblo de tamaño medio (y de algunos pequeños también) hay dos nombres de bar que son casi obligatorios. Yo creo que son una especie de franquicia. Tenemos por un lado el Bar “la estación”, y por otro Cafetería “Oasis”. Algo parecido pasa con las fiestas de los pueblos. Siempre hay una actuación de una orquesta que se llama “Paraíso”. Si son los mismos, deben de dar más conciertos que David Bisbal. Esto poco tiene que ver con el tema de esta semana… bueno, sólo un poco: esta semana Elefante nos obliga a tratar el tema del Paraíso… Ésta es mi propuesta.

No tenía ni idea de cómo había llegado hasta allí. Sólo recordaba estar corriendo ladera abajo junto a sus compañeros, a toda velocidad, gritando a más no poder… para, acto seguido, encontrarse allí sentado.

Todo era demasiado desconcertante.

Aunque no tenía ni idea de dónde estaba, pese a no reconocer nada de lo que había a su alrededor, no se sentía nervioso. Es más, una paz como la que no había conocido en la vida le llenaba por dentro. Estaba muy a gusto. Incluso satisfecho.

Se dio cuenta que estaba casi desnudo. Sólo llevaba una fina y apretada prenda de tela muy suave al tacto tapándole sus partes. “Es como no llevar nada”, pensó, mientras se rascaba un testículo distraídamente, “Pero a la vez”, continuó, “mantiene todo en su sitio”. Se percató de que tenía algo en la mano. Estaba frío, muy frío. Era cilíndrico, de no más de un palmo de alto, de metal y tenía una abertura en la parte superior. Vio que el cilindro frío de metal tenía unas extrañas inscripciones en la superficie lisa, que no supo identificar. Olfateó, por instinto, los efluvios que manaban del interior del cilindro y reconoció inmediatamente lo que era. Un sorbo le permitió averiguar que se trataba de una cerveza mucho más suave que la que él solía tomar con sus camaradas, pero estaba muy buena. Apuró toda la bebida de un trago y emitió un sonoro eructo.

Estaba sentado en una especie de trono, pero muy mullido y suave, calentito y confortable. Los pies, descalzos, en alto, apoyados sobre una mesa baja donde había unos recipientes de colores con cosas también de colores dentro. Se hizo con uno de los recipientes y cogió una pequeña bolita amarilla, extrañamente ligera y esponjosa. La olfateó y determinó que era comestible. Pese al intenso sabor, que le recordó vagamente a queso, no le resultó desagradable. Se metió un puñado de esas bolas en la boca.

Entonces se dio cuenta de que había otro extraño objeto junto a los recipientes de comida. Era de un palmo de largo y fino, de color oscuro, y tenía muchas piezas rectangulares con inscripciones. Por instinto apretó una de esas piezas y, de pronto, un objeto que estaba enfrente de él y del que no se había percatado se iluminó. Se asustó un poco, pero pronto la curiosidad pudo más que el miedo, y se fijó en que en ese objeto plano se veía una especie de pradera verde donde había gente. Gente que corría, y que daba patadas a una bola. Parecían estar jugando a algún tipo de juego y tenía pinta de divertido. En un determinado momento uno de los hombres introdujo la bola de una fuerte patada entre unos postes blancos y todos los que llevaban la ropa del mismo color se abrazaban. Los otros no parecían muy contentos. Se concentró en el juego y volvió a rascarse un testículo con la soltura que da haberlo hecho toda la vida.

La comida esponjosa le dio sed y deseó un trago de cerveza. Miró a su alrededor, buscando con la mirada algún cilindro de metal como el de antes. Pero apenas le dio tiempo a mirar alrededor otra vez, porque en ese momento entró una mujer en su campo de visión. Alta, rubia, guapa y desnuda, se dirigía hacia él sonriéndole. Llevaba una bandeja en las manos, con unos cuantos cilindros como el que tenía antes, y más cuencos con comida esponjosa. Se inclinó sensualmente delante de él, contorneando las caderas, y dejó sobre la mesa baja el contenido de la bandeja.

– ¿Deseas alguna cosa más? – le susurró con voz musical la mujer – ¿Más cerveza? ¿Comida? ¿Sexo?
– ¿Sexo?
– Claro, estás en el Vingólf.
– ¿Contigo?
– O con cualquiera de mis hermanas…
– ¿Hay más?
– Muchas…

No sabía que elegir. Tenía algo de hambre, y la cerveza le apetecía mucho. Pero también hacía tiempo que no veía una mujer así, y menos desnuda… estaba indeciso.

La indecisión le duró una milésima de segundo. Alargó su mano para acariciar el pecho de la joven y…

– Olaf!!
– ¿Eh? ¿Cómo?
– Olaf, ¿estás bien?
– ¿Qué?
– Espera, no te muevas… tienes una flecha clavada en el costado
– Eric… ¿Dónde está la mujer desnuda?
– ¿Qué mujer?
– La que traía la cerveza…
– Macho, tú deliras
– Que no… que había una valquiria desnuda… y me traía cerveza… me dijo que estaba en el Vingólf.
– Claro, y ahora me dirás que viste a Odín
– No, a Odín no le vi…
– Y a los gigantes de hielo… ¿Los viste?
– No…
– Pues si no viste a Odín ni a los gigantes de hielo, en menuda mierda de Valhalla has estado…
– Pero había unos tíos pegando patadas a una bola en una pradera… y había cerveza… y se estaba tan a gusto…
– Te veo bien. Así que te dejo aquí un rato solo, ¿vale? Parece que ya hemos tomado esta aldea… voy a ver si saqueo un poco por los dos… y déjate de valquirias… ¿Cómo vas a entrar tú en el Valhalla? Ya nos lo contó padre… sólo los guerreros más valientes van al Valhalla a reunirse con Odín, para la lucha final con los Gigantes de Hielo… para el Ragnarök… y tú todavía no has matado a nadie…

Hay más y mejores relatos en las casas de los compañeros del Club:
Bloody
Carmen
Cástor Olcoz
Crariza
Elefantefor
Escocés
Janpuerta
Karmen-JT
Pat
Un Español más
Xarbet

Otra cosa. No suelo acompañar a un relato con nada, pero en esta ocasión me ha venido a la memoria un vídeo un poco bestia que trata sobre el paraíso… más o menos. Aviso que puede herir susceptibilidades

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Panorámica desde Cuello Arenas

Panorámica desde Cuello Arenas

El cielo plomizo amenazaba con volver a descargar agua de un momento a otro. Las nubes eran las dueñas y señoras de la Tierra. O, al menos, de la tierra que de divisaba en todas direcciones. Las cumbres de las montañas, como dientes puntiagudos al borde de la planicie, apenas se intuían entre la niebla. El viento movía las briznas de matojos que había a los lados del camino, que se extendía marrón y pedregoso hacia el infinito. Hacia la niebla.

La montaña solitaria por señor Capullo, en Flickr

La montaña solitaria

Ya había descansado lo suficiente. No lo suficiente, pero me estaba quedando frío. Y, según mis cálculos, todavía me quedaban tres horas más de marcha. Me sentía mal. No sé si era por el cielo plomizo, la amenaza de lluvia o por el hecho de que me había retirado, que no había podido continuar, mientras mis amigos seguían adelante montaña arriba. Por primera vez en mi vida me había dado la vuelta en una ruta.

Después de tantos años caminando por la montaña he aprendido a escuchar a mis pies, a mis piernas, a mis pulmones… a mi corazón. Y ellos, por unanimidad, me habían dicho que no estaría en condiciones de seguir. Y mi cerebro no encontró motivos para seguir sufriendo. Porque no había sentido a continuar cuando no se veía nada alrededor. Porque no había ninguna gracia en mojarse. Porque teníamos claro que no podríamos llegar a la meta. Y así no había motivación.

Una cascada

Una cascada

En realidad hice oídos sordos a sus súplicas de parar durante un buen rato. El orgullo manejaba los mandos y no estaba dispuesto a dar su brazo a torcer. Es como cruzar una peligrosa línea. Antes de eso, nunca me había retirado. Después…

Pero había que ser realista. La paliza del día anterior fue demasiado fuerte. Ya estoy mayor y el cuerpo no recupera igual. En otros tiempos, tiempos más lozanos, diez horas de ruta y sólo tres de sueño no habrían sido impedimento… incluso habría sido de los últimos en irme a descansar… una caña más, un chiste nuevo. Pero esos tiempos parecen que han pasado, me temo. Ahora, 3.000 metros de desnivel acumulado pesan en las piernas como zapatos de hormigón. Y te arrastran al fondo…

El puente  romano

El puente romano

Tengo que reconocer cierta decepción. Decepción conmigo mismo. Esperaba estar mejor, después de tanto entrenamiento. Pero tengo que reconocer que los dos últimos meses han sido muy laxos. Demasiadas quedadas y demasiado saltarme el entrenamiento. Demasiadas cañas. Demasiados panchitos. Demasiado trasnochar. Demasiada juerga y poca montaña. Y eso se paga.

Pero cuando sale el sol...

Pero cuando sale el sol...

Sé que en Nepal no haremos 10 horas de marcha. Y, desde luego, no habrá machadas de 3.000 metros de desnivel (entre subida y bajada) del tirón. Pero aún así esperaba estar mejor. No he pasado la prueba de fuego, el test de aptitud. Y me da igual que mis amigos, para animarme, me digan que la ruta del primer día era de nivel muy alto. Me da igual que me digan que el segundo día hice 18 kilómetros y seis horas de ruta. Eso son paños calientes. Yo sé que tenía que haber estado mejor. A 5.000 metros de altitud no habrá posibilidad de dar la vuelta. Y no quiero hacer un viaje tan largo para sufrir.

El refugio de la Brecha

El refugio de la Brecha

La lectura final: tengo 30 días para intentar recuperarme. Así que se terminaron las cañas y las tapas. Y, desde luego, nada de trasnochar y salir de copas.

Tengo que tomármelo en serio.

NOTA: Todas las fotos, menos la panorámica del principio, perteneces a la ruta: De Bujaruelo a la Brecha de Rolando.

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Esta semana en el club de los jueves el tema elegido es… ¡Ninguno! Libre, como el viento, como los taxis, como los solteros… en fin, creo que se ha entendido el concepto. Con eso de los Juegos Olímpicos, me he calzado las zapatillas de correr y he escrito esto. Espero que os guste.

Sólo oigo mi respiración, el plas plas de las zapatillas golpeando el suelo y el corazón botando alocado en mi pecho. No sé cuánto tiempo llevo corriendo… parece que toda la vida. Y tengo la sensación de que nunca podré parar, que correré y correré hasta que un día no pueda dar un paso más y caiga fulminado.

El camino es polvoriento y hace calor. No se mueve ni una brizna de hierba, ni una espiga de trigo del campo que se extiende hasta donde la vista alcanza. A lo lejos, en la inmensa llanura, se vislumbra el enorme cartel publicitario de un banco amigo con inmejorables hipotecas, aunque siempre parece estar a la misma distancia… esa es mi meta, el final de la carrera. Por hoy. El final de la carrera, el final de todas las carreras, no será hasta dentro de unos meses. Meses de sacrificios. Meses de dolores. Muchos meses. Pero yo sigo corriendo.

Paso a paso el campo de trigo desaparece. Cada una de las espigas verdes se transforma en un entusiasta espectador de la carrera, que jalea y anima como un solo ser, con una sola voz. El camino polvoriento es ahora asfalto agrietado. Hay pancartas y banderas. Algunos padres llevan a sus hijos en los hombros y todos dan palmas… es increíble la fuerza que puede llegar a transmitir la multitud enfervorecida. Pero esa sensación es momentánea.

Un kilómetro para el final. Sólo un kilómetro.

La meta. Un enorme arco de plástico rojo, hinchado, con una banderola con la palabra “Meta” escrita en grandes letras rojas. Un cronómetro digital “Citizen” cuenta el tiempo de carrera. Pero el sudor y el cansancio nublan mi visión y no veo el tiempo que llevo. Me seco el sudor con la muñeca y…

…y el tiempo se detiene. Allí está ella, a unos metros de la meta, mirándome directamente a los ojos. Sus enormes ojos azules brillan de felicidad, de orgullo… y sonríe. Me sonríe a mí. Esos ojos inmensos tienen un poder… siempre lo han tenido. No puedo defraudar a esos ojos, no puedo verlos tristes. No puedo decepcionarlos. Por arte de magia el dolor del pecho desaparece. Por arte de magia la pesadez de las piernas se esfuma como si nunca hubiera existido. Por el arte de la magia de ese azul tan profundo, de esa mirada llena de admiración.

Acelero.

No lo puedo evitar. Al cruzar la meta alzo los brazos en señal de triunfo, como si hubiera ganado la carrera, como si los otros ochocientos y pico corredores que han entrado antes que yo no hubieran existido. He rebajado el tiempo que me había propuesto como objetivo, pero en realidad me da igual. Sólo tengo un pensamiento en la cabeza: tengo que encontrarla y compartirlo con ella…

Pero es inútil. No está. No ha estado nunca. Mi cerebro la imaginó, ahí, junto a la meta, con el único propósito de superarme, de llegar.

Maldito cerebro.

Caigo de rodillas. La fatiga puede conmigo, pero el dolor que siento en el pecho es aún peor. No puedo evitar que una lágrima, sólo una, resbale por mi mejilla hasta el asfalto.

Por pura voluntad me levanto del suelo. Tengo que recoger el diploma… después de todo he terminado la carrera y he superado mi marca. Me lo he merecido.

Tengo que saber cuándo es la próxima carrera… marcarme un nuevo objetivo… a fin de cuentas, yo iba para campeón del mundo, ¿no?

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Apenas quedan ya 38 días para que me marche a Nepal y seguimos con los preparativos. Ya queda más o menos claro, dependiendo de las condiciones que nos encontremos por allí, que nos dedicaremos básicamente a caminar por las montañas, algo a lo que dedicaremos casi dos semanas. Eso sí, no haremos nada espectacular: ascenderemos a un monte pequeño que hay por allí, de unos 5.500 metros de altitud. Pueden parecer muchos metros, pero teniendo en cuenta que esta montaña tiene a los Annapurnas alrededor, todos en torno a los 8.000 metros, parecerá una mísera colina en comparación…

Uno de los preparativos necesarios para evitar problemas es la vacunación contra enfermedades exóticas. En realidad Nepal no es una zona de riesgo, así que no hay vacunas obligatorias, aunque sí unas cuantas recomendadas. Y eso es lo que estuve haciendo ayer… vacunarme.

Nunca me han gustado las agujas. Me dan miedo, la verdad. Así que evito siempre que puedo ponerme inyecciones. Es superior a mí. Yo sería donante de sangre si hubiera otra forma de sacarla. Obviamente nunca he probado la heroína y me hago los análisis justos. Y doy gracias por haber nacido hombre y no necesitar la Epidural…

Había pensado en ponerme nada más que el tratamiento para la fiebre tifoidea. Además, se puede tomar en pastillas, por lo que no era necesario inyectar nada dentro de mí. Pero la doctora tenía otra idea. Resulta que en el plan de vacunación habitual determina que todos tenemos que estar vacunados contra la Hepatitis. Y, ya puestos, sería recomendable que me pusiera un recordatorio del tétanos y la difteria. Así que yo que pensaba salir con unas pastillitas, salí con tres vacunas. De las de agujas puntiagudas y todo.

Ayer me las pusieron. Dos de las tres han reaccionado y tengo la zona dolorida e hinchada. Lo que sumado a las agujetas de la paliza del fin de semana me transforma en una especie de piltrafa humana.

Sólo una cosa: que el tío, el ATS, diga “vamos a ponerla en el culete”, no hace que sea más agradable que le pinchen a uno, la verdad. Es más, creo que hace que la situación de estar con el calzoncillo bajado y reclinado sobre la camilla, con un tío trajinando por allí atrás, sea más que incómoda…

Por cierto, un dato que me pareció significativo de los tiempos nuevos que corren. En la cartilla de vacunación que me dieron había dos casillas reservadas para el nombre del médico y de la enfermera. Con esas letras: médico y enfermera. En el espacio del médico ponía: Mª Eugenia. En el de la enfermera ponía: José Antonio.

No sé, me hizo gracia.

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¿Quien no ha echado una mirada furtiva de vez en cuando? Es excitante, ¿Verdad? Eso de observar a alguien sin que se sepa observado. Algo tendrá porque es una práctica que se lleva haciendo desde que el hombre es hombre. Si no… ¿De qué el éxito de programas como Gran Hermano? Creo que es parte de la condición humana… Esta semana el tema elegido para el Club de los Jueves es “Le Voyeur”, que yo he traducido libremente como “El mirón”, aunque en español tiene una carga peyorativa. A lo mejor en francés también, pero como no sé idiomas… en fin. Mi propuesta, la segunda en realidad después de la que publiqué el martes, Todos somos mirones, trata sobre un mirón profesional. Espero que os guste.

Yo antes era de los que actuaban… ¿saben? Un tipo muy emprendedor. Pero eso me duró poco… apenas una semana… jaja… creo que me cansé. Nunca me gustó tener que trabajar, ya saben… Y ya no hago nada. Lo he dejado. Ahora sólo me dedico a mirar. Me divierto mucho más, qué quieren que les diga… hay tanto que ver… y como tengo tanto tiempo libre… oiga, que yo ya trabajé lo mío… ahora le toca a los demás. Yo… yo sólo miro.

Cuando empecé a cogerle gustillo a eso de mirar sólo me fijaba en las grandes cosas… ya saben… temas importantes… una visión más en conjunto. Pero ahora… creo que me he profesionalizado. Soy más minucioso. Me fijo en los pequeños detalles. Creo que en los detalles está el secreto. Una sonrisa, un brillo de ojos, un temblor involuntario de los labios. Me chiflan… Tengo que admitirlo, siento preferencia por las jovencitas. Pero no… no me malinterpreten… no es nada sexual… creo de verdad que en ellas está el futuro… no sé si me explico… son… son… no sé, no tengo palabras… son lo más bonito que hay… si se me permite la expresión. Pero ustedes me entienden, ¿no?

Desde aquí se ve de todo… se podrán imaginar… mucha cosa mala, que la hay también. Pero en eso casi no me fijo. No es mi problema ¿no? Allá cada cual con su vida… no estoy para pasarlo mal… Y es tan divertido… acérquense… miren… ¿Ven a esa madre con el carrito de bebé? ¿No es entrañable? Pues resulta que el bebé es hijo del frutero… se lo digo yo, que me entero de todo… y no se lo ha dicho a su marido. Si es que hay cada uno por ahí… ése que se sienta en el banco del parque era violonchelista en una filarmónica o algo así… y ahora se dedica a dar de comer a las palomas… y ése… ése es mi favorito… escribe poesías en las servilletas de papel y las regala por la calle… se escapó de un psiquiátrico la semana pasada… pero no teman… no es peligroso…

Ya sé. Hay mucha gente que protesta… que me acusa de no hacer nada. Vamos a ver ¿qué quieren que yo haga? Bueno, vale… podría hacer muchas cosas, con todo lo que sé y eso… pero… ¿Por qué he de tomar yo esa responsabilidad? ¿Quién soy yo para hacer y deshacer? Vale, soy Dios… pero… ¿Saben ustedes todo el curro que tiene hacer todo lo que hay en la tierra y en el cielo? ¿Y en una semana? Joder… que yo ya trabajé mucho…

Echad una ojeada a otros relatos de los compañeros del Club… pero no hagáis sólo de mirones… actuad… y, a ser posible, comentad…
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Esta semana en el club de los Jueves tenemos que escribir sobre un tema muy concreto: Le Voyeur, el mirón. Pensando en ello y gracias a la inestimable ayuda de los medios de comunicación se me ocurrió este texto. Ya sé, hoy estamos a martes y el club de los jueves siempre lo hacemos… los jueves. Pero es que es un tema de tanta actualidad que no me he podido resistir. El jueves, por supuesto, habrá otro relato diferente.

Una columna de tanques de guerra avanzan por una carretera. Hay civiles que miran con temor y una enorme columna de humo se eleva en el horizonte. Una voz en off, femenina y neutra, traduce las declaraciones del Primer Ministro:

“Instamos a las autoridades de Georgia a que paren inmediatamente la agresión contra Osetia del Sur, que paren todas las violaciones de los acuerdos de cese al fuego y que respete los derechos legales y los intereses de otra gente”

La imagen cambia de pronto, y se suceden una serie de escenas muy rápidamente: Una lanzadera de misiles soltando al aire su carga letal, un avión descargando bombas sobre la ciudad. Una mujer ensangrentada llorando entre las ruinas de un edificio. La voz en off sigue con la crónica:

La batalla por tomar el control de la ciudad más importante del enclave secesionista se intensificó durante la pasada madrugada con enfrentamientos que, según oficiales rusos, se ha cobrado la vida de más de 2.000 personas, tras los “cientos de muertos” que reconoció ayer…

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Seis tipos en bicicleta por una carretera. Visten de vivos colores y todos llevan dorsales. Corren muy deprisa. La voz en off, esta vez masculina, comenta la jugada:

Último kilómetro… último kilómetro… ahí hay un pequeño… nada… unos poquitos metros de subida… para girar ligeramente a la izquierda… encarar el peaje…

Los ciclistas aumentan la velocidad. Dan pedales como locos, poseídos por el ansia de ganar. Apenas quedan ya quinientos metros para la meta.

A ver quien es el primero en lanzar el sprint… hay que medir mucho la distancia… cuidado con… que todos los metros que pasen son a su favor… a esa subida ya no le queda casi nada… cuando pasen por el arco… ya todo es… más o menos… falso llano… Vamos Samu… aprieta los dientes… vamos… el asturiano… corriendo para España… por la izquierda Samuel Sánchez… vamos Samuel, vamos Samuel… Samu… Samu… vamos Samu… Samu, Samu… Samu campeón…Campeón”

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Un coche blanco aparece en primer término. Tiene todo el frontal reventado, el motor hecho trizas… hay piezas por el suelo y una gran mancha de aceite. Un policía inspecciona el otro vehículo. Es rojo y también tiene el frontal destrozado. Hay varios cuerpos cubiertos con mantas en el arcén. La voz en off dice:

El accidente ocurrió pasadas las diez de la mañana en el kilómetro 25 de la carretera CM-401, entre las localidades toledanas de Polán y Gálvez. El siniestro se pudo producir, según las pesquisas iniciales, por una conjunción de elementos, ya que uno de los dos vehículos implicados invadió el carril izquierdo de forma antirreglamentaria, pero lo hizo en una recta donde hay bastante visibilidad. Por ello, los agentes barajan también la posibilidad de que el conductor se hubiera distraído al adelantar.

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¿Dónde pondrán una película? Esto es un rollo… Tengo hambre… a ver qué me preparo para comer…

Los textos de las noticias están sacados de El País y la prueba ciclista de Televisión Española

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