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Archive for 31/10/08

Llegamos a Katmandú un sábado por la tarde, hora local. Como ya he contado, aquello nos pareció que era una locura de tráfico y de gente. Sobre todo de tráfico. Al día siguiente, domingo, paseando por las calles nos pareció que la cosa estaba mucho más tranquila. Infinitamente más tranquila. En nuestra ignorancia lo achacamos a que era domingo y que, claro, los domingos no se trabaja… ni se mueve el coche. Pero esa no era la razón. La razón por la que el domingo no vimos tantos coches ni tanto ajetreo de personas fue porque montaron una huelga general en Nepal. No me interpretéis, mal, no es que los nepalíes protestaran por nuestra llegada, todo lo contrario… nos recibieron con flores en el cuello. El motivo de la huelga general fue la protesta por los continuos cortes de luz.

Por cierto, además de la falta de movimiento por las calles durante el domingo, la huelga general nos afectó directamente de otra manera: la estación de autobuses (de turistas) no emitió billetes, y esa fue la razón por la que nos vimos obligados a coger aquella especie de lata de sardinas con ruedas. Para que luego no digan que no nos integramos con las costumbres locales.

Por lo que pude averiguar, el sistema eléctrico de Nepal es muy deficiente. Apenas tienen centrales eléctricas y el suministro no les puede llegar a todos a la vez. Por eso han montado un sistema de cortes controlados por zonas. O sea, ellos saben a qué hora les toca la luz en su zona, y esperan pacientemente a que esta llegue para enchufar lo que quiera que necesiten enchufar. Por eso en Manang, por ejemplo, ponía que la conexión a Internet empezaba a las 5 de la tarde (cuando era posible), porque a esa hora les tocaba el suministro de energía en la zona (cuando era posible).

Era curioso ver, sobre todo cuando no sabíamos esto, cómo en el lodge de turno donde dormíamos durante el trekking, la gente esperaba pacientemente sentada a oscuras a que llegara la luz, e iniciaban una frenética actividad (que consistía básicamente en hacernos la cena) hasta que se volvía a ir.

Hay que ayudar en casa

Hay que ayudar en casa

Estos cortes de luz afectaban tanto a las aldeas pequeñas que atravesábamos durante la ruta, como a ciudades más grandes, como el mismo Katmandú o la turística Pokhara. Aunque en algunos establecimientos tenían generadores eléctricos para mantener el servicio activo cuando se producían los cortes. Pensaréis que me refiero a hospitales… pero nosotros lo vimos en los cyber… qué cosas. Para el nepalí común esos cortes significan, principalmente, que no pueden tener, pongamos por ejemplo, neveras… con lo bien que vienen para mantener la comida fresca. Otra consecuencia es que no hay tampoco televisión. Así que, ¿Cómo se entretienen los nepalíes cuando se va la luz? No se puede ver la tele, ni escuchar música, ni leer… si siquiera pasear, porque tampoco hay alumbrado público… ¿Qué hacen cuando se va la luz?

Hacen hijos.

Estaba más concentrada en el caramelo que en los Annapurnas...

Estaba más concentrada en el caramelo que en los Annapurnas...

No había visto tanto niño pequeño desde que hice la prestación social en la Ludoteca… y entonces tampoco había tantos. Por poner un ejemplo, en la primera aldea en la que dormimos, que no tendría más de 50 casas en el camino principal y no había muchas a la vista ente los campos de arroz del llano, nos contó un tendero con el que hablamos que al colegio local iban 300 niños. Es España hay pueblos el doble de grandes y el número de niños se cuenta por decenas.

Traviesos son un rato

Traviesos son un rato

En las zonas rurales no iban al colegio en esa época, porque todavía tenían vacaciones. La razón, la recogida del arroz, que es en octubre… hay que echar una mano en casa. Pero en Katmandú no era nada raro ver a montones de niños de uniforme (con corbata y todo) camino del colegio. A veces en ordenadas filas de a uno, dirigidos por algún mayor. Otras, en grupos dispersos. Pero a diferencia de España, dónde no se ve un niño solo sin la presencia de un adulto, en Nepal los niños estaban a su aire en la calle. Y eso, teniendo en cuenta que para los habitantes de Nepal el semáforo es una forma simpática de colocar unas luces que, de todas maneras casi nunca funcionan porque no hay luz, es todo un acto de fe.

Niños jugando al billar nepali

Las canicas, ese juego universal

Una asignatura que dan en el colegio, seguro además, es el inglés… porque todos los niños con los que nos cruzábamos lo ponían en práctica. Nos llamaban a gritos y nos decían “Hello”… algunos hasta “How are you?” y cosas así. Algunas madres, a los más tímidos, los animaban a que nos saludaran o nos dijeran su nombre, el famoso “My name is…”. A mí me daban ganas de soltarme y decir lo de “My father is poor and my tylor is rich…”. Lo sorprendente es que algún renacuajo también chapurreaba el español, de hablar con los turistas…

Niños jugando al billar nepali

Niños jugando al billar nepalí

Otra cosa que nos llamó mucho la atención fue ver a los niños jugar a sus juegos. Desde las canicas de toda la vida de dios, con su qua y todo, pasando por la pelota, algo universal, a juegos más elaborados. Vimos uno muy curioso: se juega sobre un tablero con agujeros en las esquinas… muy parecido al billar, sólo que en lugar de bolas, hay fichas de plástico. El sistema es más o menos igual, con una ficha blanca que se “disparaba” como cuando jugábamos a las chapas, teniendo que meter todas las demás por los agujeros… si metían una y en el tiro siguiente no metían otra, la que habían metido primero la volvían a poner en el medio. Si no, se la quedaban. Evidentemente ganaba el que más fichas consiguiera tener.

No habia visto unas manos tan negras en mi vida

No había visto unas manos tan negras en mi vida

Cuando llegamos a zonas menos rurales vimos cómo los críos jugaban además a otro juego más elaborado todavía. Sobre todo porque en el juego había dinero. Y no me refiero al dinero de mentira del Monopoly… no. Dinero contante y sonante. Este juego se parece a la ruleta, pero en lugar de jugar con una bola y números, se juega con 6 dados. En un tapete hay dibujados 6 figuras, una por cada cara del dado. El juego es muy simple, aunque nos lo tuvieron que explicar porque no éramos capaces de sacar la lógica… entre otras cosas porque jugaban condenadamente rápido. Os lo explico. En lugar de figuras imaginemos que son números. Por ejemplo apuesto un euro a que salen al menos dos treses, poniéndolo sobre el tapete encima del tres, y la banca lanza los dados. Si sale ninguno o un único tres en los seis dados, la banca gana. Si salen dos o más treses, gano tantas veces mi apuesta como treses hayan salido (dos treses, dos euros, tres treses tres euros… y así). Evidentemente este juego lo vimos también jugado por adultos. Por cierto, estas timbas son completamente ilegales y desalojaban el corro en un abrir y cerrar de ojos en cuanto veían aparecer un guardia en lontananza.

El autentico grafiti nepali

El autentico grafiti nepalí

En resumen, creo que Nepal tiene un potencial humano tremendo, porque cuando estos niños se hagan adultos, la mayoría será bilingüe y tienen, por lo que pudimos ver, unas ganas enormes de aprender y una curiosidad infinita… por suerte, cuando esto ocurra, habrán arreglado los problemas de electricidad y, seguramente, tendrán televisiones en todas las casas… así que pararán de hacer hijos… o sea, se habrán modernizado como nosotros.

Próxima entrega: Nepal (7) – La hora de la verdad

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