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Archive for 26 octubre 2009

Por petición expresa, en lugar de contar los últimos acontecimientos con la Rubia, hoy os voy a contar cosas que pasaron hace 20 años. Un flashback de esos que dicen (por más que ahora estén de moda los flashfordwar). Retrocedemos a los años de los pelos. A los años en los que empiezan a salir pelos en los lugares más insospechados del cuerpo: la adolescencia.

Me había cambiado la voz, salido pelos y crecido algo, pero poco: Esperaba el estirón ese que era inminente y que todavía sigo esperando. Pero pese a los cambios seguía sin ser popular. Y eso que ya no tenía botas ortopédicas, no por haber curado mis pies planos, sino por ser completamente inútiles, pero me habían puesto gafas, así que una cosa por otra. Ser el gordito con gafas de la clase no otorga muchos puntos de popularidad. Ni mucha atención de las chicas.

Ya hacía tiempo que le daba al bolígrafo bic cristal, que escribe normal, y hacía mis primeros intentos de relatos. Pero no los leía nadie. Todavía no tenía suficiente confianza en mi calidad artística. Todavía no los ha leído nadie, y no creo que lo haga ninguna persona nunca (a no ser que me haga super famoso como escritor y un hijo mío decida sacarlos a la luz cuando me muera, como textos inéditos, incluso con sus faltas de ortografía, para seguir chupando de la teta, el muy gandul).

Leía libros, pero también era aficionado a los tebeos. Por supuesto entre mis favoritos estaba Mortadelo y Filemón, Zipi y Zape, Super López, Asterix y Obelix, Lucky Luke, Spirou y Fantasio y, un poco, Tintín. Aunque de vez en cuando caían en mis manos tebeos de los de antes, El guerrero del antifaz o hazañas bélicas (que, por cierto, me incitó a saber sobre las segunda guerra mundial, otro de mis temas favoritos). En la biblioteca municipal descubrí el placer de leer cómic. Allí estaba la colección completa de Jeremiah, del belga Hermann, y aluciné en colores. No era un cómic para niños, pero yo ya no era un niño (era un señor bajito con voz grave). De Jeremiah pasé a XIII, de William Vance, otro belga.

Como todo hijo de vecino empecé a dibujar copiando. Copiando de lo que tenía más a mano, o sea, Mortadelo o Superlópez. Tenía ojo y tenía mano. Pero, sobre todo, no tenía ganas de salir a correr por ahí… lo que tiene las botas ortopédicas. Pero habiendo descubierto el cómic, prefería copiar dibujos de verdad a caricaturas. Todavía debe de estar rondando por ahí la carpeta con mis dibujos, convenientemente numerados… por si algún día se pueden vender.
Descubrí la Cuesta del Mollano y las revistas de cómics: Cimoc y Comix (poco después El Jueves y Vívora). Estamos hablando de revistas de los 80 que ya no se editaban, pero que en los puestos de libros viejos se vendían casi al peso. Todavía tengo una buena colección de ellas. Así que no es extraño que mis copias empezaran a ser de autores franceses, pero también de Españoles. Bernet, por ejemplo, y sus historias en blanco y negro, poniendo en dibujo los impresionantes guiones de Abuli. O Juan Gimenez, quizá uno de los mejores autores españoles, y su increíblemente realista As de picas (otra vez la segunda guerra mundial). Pero, sobre todo, descubrí a Milo Manara y a Horacio Altuna.

Hermann, Vance, Bernet, Gimenez… son dibujantes muy minuciosos, que hacen que cada viñeta sea una pequeña obra de arte. Altuna eleva esa minuciosidad a rango de locura. Cada viñeta tiene varios niveles de historia, llenas de gente, carteles, situaciones… leer un cómic de Altuna es pasarse horas mirando el segundo plano, descubriendo las otras historias que hay detrás de la historia principal.

Y de Manara… ah… de Manara aprendí a dibujar mujeres.

Durante esos años de la adolescencia pasé horas y horas dibujando. De las copias de los grandes del cómic pasé a las copias del natural… me hice mi archivador de fotografías, recortes de periódicos y revistas… cualquier cosa que me llamara la atención del mundo. Y los copiaba. Hice muchos dibujos. Y, claro, mis notas se resintieron. Mucho.

Había que buscar un camino en el que pudiera dibujar y pensé que la arquitectura podía ser ese camino. En tercero de bup me enteré de una prueba de aptitud que hacían en la escuela de arquitectura, una prueba no vinculante. Y allí fuimos, dos amigos y yo. Puedo afirmar con satisfacción que superé la prueba. Me dieron como muy apto para esa profesión y, lo que es mejor, saqué la mejor nota de los tres (mi instinto competitivo, qué le vamos a hacer). Así que el último año en el instituto cogí las optativas con las que pensé que me ayudarían a conseguir más nivel: ampliación de matemáticas (cuatro horas más a la semana), ampliación de dibujo técnico (otras cuatro horas más) y geología.

No pude entrar en arquitectura. Aún siendo muy apto, la nota media no me dio. Y me metí en informática. Mis otros amigos “arquitectos” son ahora un triste estadístico y un biólogo que no ejerce.

Y ninguno de los tres dibujamos ya.

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¿Alguien ha visto Matrix? Qué tontería… todo el mundo ha visto Mátrix (excepto algún enfermo en coma y gente asocial). Os pongo en situación… azotea del edificio donde tienen a Morfeo secuestrado. Un agente dispara a Neo varias veces y Neo hace eso de echarse para atrás esquivando las balas.

Otra película. Top Gun. El F18 Tomcat de Tomcrús es perseguido por un Mig21 ruso. El Mig 21 ruso es mucho mejor avión y le tiene enfilado, apuntando con los misiles. Las alarmas del avión no hacen más que sonar y Tomcrús hace todo tipo de maniobras evasivas… el fin parece cerca.

Hay un clásico del spagueti wester de la factoría de los indescriptibles Bud Spencer y Terence Hill: Quien tiene un amigo tiene un tesoro. En realidad destaco esa porque es la única de la que me sé el título. Lo curioso es que en esas películas siempre se lían a golpes… curiosamente siempre con la mano abierta.

Cuarta película: Gorilas en la niebla. La investigadora se enfrenta con el macho alfa de la manada, el espalda plateada, el cual empieza a golpearse el pecho con los puños y a gruñir, emitiendo sonidos guturales propios de los animales salvajes. Mientras, la doctora se humilla y campea el temporal.

Cualquiera se preguntaría qué demonios tiene esto que ver con la vida real. Pues mucho. Os cuento:

Llevo dos semanas un poco malas en la oficina: Estoy dejando el tabaco. El tabaco que fumaba mi jefe en la oficina. Vamos, que mi jefe está dejando de fumar… y eso es algo inaguantable. Y como mi jefe no es nada egoísta, se dedica a compartir su mal humor con nosotros a todas horas. Pero no puede enfadarse sin más… busca un motivo.

Durante la semana pasada me libré tres veces de tres broncas. Gracias a que no borro ni un correo pude demostrar que cosas de las que se me acusaban no eran para mí. Así que, al igual que Neo en el rascacielos, esquivé las balas haciendo malabares.

Esta semana, al igual que en Top Gun, mi jefe ha estado detrás de mí todo el tiempo. Le sentía enfilándome con sus misiles y yo haciendo maniobras acrobáticas para evadirme. Pero cada vez más cerca…

Hasta que me ha dado hoy. Ha sido por un tema del que se suponía que tenía que estar enterado pero que, quien tenía que informarme no lo hizo y, luego, para quitarse el marrón de encima, simplemente me acusó. Con dos semanas para darme caza… mi jefe no ha entrado en razones y, al igual que Bud Spencer, me ha soltado un sopapo (es una forma de hablar) que ríete tú de la mano abierta del actor.

Pero claro… al ser algo completamente injusto, me he revuelto. Y, al igual que el gorila macho del lomo plateado, se ha golpeado el pecho., ha emitido sonidos guturales y ha hecho valer sus cojones como prueba irrefutable de que en el departamento se hace lo que él quiere…

¿Quién dijo que la vida no imita al arte?

En fin… como estoy un poco de aquella manera, alegradme el día entrando en la Taberna del Escocés, y leed mi primera aportación publicada. Se trata de un minirelato llamado “Entrevista de trabajo”… el primer b-side que publicamos.

Ah… y el dibujo que adorna el post también lo he hecho yo..

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