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Archive for 24 abril 2009

No sabría decir por qué, pero siempre he pensado que me casaría. Supongo que es porque es algo que hace casi todo el mundo, y en el fondo soy un mono (calvo) mojado. Vamos a ver… no es que me haya imaginado mi boda ni nada por el estilo. No gasto mi tiempo es esas cosas… más que nada porque depende mucho de con quien pretenda hacerlo y todos sabemos que “ellas” tienen mucho peso a la hora de decidir el tipo de boda.

Nunca os he hablado de mi hermano mediano. Físicamente es delgado, rubio y tiene los ojos azules de mi madre. Es un tipo inteligente, no en vano se ha sacado dos carreras (la de ingeniería de él y la de arquitectura técnica de su novia), voluntarioso y muy trabajador. No lo digo por que sea mi hermano, pero es un gran tipo. Eso sí, tiene sus defectos. Por ejemplo, no tiene ninguna habilidad artística y es muy cuadriculado. Y siempre fue el más tímido de los tres, aunque poco a poco ha ido superando eso. Pero, sobre todo, es un poco “pijo”. No me malinterpretéis… con pijo quiero decir que, si tiene que comprar algo, irá automáticamente a comprarse lo más caro. Porque, para él, lo caro es mejor.

Cuando me vino a recoger al aeropuerto, a la vuelta de Nepal, me soltó la gran noticia: Se casaba. Y cuando me lo dijo, me imaginé el típico bodorrio de cientos de invitados, mesas de diez con centro de flores, cigarrillos para ellas, puros para ellos, mesa de los padrinos, amigos chillones al fondo, espada toledana para la tarta y cámara grabando a los invitados con la boca llena. Y el “quesebeeeesen, quesebeeeesen”. Eso sí, de lo bueno lo mejor y de lo mejor lo superior.

La boda fue la semana pasada.

Mi madre me estuvo dando la lata durante dos semanas o más para que me pusiera mi traje de raya diplomática más bonito que todas las cosas. Mi traje de las bodas, todo sea dicho de paso. Eso es una cosa que me encanta de ser tío. Puedo ir a todas las bodas de mis amigos y familiares con el mismo traje… y no pasa nada. Pero esta vez no lo hice. Más que nada porque mi hermano me dijo que no quería que lo hiciera. En su boda, nada de trajes y nada de corbatas. ¿Por qué? Porque la boda ha sido una de las bodas más simples a las que he asistido. Exactamente la boda que yo celebraría.

Para empezar fue en el ayuntamiento. Poca gente, no más de 30 personas, amigos y familiares directos. Unas palabras de uno de los amigos, anécdota embarazosa incluida, y luego un si quiero de mi hermano y, esto es verídico, un yo también de mi cuñada. Y todo el mundo fuera. Exactamente quince minutos de reloj. ¿Y luego? Luego nos fuimos de cañas a un bar hasta la hora de la comida.

A la comida asistió nada más que familia directa. O sea, padres y hermanos, y respectivas. Y el amigo que habló en la ceremonia. Diez personas. Eso sí, fuimos al mejor restaurante de la zona, de esos que te rellenan la copa sin tener que pedirlo. Una sobremesa larga y muchas risas. ¿Y luego? A casa… a dormir la siesta.

La fiesta continuó por la noche. Alquilaron un bar y organizaron una especie de cóctel con barra libre para un grupo reducido de amigos y familiares. Exactamente 42 personas. La fiesta duró hasta las 6 de la mañana y algunos, entre ellos mi hermano pequeño, terminaron muy perjudicados.

Como curiosidad decir que no aceptaron sobres con dinero. Ellos invitaron a todo y a quienes quisieron. Sin compromisos absurdos. La premisa es simple: como no te estoy pidiendo dinero ni regalos, si te invito, es porque me gustaría que vinieras a mi boda; y si vienes es porque te apetece estar en ella. No hay compromiso de ningún tipo. Realmente es una invitación en su sentido más estricto de la palabra.

Y eso es lo que yo querría hacer.

Por cierto, a modo de curiosidad, a la boda fui disfrazado. Exactamente de Hank Moody, el protagonista de Californication. Eso sí, con mucho menos éxito que él. Claro que yo no soy David Duchovny…

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Una de cine…

Llevo una temporada un poco desaparecido. Pero eso ya lo sabe quien quiera que siga este blog… que a juzgar por las últimas estadísticas, somos yo y otro. Normal, por otra parte… no escribo desde hace más de un mes. Vale que están los que entran buscando sexo, gracias a mis anécdotas y, sobre todo, a los títulos que pongo a alguno de mis post (llenos de palabras con significado sexual). Supongo que se van un poco decepcionados…

Hay varios motivos por los que no escribo.

Primero, por falta de tiempo. Estoy metido en varias cosas, y ya se sabe lo que dicen: el que mucho abarca poco achica. Así que he dejado el blog un poco en barbecho. Y ya lo siento. Pero entre todos los temas abiertos, hay especialmente uno en el que participo que consume mucho tiempo. Ya contaré próximamente más cosas sobre el proyecto en el que estoy participando, cuando haya una presentación oficial en sociedad. Sí que puedo adelantar que, entre las tareas de las que me estoy encargando, está escribir un guión de cine. Y es algo complejo. Sólo he escrito algo parecido una vez, y la verdad es que no tiene mucho que ver. Así que estoy leyendo mucho y escribiendo mucho. Y reescribiendo y volviendo a escribir. Una y otra vez. Tiene mucho trabajo y, sobre todo, hay que hablar un montón, en este caso con mi hermano, que es con quien estoy escribiéndolo. Así que nos pasamos el día discutiendo sobre tramas y subtramas, con sus correspondientes nudos de acción; relaciones entre personajes y arcos de transformación de esos personajes; anticipaciones y cumplimientos…

La cosa funciona un poco así: Se me ocurre una nueva peripecia para el protagonista y eso requiere añadir una anticipación algunas escenas antes. Una anticipación es una escena que prepara al espectador para lo que va a ocurrir, una especie de pista. Esa anticipación requiere, por ejemplo, cambiar algo en la personalidad de un personaje, que modifica la relación de ese personaje secundario con el protagonista. Hay que cambiar la presentación del personaje, lo que modifica un nudo de acción… por lo que hay que volver a escribir algunas partes de lo ya escrito… y vuelta a empezar. Imaginad el tiempo que se requiere.

Lo curioso es cómo se va transformando la historia poco a poco. Cómo va ganado en complejidad. Y lo que en un principio iban a ser treinta o cuarenta minutos, va ya camino de ser un largo. Y, aunque es bonito que sea así, un largo es muy complicado de hacer. Requiere tiempo. Más o menos, se graban unos diez minutos de película por cada día de rodaje, lo que para una película de hora y media tendríamos que rodar durante 9 días. Que serían más, teniendo en cuenta alguna de las localizaciones necesarias…

Por no hablar de la pasta. Hace falta dinero para hacer una película, y cuantos más minutos tiene, más dinero hace falta. No para pagar a técnicos o a actores, porque esa gente trabaja gratis. Al menos a estos niveles, porque nadie es profesional y todo el mundo quiere participar en cosas así para coger experiencia y currículo. Así que el dinero se destina al alquiler de material, grúas, focos, atrezzo o, si es necesario, alguna cámara suplementaria. Y el catering, claro.

Pero eso será más adelante. De momento estamos sólo con el guión.

Ya os contaré como va.

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