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Posts Tagged ‘charla’

El que piense que las altas cumbres del Himalaya son un reto físico, que las empinadas cuestas pedregosas y embarradas sólo son aptas para iniciados, que caminar a 5.000 metros de altura es algo al alcance de unos pocos… el que piense todo esto es porque no ha ido de compras con una mujer. Eso sí es duro. Eso sí es un reto físico que requiere de gran fortaleza mental.

A eso dediqué el sábado por la mañana.

Creo que se puede aprender mucho de una mujer por la ropa que selecciona, por la que descarta o en qué se fija. Y yo el sábado aprendí mucho, y no sólo de ropa. También de arte, geografía e historia. Aprendí sobre costumbres hindúes y sobre todo, aprendí que el calzado cómodo es fundamental a la hora de caminar 6 horas por la ciudad de tienda en tienda y tiro porque me toca.

Eso sí: me lo pasé en grande. Y me recordó a los viejos tiempos, cuando yo hacía esto más a menudo. Comprar, digo.

[…]

La noche fue muy curiosa. Y larga. Tan larga como que duró hasta el domingo por la mañana. Hacía tiempo que no me acostaba al amanecer, y menos después de una mañana y tarde frenéticas y sin un minuto de siesta. Va a ser que me he vuelto joven otra vez. No sé.

Ocurrieron dos cosas relevantes esa noche. En realidad podríamos decir que ocurrieron tres, pero una me la reservaré de momento para un post futuro. Espero. Así que empezaré por la primera. Conocí a una mujer muy interesante. Creo que es la primera vez que doy la dirección del blog a alguien para que lo lea, sin estar en un B&B. Como se lo apuntó en el móvil supongo que leerá esto y sabrá que me refiero a ella. Pero es que es verdad: me resultó muy interesante. Y su novio me calló muy bien también.

Hablamos durante mucho rato y me dio algunas indicaciones de cómo dejar de ser el Señor Capullo y convertirme en el Puto Amo. Bueno… es una forma de hablar, claro. Algo así como el famoso cambio radical que auguraba Lentillas. Siempre según la opinión de esta mujer, lo primero que tengo que hacer es darme cuenta de que principalmente el problema lo tengo yo. Quiero decir, que soy yo el que proyecta esa imagen de Capullo integral. Claro que, bueno, no es fácil dejarlo. Recuerdo que una vez, hace ya casi un millón de años, Ángela, una comentarista del blog me dijo que en realidad interpretaba el papel del capullo que creía que era. Así que supongo que será verdad, si tantas personas lo dicen.

Yo me defendí, claro, como gato panza arriba. No soy de los que dan su brazo a torcer fácilmente. Alegué mala suerte… o más que mala suerte, inoportunidad. O sea, llegar en el momento menos oportuno. O demasiado pronto, o demasiado tarde… pero difícilmente en el momento. Por ejemplo: O la chica que me gusta lo acaba de dejar con el novio… o acaba de empezar. Y en estas páginas he plasmado al menos tres ejemplos de esto que estoy contando (ya veis, ofreciendo documentación).

No cedí mucho, pero creo que esta mujer, de bonitos y profundos ojos azules, tenía mucha razón.

[…]

Entre unas cosas y otras no sé muy bien cómo me vi en un local al que no había ido nunca. Esto es algo que suele pasar, sobre todo porque no suelo prestar mucha atención a los sitios a los que me llevan. Y este no fue diferente. Aunque sí curioso. No era por el local en sí, que era lo de siempre (más bien a oscuras, luces brillantes, una o dos bolas colgadas del techo, música a tope, una barra o dos, la típica camarera hasta el moño de estar de pie, el baño ligeramente poco limpio y todo eso que hay en un bar de copas cualquiera del universo). Era más bien por la gente. Por un momento me sentí como Michael J. Fox en regreso al futuro. Me sentí como inmerso en la fiesta de fin de curso de “Encantamiento bajo el mar”. Y no es coña.

Digamos que soy un tipo poco musical. O sea, si me doy golpes en la barriga suena, como le pasa a todo el mundo. Y si me la golpeo rítmicamente, suena… pues eso, con ritmo. Lo que quiero decir es que no soy alguien que necesite escuchar música continuamente. Debo de ser la única persona del mundo que no tiene un iPod. Y el que tenga el CD del coche roto no me ha supuesto ningún problema. Tengo miles de canciones que me he bajado con la mula, pero al final escucho las 20 o 30 de siempre. Y eso cuando me acuerdo. Así que no estoy muy al tanto de movimientos musicales actuales. Por eso no sé si lo que vi el sábado era un grupo de gente disfrazada de los años 60 o lo último de lo último en cuanto a modernez se entiende.

Pero juro por lo más sagrado que hay que mi abuela tenía una foto con un vestido igual hace 50 años. Y el peinado… idéntico. Tentado estuve de acercarme a la chica y decirle que no se casara con mi abuelo, a ver si eso provocaba una paradoja espacio temporal, o algo así.

[…]

La noche terminó paseando por las vacías calles de la ciudad y, porque uno es un caballero, acompañando a una amiga de una amiga (de una amiga), mientras los trabajadores municipales limpiaban la porquería de una noche de marcha. Y con el sol amaneciendo tímidamente por el horizonte… y los pajaritos desperezándose.

Cuando llegué al coche, situado en un lugar con unas vistas impresionantes de la ciudad, con ese amanecer rojo pasión y los pajaritos piando y, bueno, todo eso que he dicho antes… esto… pensé en cierta persona con la que me hubiera gustado mucho compartir semejante espectáculo. Es que estando solo (sin contar al tipo dormido en el coche de al lado) como que es menos bonito… ¿No?

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Pronto empezamos… y de dos en dos, nada menos. Las protagonistas, la nueva secretaria del departamento comercial, y la chica nueva del departamento de compras… casi nada. Las palabras importantes en la frase anterior son “la nueva”. Son dos chicas que llevan poco tiempo en la empresa y que todavía no han sido pervertidas por el mal rollo general y las trifulcas interdepartamentales que imperan por aquí. Y lo que es más importante… todavía no guardan ningún tipo de odio al departamento en el que yo trabajo… que es el más odiado por todos y por el único por el que los demás departamentos olvidan sus rencillas y se unen para atacarnos.

La escena va como sigue. Yo esperaba en recepción a que uno de los comerciales saliera, para irnos a ver a un cliente. Fuera, en la calle, y aferrada a un pitillo, estaba la nueva secretaria del departamento comercial… morena, delgada y de estatura normal. Ojos verdes y piel muy blanca, casi transparente. Entre quedarme con la recepcionista, que no me habla, o salir y hacer de buen compañero con la nueva había pocas dudas…

– Hola
– Hola
– ¿Qué tal lo llevas?
– ¿El qué?
– Ya sabes… adaptarte a la nueva empresa… a la gente…
– Bien… bueno… llevo poco tiempo…
– Te entiendo… yo tardé un poco en adaptarme… así, entre nosotros, están locos por aquí…
– Jajaja… sí, un poco

Digamos que ahora que había roto el hielo llegaba el momento de obtener algo de información.

– ¿Sabes? No me gustan los miércoles…
– ¿No?
– Si te fijas están ahí, en el medio de la semana… el lunes llegas con fuerzas y con ganas al trabajo… el viernes estás contento porque llega el fin de semana… pero el miércoles… estás a mitad de camino del fin de semana… por delante y por detrás… una mierda.
– Pues el jueves es peor… porque todavía no ha llegado el fin de semana y ya te queda poca energía… yo prefiero el sábado… porque duermo hasta tarde…
– Normal… saliendo los viernes…
– No, que va, no salgo casi ningún viernes…
– Claro… eres más de sábado… ¡Chunda, Chunda, Chunda!
– No, que va… no soy de discotecas… me gusta más ir a sitios donde pueda hablar con mis amigas… ¡Que le vamos a hacer! Una, que ya es mayor…
– ¿Mayor? Pero si no debes de llegar a los 30…
– 32. Una abuela…
– No digas eso… los 32 son una edad estupenda… yo tengo 32 y estoy hecho un chaval…

En ese momento Salió una compañera y le dijo que tenía una llamada. Cortando la conversación a la mitad. Información obtenida… poca: Tiene 32 años, no sale los viernes, y los sábados habla con las amigas en algún lugar tranquilo. ¿No sale los viernes porque se queda en casa con el novio o porque no tiene plan? ¿Sale con las amigas o con las amigas y el novio? Ni idea. Nada definitivo.

Cuando entré otra vez en la empresa, y el comercial no parecía querer aparecer, me di cuenta que en la máquina del café estaba la nueva chica del departamento de compras. Seguramente tan morena como la otra, aunque con mechas rubias, pelo largo, media melena, guapa y con gafas. Tampoco muy alta, pero con tacón alto, y buen tipo. Me saludó desde la máquina con una sonrisa.

– Bonitas gafas – Dije – ¿Son nuevas?
– Me las pusieron ayer… ahora soy una gafotas…
– Acusica y empollona…
– Jajaja
– Te quedan muy bien, la verdad
– Gracias… ¿Quieres un café?

No tuve tiempo de responder… salió el comercial con cara de velocidad y me arrancó de la escena a la fuerza. Apenas pude decir un “Mejor en otra ocasión…“ cuando estaba en el coche camino de un cliente…

Dos movimientos en apenas 15 minutos.

¡Voy lanzado!

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La abeja Maya (ojo, Maya, que no Amaya) tenía a Flip el saltamontes. Pinocho tenía a Pepito grillo… mi conciencia se llama Almanzor. Eso sí, es más grande, menos verde, no tiene tendencia a saltar, a no ser que suene música pachanguera… pero sermonea exactamente igual. Os comento.

Estábamos tomando una caña, haciendo tiempo para entrar en el cine. Un plan de Viernes Santo como otro cualquiera. Y estábamos charlando sobre el segundo tema favorito de los hombres… las mujeres. A quemarropa, Almanzor me espetó:

– A ti te gustan mujeres muy guapas
– Toma, claro, igual que a ti…
– Si… pero me refiero a que sólo te gustan mujeres muy guapas.
– No sé en qué te basas para decir eso…
– ¿Huracán?
– Muy guapa…
– ¿Y Lentillas?
– Bueno… sí.
– A Tofu no la recuerdo bien, pero creo que era guapa.
– Sí, tenía una cara muy rica… pero era bajita y andaba raro…
– Entonces guapa… ¿Y Morcillita?
– Joder, también guapa… y con un cuerpazo.
– ¿Ves?
– ¿Me estás llamando superficial? Vale, esas mujeres son muy guapas… pero tienen otras muchas cualidades… Morcillita era muy buena, y tenía un gran sentido del humor. Y no hace falta que te diga que Lentillas tiene un gran cerebro, es super inteligente y brillante… Huracán era fresca y divertida y una sorpresa cada día…
– No, no… no te estoy llamando superficial… es sólo que para que te fijes en las otras cualidades de una mujer… en la inteligencia, en el sentido del humor o en si es limpia o hace ecuaciones de segundo grado… antes tiene que ser guapa. Hay un montón de mujeres que te estás perdiendo sólo porque de primeras no te parecen guapas…
– Pues no sé, tío… a uno le gustan las mujeres que le gustan… ¿No?

Pero, como de costumbre, Almanzor me hizo pensar… ¿Cómo me gustan a mí las mujeres?

Pues sí, es verdad, me gustan las mujeres guapas… pero no todas las mujeres guapas me gustan. Tienen que tener algo más. Yo prefiero una chica que sea guapa al natural, que apenas se maquille o, si por lo que sea no puede pintarse, no piense que es una debacle. O sea, que no piense que su belleza es su principal baza. No me gustan las mujeres flacas, de esas que se llevan ahora, engendros andróginos patilargos, sólo piel pegada al hueso. Creo que una mujer tiene que tener curvas, vertiginosas en algún caso. Tiene que se ser femenina.

Para mí es importantísimo el sentido del humor… mi mujer ideal tiene que tenerlo. Yo disfruto con unas buenas risas, me gusta hacer reír. Le tiene que gustar reírse, sobre todo conmigo, y tiene que hacerme de reír a mí. Y esto os puede parecer muy maniático, me tiene que gustar cómo se ríe.

Si puede ser más inteligente que yo, tanto mejor (en esto, como veis, no soy muy exigente… a poco que sea un poco despierta, será más inteligente que yo). Me gusta aprender cosas nuevas, así que no tengo ningún problema en que me enseñe de lo que sea que sepa más que nadie. Me da igual que sea tímida o extrovertida, porque si es tímida, ya hago yo las payasadas por los dos… y si es extrovertida, le sigo el rollo sin problemas.

Si demás tiene pasta, mejor que mejor (pero no es importante).

Pero, sobre todo, tiene que ser buena. Que tenga yo que esforzarme por ser mejor persona… que me ayude a mejorar y que me haga ver cuando estoy equivocado (porque a veces me obceco en una idea y me resulta complicado apearme del burro).

¿Acaso es pedir demasiado?

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Ayer mismo, por la tarde, llamé a La Nueva, justo después de salir de trabajar. Como dije en su momento, no están las cosas como para ir desperdiciando oportunidades de quedar con mujeres tan interesantes. Y no quería que pensara que no estaba interesado o que me había olvidado. Pero tras cinco toques, me salió el buzón de voz. Odio esos cacharros. Me hacen sentir como un idiota hablando solo… y esta vez no fue una excepción. De todas maneras le dejé un mensaje en el que le decía que la llamaba por lo que hablamos de ir al cine y que volvería a llamarla más tarde.

No hizo falta. A la media hora me llamó ella. Resulta que estaba ensayando con el grupo de baile y, aprovechando un descanso, había oído el mensaje y me devolvía la llamada.

– Por supuesto que quedamos.- Me dijo. – Si te apetece, mañana en la ONG en la que ayudo proyectan una película en versión original sobre la dura vida de las mujeres viudas en la India.-
– ¿En inglés?
– No… en Hindi. A lo mejor la conoces… se titula “Agua”.
– Ah… esa… sí la conozco. Pero no la he visto.- Mentí. En la vida había oído hablar de esa película… pero con el título y un poco de argumento, se pueden hacer maravillas en Internet con las herramientas adecuadas.
– ¿Te vienes?
– Si, claro. ¿Me paso a buscarte? ¿Quedamos allí?
– Quedamos allí… – Y me dio las señas del centro.- Luego hay una charla coloquio sobre la película y uno de los colaboradores nos enseñará unas diapositivas sobre el trabajo de la ONG en un “asram” – o algo así – en Calcuta.
– Estupendo. Pues allí nos vemos.

Ahora, durante la comida, voy a prepararme la cita a conciencia. En la Wikipedia habrá información sobre la India y sobre la ciudad de Calcuta y seguro que saco una sinopsis legible de la película “Agua”… para no ir de pardillo.

Ya os contaré…

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