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Archive for 29/10/08

Éste artículo es inédito en Internet. Nadie, repito, nadie, ha hablado de éste tema con anterioridad, ya sea por pudor o por educación. Yo carezco de estos dos atributos. Así que pretendo ser un faro que ilumine a los demás caminantes que quieran pasar una temporada en Nepal. Evidentemente no está en la línea de los anteriores artículos, no cuento shocks culturales, ni viajes en autobús. No describo el trekking ni hay fotos de las montañas más altas del planeta. Hablo de baños y de lo que se puede hacer en ellos. Ahí os lo dejo.

La fuente económica principal de Nepal es el turismo. En realidad, la única. Posiblemente haya más gente en Benidorm en el verano que en Nepal durante todo el año, principalmente porque el gusto por la montaña y el trekking es minoritario. Según datos oficiales, el año pasado, sólo 30.000 personas hicieron La vuelta de los Annapurnas. No es mucha gente. Aún así, las instalaciones “hoteleras” se van modernizando poco a poco, con la intención de cuidar al turista occidental. Pero poco a poco. Esto es lo que escribí en mi diario de mi paso por Pisang:

03/10/2008

El agujero

El agujero

Hoy he llevado al extremo el concepto del huevo-ducha. Hasta el momento había sido sólo huevo o sólo ducha, pero no había juntado el proceso. Principalmente porque no había encontrado un baño con ducha. O lo que ellos entienden por baño y por ducha, claro. Para hacerse una idea de lo que significa ir al baño en Nepal sólo hay que imaginarse un agujero en el suelo, añadirle dos soportes para poner los pies (un lujo que no está en todos los sitios y que denota la calidad del establecimiento) y, con suerte, un ventanuco. Y mucha voluntad por parte del interesado. Y ya. Ni papel higiénico, ni posibilidad de leer el prospecto del champú. Sólo una tinaja lleva de agua y un cazo para… bueno, para tirar de la cadena. Es curioso que haya atravesado medio mundo para descubrir en Nepal por qué se llama inodoro a la taza del váter. Por eso… porque es inodoro… vamos, que no huele. Y esa cualidad, la de no oler, no se puede aplicar al baño nepalí. Si tienes suerte, lo han limpiado antes y huele menos… pero eso es una especie de leyenda urbana, porque no hay ningún caso documentado. Además del olor, lo peor es la postura… intentando mantener el equilibrio, sin tocar nada (porque todo está sospechosamente mojado) y con los pantalones remangados…

Y la ducha... un baño completo

Y la ducha... un baño completo

Luego está lo de la ducha. Normalmente consta de una regadera por la que sale el agua, un grifo de agua fría y un grifo de agua fría. A veces hay un tercer grifo que tiene agua fría. Los primeros días, cuando estábamos a menos altitud, ducharse con agua fría era hasta gracioso, algo pintoresco que contar a los amigos, pero ahora, que ya hemos pasado los 3.000 metros de altitud y hace frío en cuanto dejas de andar, lo del agua fría no tiene ni puñetera gracia […]

Llenando los depósitos del tejado

Llenando los depósitos del tejado

Lo he dejado tal cual… más que nada porque tiene la gracia de la espontaneidad del momento. Digamos que usé mi libreta para desahogarme un poco, porque ese día me quedé pajarito y agudicé un resfriado que empecé a incubar en Tal, después de otra ducha de agua fría. No me podía escandalizar, porque en realidad sabía que la higiene corporal durante el trekking estaría difícil. Hay poca información en Internet y la que yo manejaba, de primera mano por un amigo que había estado en abril, no era muy halagüeña… según él, la higiene corporal era más bien inexistente. Así que iba armado con unas toallitas para bebés “por lo que pudiera pasar”.

A esto le llamo yo ahorrar espacio... y tiempo

A esto le llamo yo ahorrar espacio... y tiempo

Lo que pasó es que, hasta el día de aclimatación, me duché todos los días. Unos, con agua fría, otros, con templada. A partir de allí, las condiciones fueron empeorando, a la par que el tiempo, lo que hizo que decidiera usar las toallitas a la espera de un entorno más propicio. En total fueron 4 días sin meterme en la ducha. Los cuatro días más duros, que todo hay que decirlos. Lo bueno es que todos hicimos lo mismo, así que todos apestábamos por igual.

Ya en el hotel de Katmandú nos chocó que no hubiera plato de ducha, ni bañera, ni nada… un sumidero en una esquina y poco más. Y eso que era un hotel, aunque no de los buenos. En los lodges durante la ruta la cosa no mejoró mucho. Lo que se ve en las fotos es una muestra representativa de lo que nos hemos ido encontrado por allí.

Un último ejemplo

Un último ejemplo

Una cosa que me hizo gracia fue que la mayor parte de los lodges tenían como reclamo para el caminante las palabras “Hot shower”, pero sin especificar si era una especie de broma de mal gusto. Para confirmarlo, algunos lodges tenían el letrero “Real hot shower”. En realidad sí que había agua caliente… “solar hot shower”, o sea, un bidón de 500 litros en el tejado, calentándose al sol. Así que el cartel era cierto, si ese día había hecho sol y si eras el primero en ducharte. Porque si eras el segundo… el segundo tenía agua templada y una ducha rápida y, a partir del tercero, barra libre de agua fría. Toda la que quisieras tener para ti solito… directamente del río. Obviamente todo tiene una explicación. La leña es escasa a cierta altura. Además, el gobierno no permite cortar leña por el peligro de deforestación que hay. Así que el combustible que se suele usar es el gas. Y el gas hay que llevarlo a lomos de caballos… así que es caro. Por eso se usa para lo imprescindible, o sea, para cocinar. Y lo de la ducha es completamente secundario.

Por cierto, y por terminar con el tema… a partir de los 4.000 metros, sustituí el huevo-ducha por el frigo-huevo… supongo que no tengo que dar más explicaciones… ¿No?

Próxima entrega: Nepal (6) – ¿Qué hacer cuando se va la luz?

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