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Posts Tagged ‘burguer’

Después de estar cuatro meses separado de Huracán casi me había acostumbrado a mi vida ordenada y, podríamos decirlo así, aburrida. Del trabajo a casa, de casa el gimnasio o la piscina, con alguna quedada interesante algún miércoles que otro, sobre todo con blogueros, para poner la guinda… pero en general una vida monótona. Huracán le da a la vida una salsa que creo que me resultará complicado encontrar en otra persona. Y la muestra podría ser todo lo que ocurrió el lunes.

En principio habíamos quedado en vernos en una cafetería del centro. Evité a conciencia lo de vernos en su casa porque prefería un terreno neutral. La idea era hablar. Al menos esa era mi idea. Pero no siempre mis ideas son acertadas tratándose de Huracán.

Ella llegó un poco tarde, casi me había terminado mi café, y aunque acelerada, estaba preciosa. Y eso que sólo llevaba un vaquero y una camiseta, aunque ajustada, y un pañuelo verde recogiendo el pelo a modo de diadema. Me dio un beso, sólo uno, en la mejilla, lo que quedaba a medio camino entre un pico y los dos besos de saludo propios de la gente civilizada.

– ¿Te importa que nos marchemos a otro sitio? Es que he quedado en 10 minutos con una persona… tengo que arreglar un asunto… y luego soy toda tuya.

Evidentemente pagué el café y salimos de las seguras y controladas paredes de la cafetería y nos aventuramos (al menos yo) a la inseguridad de seguir a la niña sureña. Mientras andábamos por las atestadas calles llenas de turistas, me contó que había quedado con su antiguo casero por la zona para arreglar, de una vez por todas, el asunto de la fianza. Y el lugar elegido fue el que menos se puede imaginar una persona cabal… un Burguer King. Un Burguer King repleto de niños en pleno cumpleaños.

Y ahí estábamos los dos, sentados en una mesa del fondo del local, esperando que entrara un señor al que no había visto en mi vida. Casi me sentí como un espía preparado para hacer un intercambio con un agente doble, después de decir una contraseña como “La ballena azul ronronea si el cachalote blanco le hace cosquillas”. El casero no se retrasó mucho. Eran casero y señora, una rubia enorme y por lo que pude entrever por su acento, eslava, posiblemente polaca. Se sentaron enfrente de nosotros. Había tensión en el ambiente…

Básicamente él no quería pagar la fianza y se escudaba en una serie de argumentos la mar de estúpidos para no hacerlo… como era que Huracán se había quedado con las llaves de la casa, o que había roto una percha. Ella alegó que él se había llevado los muebles del salón sin previo aviso una semana antes de que ella abandonara la casa… y poco a poco la tensión se fue elevando. Pero pese a ello, yo me estaba divirtiendo. Sólo hacía que pensar en que estaba en un Burguer King, con un casero, una polaca y Huracán, rodeados de niños con gorros de fiesta un lunes por la tarde…

Al final la cosa quedó más o menos resuelta, salvo por el detalle de que el tipo, desconfiado donde los haya, había cambiado los bombines de las cerraduras cargándole el importe a Huracán. Entre unas cosas y otras, la fianza quedó reducida a unos 70 euros, que era más o menos lo que Huracán esperaba.

Lo mejor es que ella se mantuvo serena durante toda la reunión, y eso que hasta la polaca metió baza… lo que me hizo pensar que lo mismo Huracán había madurado durante estos cuatro meses.

A la salida del Burguer Huracán llamó a su padre para comentarle el resultado del encuentro. Y, como la que no quiere la cosa, me pasó el teléfono. Su padre me quería saludar.

– ¿Sabes que me tiré una temporada sin hablar a la niña cuando me enteré que lo habíais dejado? – me soltó nada mas saludar – Esta chica no sé donde tiene la cabeza – No sabía que le hubiera producido tan buena sensación al hombre – ¿Te vas a bajar con ella?
– ¿Bajar? ¿Cuándo?
– Ahora, para La Feria…
– Es que trabajo…
– Pues el fin de semana.
– No puedo, es que ya lo tengo comprometido… de verdad… además, no creo que sea buena idea…
– Tú verás… pero que sepas que aquí tienes casa cuando quieras…

Me despedí de mi ex suegro no sin antes prometerle que haría todo lo posible por bajar a verle lo más pronto que pudiera. Una de esas promesas que no se pueden cumplir. El caso es que ya, por fin, nos habíamos quedado solos Huracán y yo. Nos encaminamos a un local que le habían recomendado y que tenía ganas de ver. Yo sólo quería que paráramos quietos en algún sitio y hablar. Y no fue demasiado posible, porque el teléfono volvió a sonar (como le había sonado dos veces durante la discusión en el Burguer) y esta vez lo cogió. Era una de sus compañeras de piso que se nos unía. Bueno… si no me importaba.

A mí me dio igual. En ese momento ya tenía claro que no hablaríamos de nada, que las cosas estaban como estaban y que lo del sábado fue más producto del momento que algo serio. Así que decidí relajarme y tratar de disfrutar de la situación lo máximo posible.

La compañera de piso de Huracán es una mujer peculiar. Italiana de nacimiento, suiza de padre y residencia y granadina de madre. Rubia, de estatura más o menos normal, una nariz mayúscula debajo de unas gafas de pasta y, bueno, tirando a feilla. Tardó aproximadamente dos minutos en contarme que lo había dejado con el novio, su novio de toda la vida, tras ocho años de relación. Y otro montón de detalles que no vienen al caso, como tampoco vinieron al caso cuando me lo contó. Y, tras soltarme ese pequeño discurso, me preguntó si tenía amigos solteros y guapos.

– Pues sí… unos cuantos – dije, y es verdad.
– Pues a ver cuando organizas una cena en tu casa y me los presentas…
– No… no creo que lo haga – y me quedé tan pancho.

Pero no le importó, porque al rato, cuando volvió del servicio, dijo que había quedado con el camarero para otro día.

Y lo mismo pasó en el local siguiente.

Según me contó Huracán, llevaba un tío diferente cada día… y, teniendo en cuenta que las paredes de la casa son de papel de fumar, como que se sentía partícipe de sus encuentros sexuales… especialmente ruidosos.

Me tomé otra con ellas y las abandoné. Como dice un amigo mío “Todo pescado vendido”. No había más tela que cortar.

Huracán se marchó ayer al sur, a la Feria. Estará toda la semana fuera y no creo que vuelva a verla en una temporada.

¿Qué como estoy yo? Pues bien. Mejor de lo que esperaba. Sobretodo muy tranquilo. Cuando volvía en el coche a mi casa, pensando en todo lo que había ocurrido durante el día, empecé a creer que lo que de verdad me gusta de Huracán no es ella, sino todas las situaciones que se dan a su alrededor y que hacen que la vida con ella sea peculiar y excitante. Y eso es muy necesario si quiero ser escritor… ¿No?

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