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Archive for 31 octubre 2008

Llegamos a Katmandú un sábado por la tarde, hora local. Como ya he contado, aquello nos pareció que era una locura de tráfico y de gente. Sobre todo de tráfico. Al día siguiente, domingo, paseando por las calles nos pareció que la cosa estaba mucho más tranquila. Infinitamente más tranquila. En nuestra ignorancia lo achacamos a que era domingo y que, claro, los domingos no se trabaja… ni se mueve el coche. Pero esa no era la razón. La razón por la que el domingo no vimos tantos coches ni tanto ajetreo de personas fue porque montaron una huelga general en Nepal. No me interpretéis, mal, no es que los nepalíes protestaran por nuestra llegada, todo lo contrario… nos recibieron con flores en el cuello. El motivo de la huelga general fue la protesta por los continuos cortes de luz.

Por cierto, además de la falta de movimiento por las calles durante el domingo, la huelga general nos afectó directamente de otra manera: la estación de autobuses (de turistas) no emitió billetes, y esa fue la razón por la que nos vimos obligados a coger aquella especie de lata de sardinas con ruedas. Para que luego no digan que no nos integramos con las costumbres locales.

Por lo que pude averiguar, el sistema eléctrico de Nepal es muy deficiente. Apenas tienen centrales eléctricas y el suministro no les puede llegar a todos a la vez. Por eso han montado un sistema de cortes controlados por zonas. O sea, ellos saben a qué hora les toca la luz en su zona, y esperan pacientemente a que esta llegue para enchufar lo que quiera que necesiten enchufar. Por eso en Manang, por ejemplo, ponía que la conexión a Internet empezaba a las 5 de la tarde (cuando era posible), porque a esa hora les tocaba el suministro de energía en la zona (cuando era posible).

Era curioso ver, sobre todo cuando no sabíamos esto, cómo en el lodge de turno donde dormíamos durante el trekking, la gente esperaba pacientemente sentada a oscuras a que llegara la luz, e iniciaban una frenética actividad (que consistía básicamente en hacernos la cena) hasta que se volvía a ir.

Hay que ayudar en casa

Hay que ayudar en casa

Estos cortes de luz afectaban tanto a las aldeas pequeñas que atravesábamos durante la ruta, como a ciudades más grandes, como el mismo Katmandú o la turística Pokhara. Aunque en algunos establecimientos tenían generadores eléctricos para mantener el servicio activo cuando se producían los cortes. Pensaréis que me refiero a hospitales… pero nosotros lo vimos en los cyber… qué cosas. Para el nepalí común esos cortes significan, principalmente, que no pueden tener, pongamos por ejemplo, neveras… con lo bien que vienen para mantener la comida fresca. Otra consecuencia es que no hay tampoco televisión. Así que, ¿Cómo se entretienen los nepalíes cuando se va la luz? No se puede ver la tele, ni escuchar música, ni leer… si siquiera pasear, porque tampoco hay alumbrado público… ¿Qué hacen cuando se va la luz?

Hacen hijos.

Estaba más concentrada en el caramelo que en los Annapurnas...

Estaba más concentrada en el caramelo que en los Annapurnas...

No había visto tanto niño pequeño desde que hice la prestación social en la Ludoteca… y entonces tampoco había tantos. Por poner un ejemplo, en la primera aldea en la que dormimos, que no tendría más de 50 casas en el camino principal y no había muchas a la vista ente los campos de arroz del llano, nos contó un tendero con el que hablamos que al colegio local iban 300 niños. Es España hay pueblos el doble de grandes y el número de niños se cuenta por decenas.

Traviesos son un rato

Traviesos son un rato

En las zonas rurales no iban al colegio en esa época, porque todavía tenían vacaciones. La razón, la recogida del arroz, que es en octubre… hay que echar una mano en casa. Pero en Katmandú no era nada raro ver a montones de niños de uniforme (con corbata y todo) camino del colegio. A veces en ordenadas filas de a uno, dirigidos por algún mayor. Otras, en grupos dispersos. Pero a diferencia de España, dónde no se ve un niño solo sin la presencia de un adulto, en Nepal los niños estaban a su aire en la calle. Y eso, teniendo en cuenta que para los habitantes de Nepal el semáforo es una forma simpática de colocar unas luces que, de todas maneras casi nunca funcionan porque no hay luz, es todo un acto de fe.

Niños jugando al billar nepali

Las canicas, ese juego universal

Una asignatura que dan en el colegio, seguro además, es el inglés… porque todos los niños con los que nos cruzábamos lo ponían en práctica. Nos llamaban a gritos y nos decían “Hello”… algunos hasta “How are you?” y cosas así. Algunas madres, a los más tímidos, los animaban a que nos saludaran o nos dijeran su nombre, el famoso “My name is…”. A mí me daban ganas de soltarme y decir lo de “My father is poor and my tylor is rich…”. Lo sorprendente es que algún renacuajo también chapurreaba el español, de hablar con los turistas…

Niños jugando al billar nepali

Niños jugando al billar nepalí

Otra cosa que nos llamó mucho la atención fue ver a los niños jugar a sus juegos. Desde las canicas de toda la vida de dios, con su qua y todo, pasando por la pelota, algo universal, a juegos más elaborados. Vimos uno muy curioso: se juega sobre un tablero con agujeros en las esquinas… muy parecido al billar, sólo que en lugar de bolas, hay fichas de plástico. El sistema es más o menos igual, con una ficha blanca que se “disparaba” como cuando jugábamos a las chapas, teniendo que meter todas las demás por los agujeros… si metían una y en el tiro siguiente no metían otra, la que habían metido primero la volvían a poner en el medio. Si no, se la quedaban. Evidentemente ganaba el que más fichas consiguiera tener.

No habia visto unas manos tan negras en mi vida

No había visto unas manos tan negras en mi vida

Cuando llegamos a zonas menos rurales vimos cómo los críos jugaban además a otro juego más elaborado todavía. Sobre todo porque en el juego había dinero. Y no me refiero al dinero de mentira del Monopoly… no. Dinero contante y sonante. Este juego se parece a la ruleta, pero en lugar de jugar con una bola y números, se juega con 6 dados. En un tapete hay dibujados 6 figuras, una por cada cara del dado. El juego es muy simple, aunque nos lo tuvieron que explicar porque no éramos capaces de sacar la lógica… entre otras cosas porque jugaban condenadamente rápido. Os lo explico. En lugar de figuras imaginemos que son números. Por ejemplo apuesto un euro a que salen al menos dos treses, poniéndolo sobre el tapete encima del tres, y la banca lanza los dados. Si sale ninguno o un único tres en los seis dados, la banca gana. Si salen dos o más treses, gano tantas veces mi apuesta como treses hayan salido (dos treses, dos euros, tres treses tres euros… y así). Evidentemente este juego lo vimos también jugado por adultos. Por cierto, estas timbas son completamente ilegales y desalojaban el corro en un abrir y cerrar de ojos en cuanto veían aparecer un guardia en lontananza.

El autentico grafiti nepali

El autentico grafiti nepalí

En resumen, creo que Nepal tiene un potencial humano tremendo, porque cuando estos niños se hagan adultos, la mayoría será bilingüe y tienen, por lo que pudimos ver, unas ganas enormes de aprender y una curiosidad infinita… por suerte, cuando esto ocurra, habrán arreglado los problemas de electricidad y, seguramente, tendrán televisiones en todas las casas… así que pararán de hacer hijos… o sea, se habrán modernizado como nosotros.

Próxima entrega: Nepal (7) – La hora de la verdad

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Éste artículo es inédito en Internet. Nadie, repito, nadie, ha hablado de éste tema con anterioridad, ya sea por pudor o por educación. Yo carezco de estos dos atributos. Así que pretendo ser un faro que ilumine a los demás caminantes que quieran pasar una temporada en Nepal. Evidentemente no está en la línea de los anteriores artículos, no cuento shocks culturales, ni viajes en autobús. No describo el trekking ni hay fotos de las montañas más altas del planeta. Hablo de baños y de lo que se puede hacer en ellos. Ahí os lo dejo.

La fuente económica principal de Nepal es el turismo. En realidad, la única. Posiblemente haya más gente en Benidorm en el verano que en Nepal durante todo el año, principalmente porque el gusto por la montaña y el trekking es minoritario. Según datos oficiales, el año pasado, sólo 30.000 personas hicieron La vuelta de los Annapurnas. No es mucha gente. Aún así, las instalaciones “hoteleras” se van modernizando poco a poco, con la intención de cuidar al turista occidental. Pero poco a poco. Esto es lo que escribí en mi diario de mi paso por Pisang:

03/10/2008

El agujero

El agujero

Hoy he llevado al extremo el concepto del huevo-ducha. Hasta el momento había sido sólo huevo o sólo ducha, pero no había juntado el proceso. Principalmente porque no había encontrado un baño con ducha. O lo que ellos entienden por baño y por ducha, claro. Para hacerse una idea de lo que significa ir al baño en Nepal sólo hay que imaginarse un agujero en el suelo, añadirle dos soportes para poner los pies (un lujo que no está en todos los sitios y que denota la calidad del establecimiento) y, con suerte, un ventanuco. Y mucha voluntad por parte del interesado. Y ya. Ni papel higiénico, ni posibilidad de leer el prospecto del champú. Sólo una tinaja lleva de agua y un cazo para… bueno, para tirar de la cadena. Es curioso que haya atravesado medio mundo para descubrir en Nepal por qué se llama inodoro a la taza del váter. Por eso… porque es inodoro… vamos, que no huele. Y esa cualidad, la de no oler, no se puede aplicar al baño nepalí. Si tienes suerte, lo han limpiado antes y huele menos… pero eso es una especie de leyenda urbana, porque no hay ningún caso documentado. Además del olor, lo peor es la postura… intentando mantener el equilibrio, sin tocar nada (porque todo está sospechosamente mojado) y con los pantalones remangados…

Y la ducha... un baño completo

Y la ducha... un baño completo

Luego está lo de la ducha. Normalmente consta de una regadera por la que sale el agua, un grifo de agua fría y un grifo de agua fría. A veces hay un tercer grifo que tiene agua fría. Los primeros días, cuando estábamos a menos altitud, ducharse con agua fría era hasta gracioso, algo pintoresco que contar a los amigos, pero ahora, que ya hemos pasado los 3.000 metros de altitud y hace frío en cuanto dejas de andar, lo del agua fría no tiene ni puñetera gracia […]

Llenando los depósitos del tejado

Llenando los depósitos del tejado

Lo he dejado tal cual… más que nada porque tiene la gracia de la espontaneidad del momento. Digamos que usé mi libreta para desahogarme un poco, porque ese día me quedé pajarito y agudicé un resfriado que empecé a incubar en Tal, después de otra ducha de agua fría. No me podía escandalizar, porque en realidad sabía que la higiene corporal durante el trekking estaría difícil. Hay poca información en Internet y la que yo manejaba, de primera mano por un amigo que había estado en abril, no era muy halagüeña… según él, la higiene corporal era más bien inexistente. Así que iba armado con unas toallitas para bebés “por lo que pudiera pasar”.

A esto le llamo yo ahorrar espacio... y tiempo

A esto le llamo yo ahorrar espacio... y tiempo

Lo que pasó es que, hasta el día de aclimatación, me duché todos los días. Unos, con agua fría, otros, con templada. A partir de allí, las condiciones fueron empeorando, a la par que el tiempo, lo que hizo que decidiera usar las toallitas a la espera de un entorno más propicio. En total fueron 4 días sin meterme en la ducha. Los cuatro días más duros, que todo hay que decirlos. Lo bueno es que todos hicimos lo mismo, así que todos apestábamos por igual.

Ya en el hotel de Katmandú nos chocó que no hubiera plato de ducha, ni bañera, ni nada… un sumidero en una esquina y poco más. Y eso que era un hotel, aunque no de los buenos. En los lodges durante la ruta la cosa no mejoró mucho. Lo que se ve en las fotos es una muestra representativa de lo que nos hemos ido encontrado por allí.

Un último ejemplo

Un último ejemplo

Una cosa que me hizo gracia fue que la mayor parte de los lodges tenían como reclamo para el caminante las palabras “Hot shower”, pero sin especificar si era una especie de broma de mal gusto. Para confirmarlo, algunos lodges tenían el letrero “Real hot shower”. En realidad sí que había agua caliente… “solar hot shower”, o sea, un bidón de 500 litros en el tejado, calentándose al sol. Así que el cartel era cierto, si ese día había hecho sol y si eras el primero en ducharte. Porque si eras el segundo… el segundo tenía agua templada y una ducha rápida y, a partir del tercero, barra libre de agua fría. Toda la que quisieras tener para ti solito… directamente del río. Obviamente todo tiene una explicación. La leña es escasa a cierta altura. Además, el gobierno no permite cortar leña por el peligro de deforestación que hay. Así que el combustible que se suele usar es el gas. Y el gas hay que llevarlo a lomos de caballos… así que es caro. Por eso se usa para lo imprescindible, o sea, para cocinar. Y lo de la ducha es completamente secundario.

Por cierto, y por terminar con el tema… a partir de los 4.000 metros, sustituí el huevo-ducha por el frigo-huevo… supongo que no tengo que dar más explicaciones… ¿No?

Próxima entrega: Nepal (6) – ¿Qué hacer cuando se va la luz?

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El glaciar del Gangapurna, desde Manang

El glaciar del Gangapurna, desde Manang

Mi madre tiene una memoria pésima. Bueno, pésima siempre que no sea algo que le haya hecho, que entonces recuerda todos los detalles por insignificantes que estos puedan ser. Aunque eso es una característica común de las madres. Lógicamente cuando les conté a mis padres que me iba de vacaciones a Nepal, a la región de los Annapurnas, no podía saber que a finales de Mayo moriría allí Iñaki Ochoa de Olza, un montañero español, después de varios días de agónica cuenta atrás y con las noticias todo el día dando el parte de salud. Así que mi madre asoció Annapurna a la palabra muerte… y para qué queremos más. Y dio igual que le dijera que nos quedaríamos a 2.000 metros de donde murió Iñaki. “Edema pulmonar” empezó a ser una palabra común en nuestras conversaciones. Y no se le fue de la cabeza. Todavía hoy me pregunta qué es lo que se me perdió a mí por Nepal, habiendo tantas cosas que ver en España… ¿A que no has visto el monasterio de Piedra?

Panografica de los Annapurnas

Panografica de los Annapurnas

Annapurna y pagoda

Annapurna y pagoda

Los Annapurnas no son una montaña. Son seis, que reciben todas el nombre genérico de su pico más alto, el Annapurna, de 8.091 metros de altura. A este le llaman en Annapurna I, y le siguen el II, el III y el IV… luego decidieron que eso de numerar montañas no estaba bien y, a las dos que quedaban, decidieron darles otros nombres, como Gangapurna (porque debe de ser muy sencillo llegar a la cumbre) y Annapurna sur. La más alta es la I y es la que normalmente se suele coronar. Pertenece a los 14 ochomiles, y será el último que Edurne Pasabán escalará para consagrarse como la primera mujer en lograr los 14 ochomiles.

Annapurnas y Manis... otro gran clásico

Annapurnas y Manis... otro gran clásico

Al salir de Lower Pisang (el Villabajo del anuncio), a las siete y media de la mañana, había algo en el ambiente que nos decía que ese día sería espectacular. En realidad lo que hizo espectacular ese día no fue lo que había, sino lo que no había… ni una nube en el cielo. Y tampoco había un camino pedregoso que nos hiciera tropezar y caer. Incluso todo el rato era un plácido llano, una altiplanicie que le llaman. Así que podíamos darnos por completo al vicio de mirar… montañas. Los Annapurnas III y IV, para ser exáctos… y la puntita del primero, que todo hay que decirlo. Y fue sencillamente espectacular. Lo malo es que las fotos no hacen justicia…

La puesta de sol

La puesta de sol

No es de extrañar que invirtiéramos más tiempo del necesario en llegar a Manang… pero es que cada dos por tres había que sacar una foto. Creo que me dio tortícolis. La llegada a Manang fue mirando hacia arriba… menos mal que no había barrancos durante el camino, porque lo más seguro es que alguno de nosotros terminara en el fondo de alguno. Por cierto, la foto en la que salgo sin gafas, que es la que tiene el Annapurna al fondo, todavía no me la han pasado… así que, de momento, tendrá que esperar. Eso sí, en cuanto la tenga, reeditaré este post para añadirla y con ello contentar al clamor popular.

Una instantanea por la tarde

Una instantanea por la tarde

PD.- En realidad toda esta información es sólo de relleno. Hoy, lo importante, son las fotos… especialmente la panografía de los Annapurnas. Es la unión de 17 fotos, con un pequeño grado de transparencia y en diferentes posiciones. Me ha llevado unas cuantas horas realizarlo, pero tiene muy buena pinta. El original tiene un metro y medio de largo y medio metro de alto… y lo colgaré en casa.

Próxima entrega: Nepal (5) – Un post escatológico

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Después de contaros el primer impacto cultual en Katmandú, y el viaje por carretera más típico y pintoresco que he hecho en mi vida, hoy continuo con las aventuras en Nepal.

Un amable lugareño

Un amable lugareño

Cuando nos planteamos hacer el viaje a Nepal teníamos muy claro que una parte importante del mismo estaría dedicado a caminar por la montaña. Uno no se va al país que tiene ocho de las diez montañas más altas del mundo para navegar en barco (porque no tiene mar), o para tomar el sol… o comprar cantidades ingentes de cuencos tibetanos (aunque eso también lo hicimos). A Nepal se va a andar… y si no… dedícate a otra cosa.

Marsyangdi Nadi con toda su furia

Marsyangdi Nadi con toda su furia

No somos nuevos en eso de andar por la montaña. Quizá no hayamos coronado cumbres muy altas en la península… comparadas con las de allí, desde luego que no, pero la rutina de andar la llevamos bien aprendida. Y la rutina de andar comienza siempre muy temprano en la mañana. La hora habitual de levantarse… las seis y media… pero una hora antes ya hay luz. Y lo siguiente es comer un desayuno fuerte… que aporte energías para el resto del día. Y, hala, a andar…

Vistas de Tal, junto al rio

Vistas de Tal, junto al río

Yo dividiría el trekking en dos mitades: hasta el día de aclimatación, y después del día de aclimatación. La primera parte, de lo que va éste capítulo, no difiere mucho de otras rutas hechas en España (salvo por la presencia imponente de varios picos de más de 6.000 metro de altura siempre en la cabecera del valle). Escasos desniveles aunque casi siempre hacia arriba, un camino bien definido junto al torrente impetuoso del río Marsyangdi Nadi, muchas poblaciones entre medias donde comprar agua o comida… incluso la vegetación es parecida. De vez en cuando una caída de agua de más de 100 metros de altura nos recuerda que estamos en Nepal y no en Burgos. Pero por lo demás, no es muy diferente a andar por los Pirineos o por Picos de Europa.

La empresa de transportes local

La empresa de transportes local

El camino no es una pista especial para senderistas. En realidad se trata del camino que los habitantes de la zona usan para comunicar sus aldeas. Y no es un camino apto para vehículos, a pesar de estar en buenas condiciones (para andar), así que toda la mercancía, toda la comida y bebida o las bombonas de gas, hay que llevarla a lomos de algún caballo o de algún serpa. Así que no es raro que cada cierto rato nos crucemos con unos u otros en su incesante transporte de mercancías. Esto hace que el camino sea muy vivo, y que no sólo haya occidentales equipados con lo último para la montaña, sino que hay una gran cantidad de pastores, serpas o arrugadas viejecitas con sandalias de esparto cruzándose continuamente con nosotros. Para todos ellos está reservada la palabra “Namastey” que es como el “Hola, buenos días” pero en su lengua. Según parece ser, significa “Que el dios que llevas dentro te sea propicio”.

A veces el camino pasa por estrechos desfiladeros y profundos barrancos

A veces el camino pasa por estrechos desfiladeros y profundos barrancos

Nuestro guía dividió la ruta en cinco jornadas entre Bhulbhulé y Manang, que es el lugar donde se suele hacer la aclimatación normalmente. Así que teníamos cinco días para recorrer los 70 kilómetros entre las dos poblaciones y pasar de 840 metros sobre el nivel del mar a los 3.540, una altura superior al Mulhacén, y sólo un poco por debajo del Teide. En Manang haríamos una parada y luego seguíamos más arriba… otros 2.000 metros más… aunque no quiero adelantar acontecimientos.

¡Y todavia las hay más altas!

¡Y todavía las hay más altas!

A ver… no voy a tratar de describir todo el itinerario que seguimos, entre otras cosas porque no pretende ser una guía de la ruta ni nada por el estilo (y porque creo que sería un peñazo inleible). Podría deciros que de Bhulbhule llegamos a Ghuermu (un pueblecito acogedor con una caída de agua de más de 200 metros de altura), que luego hicimos noche en Tal (y no es una forma de hablar, es que el pueblo se llama así). La siguiente noche la pasamos en Koto (la pequeña aldea anterior a Chame… que sí tenía conexión a Internet. cuando había luz.) La siguiente noche la pasamos en Pisang (Lower Pisang, y no Upper Pisang… algo así como villarriba y villabajo, pero sin paellera gigante y sin Fairy) y, por último, llegamos a Manang, donde hicimos la aclimatación. Pero es que deciros eso es como no decir nada, entre otras cosas porque esas poblaciones no aparecen en el mapa (en Google Maps, por lo menos no).

Un paisaje hermoso

Un paisaje hermoso

El haber empezado a principios de octubre nos quitó de la gran oleada de turistas de las siguientes semanas. Digamos que nos la jugamos con el Monzón, a cambio de evitar la masificación de sólo unos días después. Aún así había mucha gente y de muchas partes del mundo. Españoles éramos unos 11, había un nutridisimo grupo de Israelíes que nos doblaban en número (y triplicaban en jaleo) y franceses y alemanes, aunque en menor número. Con algunos de ellos hicimos más migas… con otros menos y, en fin, siempre esperábamos que no nos tocaran en el mismo lodge los Isrraelíes… no por nada, pero es que eran ruidosos y dejaban los baños… en fin, con eso de que el agua es un bien preciado en Isrrael no debían de saber lo que era tirar de la cadena (o usar el cepillito). Con todo a mí me hizo tilín una de las isrraelíes… rubia y guapa… pero cuando la primera noche empezaron la cena cantando una canción religiosa cogidos de las manos y uno de sus compañeros (que hablaba español) nos dijo que estaban celebrando el año nuevo judío… pensé que, para intentar intimar con una chica religiosa, tenía otras opciones en España que me obligaran a hablar menos en inglés…

Por unas cosas u otras solíamos ser los últimos en abandonar los lodges. Digamos que nos lo tomábamos con calma. Y luego, durante la ruta, nuestro buen ritmo nos permitía pasar a los demás grupos con cierta facilidad. Especialmente cuando el camino picaba hacia arriba. La experiencia en este caso es un grado y parecíamos ser de los más experimentados del lugar (con notorias excepciones, claro).

Al fondo una recua de caballos cargados de San Miguel

Al fondo una recua de caballos cargados de San Miguel

Tengo que reconocer que yo tenía mis dudas. ¿Habría sido la preparación suficiente, o me había quedado corto? Después del test de Ordesa había intensificado el entrenamiento y, bueno, me sentía bien… pero estamos hablando de los Himalayas… coño, eso son palabras mayores ¿No?. Por mi experiencia en rutas de varios días de marcha sé que el primer día uno siempre está muy fuerte. Serán las ganas o será que no hay ni gota de cansancio… pero el primer día puedes andar durante horas. Luego lo pagas el segundo día, claro… y el tercero, si no recuperas bien. De hecho, el tercer día es la clave de todo. Si llegas al tercer día sin ampollas y sin dolores musculares graves, casi seguro que no tendrás problemas (torceduras excluidas, claro). El tercer día ya llevas kilómetros y cansancio acumulado en el cuerpo, suficientes como para ver la reacción de los músculos. Sentía, además, la responsabilidad añadida de haber arrastrado a Lentillas al viaje, casi obligándola. Y temía que ella sufriera durante las dos semanas de marcha, ya que por motivos de trabajo apenas había podido prepararse un poco. Esa era la incógnita que había que resolver. Bueno… y la de andar en altitud…

El descanso de los pies

El descanso de los pies

Solíamos andar tres horas, más o menos, antes de parar a comer en algún lodge a lo largo de la ruta. Ya hablaré de las comidas nepalesas y sus características en más profundidad, pero os adelanto que esas paradas eran lo suficientemente largas como para recuperar completamente. Después otro par de horas más hasta el lugar donde pasar la noche. Y ya está. Esto nos dejaba la mayor parte del día libre para descansar las piernas… normalmente andando más (que si ese templo de allí tiene buena pinta… que si a ver dónde lleva ese camino, etc). Sinceramente, nosotros estamos acostumbrados a algo más de esfuerzo.

Claro que ese ritmo estaba pensado para no quemarnos antes de llegar a las estapas en altitud… las que de verdad exigían más esfuerzo… pero eso lo contaré en otro capítulo.

Próxima entrega: Nepal (4) – Los Annapurnas.

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Siguiendo con la anterior entrega, Nepal (1) – Katmandú, continuo con las aventuras en Nepal.

Que necesitábamos un guía fue algo que se demostró muy temprano por la mañana. Madah apareció en el hotel puntual y nos arrastró a dos minúsculos taxis (del tamaño de un R5 de los de antes) donde nos acercaríamos a la estación de autobuses. En los taxis viajaríamos, además de nosotros cuatro, los dos serpas y el guía, los dos conductores y las diez mochilas… una prueba digna del “Qué apostamos”. Conseguimos superar la prueba, aunque no sin esfuerzo. Y casi sin darnos cuenta estábamos otra vez inmersos en la vorágine caótica del tráfico mañanero. Eran las seis y media de la mañana.

En nuestro deambular del día anterior habíamos visitado Thamel con sus tiendas de artesanía y las calles situadas al sur entre Thamel y la plaza Durbar. Y las calles situadas todavía más al sur de la propia plaza Durbar hasta una carretera más gorda y llena de coches que no nos atrevimos a cruzar. Aún así, y aunque creíamos lo contrario, apenas habíamos salido de la parte de Katmandú más benigna para el turista. Lo que contemplamos desde las ventanillas del taxi era aún más típico y pintoresco.

No hay dinero para zapatos, pero si para un móvil

No hay dinero para zapatos, pero sí para un móvil

Esa parte de la ciudad era más sucia y maloliente que lo que habíamos visto. El barro producto de la lluvia torrencial de la noche no ayudaba demasiado a mejorar el aspecto general de las calles. Los montones de basura tampoco, aunque lo de las vacas o los perros comiendo de ellos ponían una guinda pintoresca a la estampa. Aún así, la gente parecía ignorar todo aquello y preparaban sus chiringuitos ambulantes de comida, los puestos de venta de carne o disponía los montones de ropa occidental en sábanas en el suelo. Los niños de uniforme se dirigían al colegio y se veía a más de un serpa con su pesado fardo a la espalda. Podíamos decir que Katmandú se preparaba para el ajetreo de un día normal.

En un determinado momento los taxis se detuvieron en una cuneta y nos bajamos. Habíamos llegado a la estación de autobuses. La única diferencia entre la estación de autobuses y los montones de basura que habíamos dejado atrás era que, nuestro montón de basura, también tenía tres furgonetas aparcadas y muchas personas apelotonadas a su alrededor. Ese sería nuestro transporte hasta Besi Sahar, por así decirlo.

Dicen que donde viajan 15 entran perfectamente 25, apretujándose todos un poco. Si además viaja alguien en el techo de la furgoneta, ese dicho es aún más cierto. En nuestro caso ese que viajaba en el techo era un niño, el cual supongo que se agarraba a nuestras mochilas. Aquello nos hizo gracia… lo del niño en el techo, lo de ir apretujados… incluso la música del radiocasete. Pero la gracia duró una media hora, más o menos. El resto del viaje, las siguientes seis horas, fueron muy duras: envidiamos a la clase turista de los aviones… al menos ellos tienen más espacio.

Nuestro bus

Nuestro bus

Las carreteras en Nepal no están muy bien. De hecho, las dos que tienen, están fatal. Y de las dos que hay (que lo mismo son tres), nosotros cogimos la más transitada: la que va desde Katmandú a Pokhara. Esta carretera discurre por una serie de profundos valles y sus correspondientes ríos de aguas turbulentas, colinas repletas de bancales de arroz y pequeñas poblaciones agrícolas. En un alarde de originalidad, la denominan “Prithvi Highway”, demostrando que no tienen muy claro lo que es una autopista. Pero desde luego que el viaje por esta autopista es muy interesante… entre otras cosas (pero no fundamentalmente) porque las vistas que se disfrutan de los valles son impresionantes. Los ríos se meten en el fondo de profundos barrancos… barrancos junto a los que discurre la carretera, estrecha y bacheada, muchos metros más arriba. En ocasiones hay puentes de hierro (en apariencia sólidos) que atraviesan esos barrancos y se cambian de margen del río. La palabra “barranco” cobra una importancia capital, sobre todo teniendo en cuenta que los conductores de camiones, de furgonetas repletas hasta el techo de viajeros o los propios autobuses, motocicletas o coches particulares tienden a circular con los mismo hábitos que apreciamos en Katmandú… esto es, a toda velocidad y por donde les da la gana. De hecho lo que hace realmente interesante la Prithvi Highway es que no sabes en qué momento te va a sorprender la muerte. Me explico:

El transporte tipico

El transporte típico

Imaginemos que delante de nuestro vehículo (recordad, una furgoneta cargada hasta los topes) hay un camión enorme subiendo como puede por la empinada carretera. A lo mejor va dos kilómetros por hora más despacio. Es inaceptable y el conductor de la furgoneta (en la que vamos) decide adelantar. Para ello invade el carril contrario mientras le da al claxon como si en ello le fuera la vida. En realidad en ello le va la vida, porque en el carril contrario seguramente vendrá un vehículo, y al escuchar esos pitidos lo más seguro es que ande alerta. El sistema funciona… porque prueba de ello es que estoy aquí. Pero acojona un huevo.

Cualquier lugar es bueno para vender manzanas

Cualquier lugar es bueno para vender manzanas

A veces un camión se estropea en mitad de una cuesta y la marcha se para. Y en ese momento aparecen de la nada decenas de vendedores ambulantes: bananas, manzanas, botellas de agua (con o sin precinto), bolsas de patatas fritas o scnacks locales (muy picantes)… cualquier cosa es ofrecida por las ventanillas. Y, misteriosamente, en el momento en que la marcha se reanuda, desaparecen sin dejar rastro…

Otra curiosidad de las carreteras Nepalesas es la decoración de sus vehículos. Los camiones llevan cintas de colores atadas a los radiadores o las ruedas, a veces hasta el punto de que es difícil ver por el parabrisas; o pinturas de lo más variopintas adornando la caja, encima de los faros algunos llevan pintados unos ojos, o lemas como “Speed limit” en los parachoques. Ver una caravana de camiones circulando por la carretera recuerda al circo cuando llega a la ciudad. Y como el claxon es tan importante para ellos (su vida depende de ello), lo personalizan con sus propias melodías, por lo que estar en un atasco es como un día de feria… en cada momento uno espera escuchar cosas como “Que alegría, que alboroto… otro perrito piloto”.

Para que luego digan del transporte público de España

Para que luego digan del transporte público de España

Después de una parada para estirar las piernas, llegamos a Dumre, una encrucijada de caminos y un crisol de culturas del que ya hablaré más adelante, giramos a la derecha y nos encaminamos hacia Besi Sahar, lugar donde alquilaríamos un Jeep para intentar acercarnos la máximo posible al lugar teórico de inicio de la ruta. Besi Sahar estaba repleta de turistas, grupos y más grupos de montañeros esperando para lo mismo que nosostros… un transporte. Chewan, nuestro guía, estuvo vivo y nos consiguió plazas de lujo en un destartalado Jeep… de lujo por ser al lado del conductor (y poder dejar constancia gráfica del viaje), pero donde se botaba igual o más que en el resto del vehículo. Esos últimos 9 kilómetros fueron la mar de divertidos.

El Jeep nos llevó hasta un pequeño pueblecito llamado Bhulbhule, colgado sobre el río Marsyangdi Nadi, el que sería nuestro inseparable compañero de viaje durante los próximos días, y al que se llegaba pasando por un espectacular puente colgante. Allí pasaríamos la primera noche en un lodge.

El puente colgante de Bhulbhule

El puente colgante de Bhulbhule

Antes de acostarme, mantuve una charla con Lentillas. La verdad es que aunque el día había sido excitante, había algo que me rondaba en la cabeza, y tenía cierto regusto amargo. La intención para después del trekking era ver el país por nuestra cuenta… pero si las estaciones de autobuses eran como las habíamos visto, y era la única posibilidad para moverse por Nepal, estando cargados con dos enormes petates por cabeza como estábamos… las probabilidades de que saliera bien eran más bien remotas. Casi me estaba inclinando por dejarnos llevar por la agencia de Madah a hacer un tour por la selva… como un vulgar turista. De todas maneras decidimos retrasar la decisión hasta el último momento.

Una araña grande como puño

Una araña grande como puño

Debería contaros algo acerca de las arañas grandes como puños y peludas como cosas que sean peludas que había un poco por todas partes… pero sólo acordarme de ellas me da repelús. Así que no os diré nada.

Próxima entrega: Nepal (3) – Trekking.

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El primer vistazo de los Himalayas

El primer vistazo de los Himalayas

Viajar en avión tiene un efecto de compartimiento estanco. Uno se sube al avión en Barajas, con un día nublado propio del otoño y, tras un montón de horas con una temperatura estable, unas azafatas solícitas dando comida cada poco tiempo y una televisión para ti solo, en la que ver películas en inglés con subtítulos en chino, jugar al Tetris o montarte tu propia recopilación de grandes éxitos de todos los tiempos con los que amenizarte las horas, se baja en Nepal con un calor tropical pegajoso. Pero entre medias no ha habido transición. Ni siquiera se aprecia la transformación del paisaje.

Sr K Bajando del avión en Katmandú

Menuda pinta de aventurero tengo

Bien pensado, lo del paisaje o la temperatura es lo de menos. Lo realmente importante es la cultura. Y la cultura Nepalí, como la de la mayor parte de Asia, es completamente diferente a la nuestra. El choque cultural es brutal.

Desde España, a través de Internet, habíamos contactado con una agencia especializada en montaña. Una agencia local, sin intermediarios y a precios locales. Nuestro hombre de contacto era un tal Madah y había insistido en ir a recogernos al aeropuerto. La verdad es que nos habíamos olvidado de él hasta que vimos a un hombre, pequeño y moreno, con un cartel escrito a mano con el nombre de Herrero, esperando en la calle. Nos llevó hasta su furgoneta y se metió en la vorágine del tráfico de Katmandú, con nosotros dentro.

Thamel, Katmandú, Nepal

Thamel, Katmandú, Nepal

Para un occidental, para un occidental tranquilo como es mi caso, el tráfico de Katmandú sólo podría tener un adjetivo: caótico. La línea divisoria, cuando la hay, no es más que un adorno. En una calle, por estrecha que esta sea, entran tantos coches, motos, bicicletas o viandantes como físicamente sea posible, sin chocar, en la mayoría de los casos. Cualquier vehículo circula indistintamente por cualquier lado de la calle, y todos parecen tener una prisa enorme, ya que se adelantan sin cesar unos a otros. Eso sí, son muy educados y se avisan del adelantamiento (o cualquier otra maniobra) mediante el claxon… sin importar la hora del día o de la noche. Hay guardias urbanos, como es natural, pero que más que ayudar, aparentemente añaden un poco más de caos y ruido. Desordenan el tráfico dando indicaciones con el silbato “a quien se sienta aludido”… así que todo es un poco confuso.

El basurero tipico, Katmandú, Nepal

El basurero típico, Katmandú, Nepal

Las motos campean a sus anchas, con un número de ocupantes que varía entre uno y cuatro, luchando en un hábitat donde no escasean las bicicletas o los ritsows turísticos. Pero la inmensa mayoría son peatones. Hay gente por todas partes. Sentadas en las numerosas tiendas, en las escaleras de los templos, en la acera (cuando la hay)… pero, sobre todo, caminando por la calle, en un incesante ir y venir. Se ven niños con uniforme del colegio, serpas con fardos enormes a la espalda, mujeres vestidas con impolutos saris sorprendentemente blancos o de otros colores, policías con palos, hombres con mascarilla, con sandalias o descalzos, cogidos de la mano… podríamos decir que Katmandú rebosa vida, cuando lo que cabría esperar sería encontrar personas atropelladas cada dos por tres.

Una calle cercana a la plaza Durbar, Katmandú, Nepal

Una calle cercana a la plaza Durbar, Katmandú, Nepal

Nuestro Hotel estaba situado en Thamel, un populoso barrio en pleno centro de Katmandú, especializado en la atención al occidental. Nuestra llegada coincidió, además, con la fiesta del turista, lo que añadió cierto colorido al recorrido por las atestadas calles. De haber llegado en el primer vuelo de la mañana, el hotel no shabría salido gratis. Nuestro anfitrión, Madah, nos dejó en el hotel y se despidió de nosotros hasta el día siguiente por la mañana, cuando nos recogería para ir a su oficina y ultimar algunos detalles del trekking. Tardamos el tiempo justo de dejar las mochilas en la habitación y salir pitando para la calle… a tomar el pulso a la noche Nepalí.

Thamel es un pequeño laberinto de calles estrechas atestadas de tiendas de artesanía típica, agencias de viajes, restaurantes de comida Nepalí, Mexicana o italiana (a veces todo junto), pastelerías alemanas, agencias de cambio de moneda y cybercafés. La fauna típica es el turista, que se suele mover en grupos, para defenderse del acoso de los vendedores de bálsamo de tigre, cerámica tradicional o cuencos tibetanos. Y también hachis (Jesús), marihuana y cosas un poco más fuertes. Y el acoso puede ser muy agobiante, sobre todo si no se está acostumbrado a tener que decir unas cien veces que no, que no quieres el bálsamo de tigre, que muchas gracias, de verdad, pero que no. Y nosotros no estábamos muy acostumbrados.

Pescaderia tipica, Katmandú, Nepal

Pescadería típica, Katmandú, Nepal

Por la mañana Katmandú no mejoró mucho su aspecto con la nueva luz. Después de arreglar los papeles del permiso de entrada al Parque de los Annapurnas, salimos de Thamel y dejamos vagar nuestros pasos a donde nos quisieran llevar, pero siempre intentando huir del Katmandú para turistas. Digamos que hay una cantidad máxima de bálsamo de tigre que uno es capaz de rechazar en un día.

Carniceria tipica, Katmandú, Nepal

Carnicería típica, Katmandú, Nepal

La impresión que me dio fue que Katmandú es un enorme bazar de todo a cien (rupias). Prácticamente cada casa tiene un comercio en sus bajos. Pero eso sí, una vez fuera de la zona turística, las tiendas de alfombras, de pañuelos de pasmina, de cuencos tibetanos y objetos de latón, se fueron transformando poco a poco en tiendas de chandals falsificados, pinzas de plástico para colgar la ropa o esmaltes de uñas. Y, claro, pescaderías, carnicerías y fruterías. Está bien… y tiendas de electrónica, y telefonía móvil. Es como si los productos típicos que nos pretendían vender no fueran con ellos… y se chiflaran por objetos más “occidentales”.

Katmandú, ese enorme bazar de todo a 100 (rupias)

Katmandú, ese enorme bazar de todo a 100 (rupias)

En general hay calles que están asfaltadas y calles de tierra. Y calles que una vez, en un pasado remoto, parecieron tener asfalto. Casi todas bacheadas, algunas con grandes socavones, aunque eso no evita que los coches y otros vehículos circulen a una velocidad endiablada. Los postes de la luz se agolpan en algunas zonas, y la maraña de cabes eléctricos asemeja al follaje de un bosque descuidado. A veces aparece un pequeño templo aquí o allá, y de vez en cuando, al final de un callejón oscuro, hay una plaza con una enorme pagoda circular llena de banderitas de colores (que luego resultaron ser plegarias) y niños jugando con cometas. Todo tiene un aspecto bastante descuidado. Incluso la famosa plaza Durbar, junto al palacio Real, está sucia y dejada. Los templos escalonados parecen necesitar algún arreglo que otro. Quizá por eso las autoridades cobran 200 rupias (2€) para entrar a verla y hasta hacen un carné, como el del video club, para poder verla más veces por el mismo precio.

Una pagoda sagrada repleta de plegarias

Una pagoda sagrada repleta de plegarias

Los últimos coletazos del monzón nos pillaron en la calle. Sorprendentemente, al caer las primeras gotas, todos los puestos ambulantes y toda la gente que antes pululaba (o simplemente estaba sentanda ociosa) desapareció de la vista en un abrir y cerrar de ojos. Para refugiarnos de los enormes goterones, seguimos las recomendaciones de unos chavales y nos metimos en un local donde daban comidas (no me atrevo a llamarlo restaurante) pequeño y oscuro. Y es ahí donde probamos la gastronomía local. El menú consistió en una sopa (picante) de primero y arroz con carne y salsa (más picante todavía) de segundo. Todo muy típico y pintoresco. Y barato. Fue una comida romántica a la luz de las velas… pese a ser todavía de día. Aunque el motivo lo descubrimos algunos días más tarde.

Madah nos esperaba a las 7 de la tarde en el Hotel. Venía con Chewan, el que sería nuestro guía durante las dos semanas siguientes, y los sherpas que llevarían nuestras (pesadas) mochilas. Nos traía, además, los sacos de dormir de pluma que utilizaríamos en las duras condiciones climáticas que estaban por venir. Y tenía dos noticias, una mala y otra peor. La mala era que no había conseguido billetes de autobús para el día siguiente, así que había que madrugar un poco más por la mañana para conseguirlos en la “propia estación de autobuses”. La peor era que las últimas lluvias habían destruido la carretera por la que tenía que pasar el jeep que nos llevaría al inicio de la ruta, por lo que había que añadir un día más de marcha… eso implicaba añadir un día más de gastos. Y, ya puestos, teníamos que abonar el precio acordado en ese momento. Podíamos pagar en dólares, euros o rupias, pero había que pagarlo entero, más el día adicional. Y lo pagamos.

Y nos fuimos a la cama con la sensación de que si Madah quería, podía desaparecer con nuestro dinero sin dejar rastro y no teníamos nada con qué reclamarlo.

Próxima entrega: Nepal (2) – Donde viajan 15…

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No, no estoy conectado, ni nada por el estilo. Este es un post programado. Si todo va bien, cuando leas esto, estaré en Manang, o llegando. Dispuesto a tomarme un descanso de 24 horas, de aclimatación a la altura. No lo sé. El caso es que el viernes, cuando Escocés propuso el tema, me puse a escribir en la hora de la comida… y salió esto. Está sin corregir por los amigos del foro, pero creo que la idea se entiende. Si no… bueno, ya lo arreglaré cuando vuelva. Saludos…

Sobrevolamos en estos momentos en helicóptero el cementerio estatal, donde una gran muchedumbre se agolpa a las puertas… desde el aire podemos decir que son miles de personas las que se han congregado y muchas más avanzan por las calles aledañas al recinto. El caos es enorme ya que han cortado las carreteras… y ningún vehículo puede avanzar… es una inmensa marea humana la que intenta acceder al camposanto, donde parece que no entra más gente … de momento no sabemos que es lo que reivindican o por qué protestan… pasamos la conexión a la unidad móvil terrestre. Martin… Cuéntanos…

Aquí Martin, para la BNN, informando en directo desde la puerta del cementerio estatal… la inmensa multitud que se agolpa mantiene un respetuoso silencio. Muchos portan velas encendidas y crespones negros en señal de luto. Vamos a intentar saber qué es lo que está pasando… es complicado acercarse… disculpe señor… ¿Qué es lo que hacen aquí?… ¿oiga?… no parece querer responder… Señora, por favor… ¿qué es lo que está pasando en el cementerio? Señora… dígame… esto es desconcertante, nadie quiere responder… devolvemos la conexión a la unidad móvil aérea… Richard… ¿Qué ves desde el aire?

El epicentro de la manifestación parece estar situado en uno de los laterales del cementerio… sí… la gente se agolpa alrededor de… es espectacular… hay un objeto en el suelo… parece… y la gente mantiene una distancia alrededor… sí… hay un círculo de gente alrededor… parece una lápida… sí. Es una lápida… parece que Martin se ha podido acercar hasta el mismísimo epicentro del gentío…

Estamos justo en medio de la multitud. En mitad de un amplio círculo hay una pequeña lápida, de mármol blanco… y todos están mirándola. Algunos lloran pero la mayoría guarda un sepulcral silencio… desde aquí se puede leer lo que pone la lápida.

Viví Intentando hacer feliz a todos cuantos pude. Espero que alguien se acuerde de mí.

Creo que todos los que están aquí son personas que éste hombre… creemos que ha hecho feliz a mucha gente… devolvemos la conexión a los estudios centrales…

Hay más y mejores relatos en las casas de los compañeros del Club:
Bloody
Carmen
Cástor Olcoz
Crariza
Elefantefor
Escocés
Janpuerta
Karmen-JT
Un Español más
Xarbet

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