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(Del fr. avatar, y este del sánscr. avatâra, descenso o encarnación de un dios).
1. m. Fase, cambio, vicisitud. U. m. en pl.
2. m. En la religión hindú, encarnación terrestre de alguna deidad, en especial Visnú.
3. m. Reencarnación, transformación.
4. m. Última película de James Cameron.

Generalmente el día de Navidad suele ser el día del sofá y siesta, o más bien, el día de digestión pesada, sofá y siesta. Máxime si el día de Nochebuena salgo después de la cena y bebo un poco más de la cuenta. Pero no este día de Navidad. Este día de Navidad he quedado con Heidi.

Está otra vez en Madrid, aunque convaleciente de una pequeña operación de rodilla, y quería verme. Me propuso ir al cine, una de las pocas actividades que su operación le permite hacer hoy en día. E iríamos los dos. Sólo los dos. Así que me lo tomé como un pequeño paso adelante en lo que sea que tengamos. Al menos era pasar de la fría pantalla del Messenger al cara a cara… y eso, a poco, es bueno.

Iríamos a un cine cercano a su casa, para que no anduviera demasiado y había pocas opciones. Aún así le dije que eligiera la que más quisiera y ella eligió pensando en lo que a mí me podía gustar. Eligió la película Avatar. Alienígenas, explosiones, naves espaciales… sí, podemos decir que lo prefería a la última de Meryl Strip (reconozco que me la jugué… pero es que me gusta el peligro).

Quedamos a las nueve en la puerta de su casa y yo, que soy así de chulo, me presenté una hora antes. No es que sea un cagaprisas o un ansioso. Supuse que habría cola en el cine y, para evitar que ella estuviera de pie más de lo recomendable, mi idea era hacer esa cola en solitario y comprar las entradas, para luego esperar tomando algo, bien sentaditos, en una cafetería o similar.

Por suerte no había mucha gente y pude comprar unas buenas entradas.

Cuando por fin apareció en el portal la vi tremendamente guapa. Y eso que el pesado abrigo prácticamente la ocultaba del todo. El mismo abrigo de siempre. Claro que, curiosamente, a Heidi sólo la he visto en invierno. A pesar de la reciente operación no llevaba muleta y no parecía cojear demasiado. Y se la veía sonriente. Como no podía ser de otra manera, empezó a llover copiosamente y nos metimos en una cafetería a medio camino entre su casa y el cine. Y empezamos a hablar. Estábamos tan a gusto que casi no llegamos a tiempo al comienzo de la película, y eso que contábamos con una hora de margen. De hecho, llegamos justo cuando empezaba y estaba toda la sala a oscuras.

Aprovechando el artículo, también haré una pequeña crítica cinematográfica sobre Avatar.

La película es correcta. Tiene ritmo, tiene espectacularidad y tiene muchos y muy buenos efectos visuales. Pero le falta algo, a mi entender, para ser la siguiente y muy esperada película de James Cameron después de 15 años desde Titanic: le falta originalidad. O sea, la historia que cuenta es más o menos la misma que se cuenta en otras películas. Me ha perecido un poco la misma historia que El último Samurai, Bailando con lobos y Pocahontas… pero todo junto. Así que es un poco previsible. En realidad es tan correcta en su estructura que resulta muy previsible: todo pasa cuando tiene que pasar y como tiene que pasar. Pero, pese a todo, el ritmo es tan bueno y las escenas de acción son tan espectaculares que, en fin, se pasan las dos horas y cuarenta minutos bastante rápido. Y los personajes digitales son sencillamente perfectos. Y eso bien puede valer una entrada de cine… y más si es en buena compañía.

Fin de la crítica.

Al salir del cine no había nada abierto. Y estaba lloviendo, o como dicen en el norte, estaba jarreando. Así que ella sacó su paraguas del bolso y me hizo un sitio debajo. Como era muy pequeño, pasé mi brazo por sus hombros y nos pegamos mucho el uno al otro. Subimos la calle hasta que llegamos al portal de su casa y allí fue donde se produjo la escena de la despedida. Comentamos algo de la película hasta que ella cambió radicalmente la dirección de la conversación:

– ¿Te puedo preguntar una cosa?
– Claro… pero que sepas que soy ateo…
– ¿Sigues… sigues pensando lo mismo sobre… mí… o ya no? ay… es que no sé muy bien cómo preguntarlo…
– ¿La pregunta es si me sigues gustando?
– En fin, tú eres más directo. Sí.
– Bueno… es evidente que no te han salido pústulas en la cara, así que… supongo que la respuesta es sí… aunque si la pregunta es si estoy loco por ti…
– Ni se me ocurriría siquiera pensarlo…
– Nuestra relación es un poco curiosa. Nos hemos visto realmente muy poco y todo el contacto es por Internet. Y, bueno, la chica que está al otro lado de la pantalla, con la que hablo a menudo, me gusta. Eres divertida, inteligente… eres muy guapa. Así que, sí, tienes muchas papeletas de ser una chica que me guste.

Un par de segundos de silencio. Siempre hay un par de esos incómodos segundos de silencio cuando hay malas noticias después.

– A ver… se trata de que este año me enamoré hasta la médula de otra persona, y de que, lamentablemente para mí, sigo estándolo…
– En realidad es lamentable, pero para mí.

Ella ignoró convenientemente mi vano intento de rebajar la incomodidad de escuchar que la tía que me gusta está enamorada de otro. Aunque yo ya lo sabía, claro.

– En septiembre, cuando te vi en el concierto, me di cuenta de que me alegraba mucho de verte. De que te tengo mucho cariño. Me pareces un niño estupendo y me río mucho contigo.
– Espera… eh… ¿un niño? ¿Me tienes cariño? o sea… ¿Te va el rollo madre?
– ¿Tú te crees que me despiertas el instinto maternal?
– No, no… es sólo que te ha faltado decirme que soy entrañable…
– Tonto… ya sabes a qué me refiero…
– Lo sé, lo sé. Pero también sé que soy muy buen tío y que te vendría bien salir conmigo. Aunque supongo que eso me descarta casi inmediatamente como posible novio. En realidad eso me descarta para la mayoría de las mujeres. Están de moda los tíos malotes.
– A mí no me van malotes en absoluto…
– Entonces tengo que descambiar la chupa de cuero que me he comprado…

Ahora sí conseguí que se riera.

– Lo malo es lo del tatuaje que me he hecho en la espalda…
– Para…
– Vale. Pero no sé muy bien cómo interpretar que me tienes cariño.
– Pues eso, que te tengo cariño.
– Pero cariño en plan… yo también te quiero, pero sólo como amigo. O en plan… bravo muchacho, sigue así y tendremos una bonita historia que contarle a nuestros nietos…

Otro par de segundos de silencio.

– Pues no lo sé… ahora mismo no pienso en nada así… lo siento.
– No tienes por qué sentirlo…
– A mí me gusta siempre la sinceridad, no soporto las mentiras, y procuro ser sincera siempre… te tengo un cariño muy grande, y de los de verdad. Pero me siento mal.
– ¿Por qué?
– Porque si me dieras igual no me costaría decirte las cosas así, pero no es el caso, y como sí me importas, pues me siento mal…
– Pues no te sientas mal. Ahora las cartas están sobre la mesa. Y, siendo sinceros, así tengo más posibilidades de que te enamores de mí. Soy francamente bueno en eso.
– ¿Por qué?
– Si te lo digo perderé el efecto sorpresa, ¿no te parece?

Volvió a reírse.

– Buena respuesta.
– Necesito algo de tiempo para que descubras al verdadero Sr K. Y, sobre todo, necesito algo de tiempo para que termines tu trabajo en Alemania y vuelvas a España permanentemente… creo que valdrá la pena esperar.

Sonrió. Y para concluir la conversación añadió:

– Mañana me ha dicho Risueña de hacer algo…
– Sí… a mí también me lo dijo.
– Entonces nos vemos mañana… ¿No?
– Claro…
– Hasta mañana – Y me dio dos besos.

Hoy ya es mañana. Casi es pasado mañana. No sé lo que haremos, pero… lo cierto es que la volveré a ver en unas horas. Heidi me gusta de verdad pero creo que en realidad no sé cómo están las cosas y si tengo posibilidades reales. Ni siquiera sé si debo de seguir picando piedra…

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¿Alguien ha visto Matrix? Qué tontería… todo el mundo ha visto Mátrix (excepto algún enfermo en coma y gente asocial). Os pongo en situación… azotea del edificio donde tienen a Morfeo secuestrado. Un agente dispara a Neo varias veces y Neo hace eso de echarse para atrás esquivando las balas.

Otra película. Top Gun. El F18 Tomcat de Tomcrús es perseguido por un Mig21 ruso. El Mig 21 ruso es mucho mejor avión y le tiene enfilado, apuntando con los misiles. Las alarmas del avión no hacen más que sonar y Tomcrús hace todo tipo de maniobras evasivas… el fin parece cerca.

Hay un clásico del spagueti wester de la factoría de los indescriptibles Bud Spencer y Terence Hill: Quien tiene un amigo tiene un tesoro. En realidad destaco esa porque es la única de la que me sé el título. Lo curioso es que en esas películas siempre se lían a golpes… curiosamente siempre con la mano abierta.

Cuarta película: Gorilas en la niebla. La investigadora se enfrenta con el macho alfa de la manada, el espalda plateada, el cual empieza a golpearse el pecho con los puños y a gruñir, emitiendo sonidos guturales propios de los animales salvajes. Mientras, la doctora se humilla y campea el temporal.

Cualquiera se preguntaría qué demonios tiene esto que ver con la vida real. Pues mucho. Os cuento:

Llevo dos semanas un poco malas en la oficina: Estoy dejando el tabaco. El tabaco que fumaba mi jefe en la oficina. Vamos, que mi jefe está dejando de fumar… y eso es algo inaguantable. Y como mi jefe no es nada egoísta, se dedica a compartir su mal humor con nosotros a todas horas. Pero no puede enfadarse sin más… busca un motivo.

Durante la semana pasada me libré tres veces de tres broncas. Gracias a que no borro ni un correo pude demostrar que cosas de las que se me acusaban no eran para mí. Así que, al igual que Neo en el rascacielos, esquivé las balas haciendo malabares.

Esta semana, al igual que en Top Gun, mi jefe ha estado detrás de mí todo el tiempo. Le sentía enfilándome con sus misiles y yo haciendo maniobras acrobáticas para evadirme. Pero cada vez más cerca…

Hasta que me ha dado hoy. Ha sido por un tema del que se suponía que tenía que estar enterado pero que, quien tenía que informarme no lo hizo y, luego, para quitarse el marrón de encima, simplemente me acusó. Con dos semanas para darme caza… mi jefe no ha entrado en razones y, al igual que Bud Spencer, me ha soltado un sopapo (es una forma de hablar) que ríete tú de la mano abierta del actor.

Pero claro… al ser algo completamente injusto, me he revuelto. Y, al igual que el gorila macho del lomo plateado, se ha golpeado el pecho., ha emitido sonidos guturales y ha hecho valer sus cojones como prueba irrefutable de que en el departamento se hace lo que él quiere…

¿Quién dijo que la vida no imita al arte?

En fin… como estoy un poco de aquella manera, alegradme el día entrando en la Taberna del Escocés, y leed mi primera aportación publicada. Se trata de un minirelato llamado “Entrevista de trabajo”… el primer b-side que publicamos.

Ah… y el dibujo que adorna el post también lo he hecho yo..

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Una de cine…

Llevo una temporada un poco desaparecido. Pero eso ya lo sabe quien quiera que siga este blog… que a juzgar por las últimas estadísticas, somos yo y otro. Normal, por otra parte… no escribo desde hace más de un mes. Vale que están los que entran buscando sexo, gracias a mis anécdotas y, sobre todo, a los títulos que pongo a alguno de mis post (llenos de palabras con significado sexual). Supongo que se van un poco decepcionados…

Hay varios motivos por los que no escribo.

Primero, por falta de tiempo. Estoy metido en varias cosas, y ya se sabe lo que dicen: el que mucho abarca poco achica. Así que he dejado el blog un poco en barbecho. Y ya lo siento. Pero entre todos los temas abiertos, hay especialmente uno en el que participo que consume mucho tiempo. Ya contaré próximamente más cosas sobre el proyecto en el que estoy participando, cuando haya una presentación oficial en sociedad. Sí que puedo adelantar que, entre las tareas de las que me estoy encargando, está escribir un guión de cine. Y es algo complejo. Sólo he escrito algo parecido una vez, y la verdad es que no tiene mucho que ver. Así que estoy leyendo mucho y escribiendo mucho. Y reescribiendo y volviendo a escribir. Una y otra vez. Tiene mucho trabajo y, sobre todo, hay que hablar un montón, en este caso con mi hermano, que es con quien estoy escribiéndolo. Así que nos pasamos el día discutiendo sobre tramas y subtramas, con sus correspondientes nudos de acción; relaciones entre personajes y arcos de transformación de esos personajes; anticipaciones y cumplimientos…

La cosa funciona un poco así: Se me ocurre una nueva peripecia para el protagonista y eso requiere añadir una anticipación algunas escenas antes. Una anticipación es una escena que prepara al espectador para lo que va a ocurrir, una especie de pista. Esa anticipación requiere, por ejemplo, cambiar algo en la personalidad de un personaje, que modifica la relación de ese personaje secundario con el protagonista. Hay que cambiar la presentación del personaje, lo que modifica un nudo de acción… por lo que hay que volver a escribir algunas partes de lo ya escrito… y vuelta a empezar. Imaginad el tiempo que se requiere.

Lo curioso es cómo se va transformando la historia poco a poco. Cómo va ganado en complejidad. Y lo que en un principio iban a ser treinta o cuarenta minutos, va ya camino de ser un largo. Y, aunque es bonito que sea así, un largo es muy complicado de hacer. Requiere tiempo. Más o menos, se graban unos diez minutos de película por cada día de rodaje, lo que para una película de hora y media tendríamos que rodar durante 9 días. Que serían más, teniendo en cuenta alguna de las localizaciones necesarias…

Por no hablar de la pasta. Hace falta dinero para hacer una película, y cuantos más minutos tiene, más dinero hace falta. No para pagar a técnicos o a actores, porque esa gente trabaja gratis. Al menos a estos niveles, porque nadie es profesional y todo el mundo quiere participar en cosas así para coger experiencia y currículo. Así que el dinero se destina al alquiler de material, grúas, focos, atrezzo o, si es necesario, alguna cámara suplementaria. Y el catering, claro.

Pero eso será más adelante. De momento estamos sólo con el guión.

Ya os contaré como va.

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Otra innovación. Esta vez, en lugar de ser un relato, es un guión de un corto de cine. Serían como 10 minutos de cortometraje y 7 personajes, con otras tantas localizaciones. Digo todo esto por si hay algún director de cine que quiera llevar esto a la gran pantalla…

**************** * ****************

Un puño golpea varias veces una puerta con los nudillos.

Antonio
Ramón, abre, que sé que estás en casa.
Ramón (voz en off)
Vete Antonio, que no quiero ver a nadie
Antonio
Viene alguien a verte, Ramón, y creo que te interesará…

Ruido de alguien corriendo y tropezando con algo y maldiciendo. Ramón abre la puerta de sopetón y se encuentra con Antonio, solo.

Ramón
Me has engañado. No hay nadie…
Antonio
¿Qué pasa… yo no soy nadie? No te da vergüenza encerrarte en casa como… ¿Pero que coño es esta peste? ¿Cómo has podido dejarte de esta manera? Si ella te viera en esta situación se descojonaría de ti en tu cara.

Ramón se da la vuelta y entra de nuevo en la casa. Antonio le sigue y va viendo el desorden y la suciedad de la casa. Cajas de pizzas con trozos secos dentro. Botellas de alcohol vacías tiradas por ahí. Fotos de Marga y Ramón felices. Llegan a la habitación de matrimonio, en completo desorden. Ramón se tumba en el suelo, al lado de la cama. Antonio hace el ademán de sentarse en la cama, junto a él.

Ramón
¡No! ¡Que deshaces la cama!
Antonio
Pero si está deshecha hombre…
Ramón
Todavía guarda su forma y su olor…
Antonio
¿Cuanto tiempo llevas durmiendo en el suelo, Ramón?
Ramón
Mucho.

Antonio mira a Ramón con cara de aburrimiento, abre el armario coge una camisa y se la da a Ramón.

Antonio
Tú y yo, amigo, vamos a tomar un poco el aire. Ya te estás vistiendo… pero antes dúchate, por dios, que parece que se te ha muerto alguien en el sobaco…

Ramón y Antonio están sentados en una mesa en el bar.

Antonio
Tienes que sobreponerte, hombre. Marga se fue. Supéralo. Las cosas terminan y lo vuestro se terminó. Pasa página, colega. Además… estar sólo no es tan malo… no rendir cuentas a nadie, ver todo el fútbol que quieras, volver a salir con los amigos de caza…
Ramón
Pero si llevas dos años sin comerte un rosco…
Antonio
Gracias por recordármelo, amigo. Eso hace que me sienta mejor… El problema es que las tías no saben apreciar lo que, para mí, son atractivos más que evidentes…
Ramón
Marga va a volver. Lo sé. Ella dice que es para siempre, que ha dejado de quererme. Pero creo que Marga tiene dudas. Ahora pensará y se dará cuenta de que es un error. Marga y yo no sabemos estar el uno sin el otro. Me llamará y volveremos a ser felices…
Antonio
Ayer mismo la vi en el bar riéndose a carcajadas. Jamás la había visto la boca tan grande…. No seas gilipollas.

Le suena el móvil a Ramón, y lo saca con nerviosismo del pantalón. Poniendo cara de “Te lo dije” a Antonio. Mira el número ilusionado y cuando lo ve parece extrañado.

Ramón
Perdona… ¿Ana?

Ana está delante de una centralita atendiendo llamadas. Lleva unos cascos con micrófono y mientras habla con Ramón presiona botones de la centralita, cortando llamadas entrantes.

Ana
Hola Ramón… ya me he enterado… ¿Cómo estás?
Ramón
Bueno… (Suspiro) he estado mejor…
Ana
Ramón, el mundo no se acaba con Marga. Anímate hombre. Hay más peces en el mar, y mejores que ella. Seguro. Además tú eres un tío muy majo…
Ramón
(Suspiro) No seré tan majo si me ha dejado…
Ana
No digas eso. Ya verás como se te pasa. Y ya sabes que estoy para lo que necesites… para hablar o lo que sea… ¿Quedamos luego para comer?
Ramón
Gracias, Ana… es que no sé si…
Ana
Venga hombre que te ayudará… Me escapo del curro un rato y me paso a las dos por tu casa, que me queda cerca. ¿Te va bien?
Ramón
Eh, si…
Ana
Pues allí estaré. Un beso Ramón.

Ramón cuelga el teléfono y lo mira extrañado, como pensando en algo que no le cuadra. Se encoje de hombros como descartando una idea estúpida y lo deja sobre la mesa.

Ramón
Era Ana… una amiga de Marga… me parece que he quedado para comer con ella
Antonio
¿Ves lo que decía? Eso está bien. Tienes que salir y divertirte, hombre… tienes que olvidar a Marga de una vez por todas… hay un millón de tías ahí fuera…
Ramón
Lo sé, tío, pero no puedo. No encuentro fuerzas ni para ir a trabajar. La echo tanto de menos… todo me recuerda a ella… Pero me va a llamar, tío, lo sé…
Antonio
Gilipollas

Le suena el móvil a Ramón, y se abalanza sobre él. Nuevamente mira el número con cara de ilusión y cuando lo ve parece incluso más extrañado que antes.

Ramón
Perdona Antonio… ¿Maite?

Maite conduce un coche entre mucho tráfico. Habla por el manos libres.

Maite
Hola Ramón… ya me han contado… ¿Cómo estás?
Ramón
Bueno… (Suspiro) tirando…
Maite
Ella no te merecía, Ramón. Verás como tendrás decenas de mujeres detrás de ti…
Ramón
(Suspiro) Pero seguro que no son como Marga…
Maite
Marga es invecil. Infantil y caprichosa. Las hay mucho mejores, ya lo verás. Darás con una que sabrá ver lo genial que eres… y lo atento… y lo guapo… Ya sabes que estoy para lo que necesites… para hablar o lo que sea… Estoy llegando a Madrid… ¿Tomamos un café luego?
Ramón
Gracias, Maite… pero no sé si seré buena compañía en este momento…
Maite
No voy a aceptar un no por respuesta… arreglo unas cosillas y me paso por tu casa a las cuatro. ¿Vale?
Ramón
Eh, bueno…
Maite
Pues allí estaré. Un beso Ramón.

Ramón cuelga el teléfono y lo mira extrañado otra vez, como pensando en lo que no le cuadraba antes. Sonríe levemente pero se encoje de hombros como descartando la idea y lo deja otra vez sobre la mesa.

Ramón
Era Maite… otra de las amigas de Marga… tengo que tomar café con ella en casa…
Antonio
¿Y tiene muchas amigas Marga?
Ramón
Unas cuantas… ¿Por qué?
Antonio
No, por nada… porque en estos dos años me podrías haber presentado a alguna… digo yo…
Ramón
La verdad es que tiene muy buenas amigas, Y están muy buenas. Pero ninguna es como mi Marga…

Le suena otra vez el móvil a Ramón, y lo mira con interés. Lo coge y mientras mira el número se arregla un poco el pelo con la mano.

Ramón
Perdona otra vez Antonio… no sé que pasa hoy… ¿Pili?

Pili esta en el gimnasio, sentada en un banco de estiramientos, con una toalla al hombro y unas mallas muy ajustadas. A su alrededor hay gente haciendo pesas…

Pili
¿Qué tal andas, Ramón? ya me han contado… ¿Cómo estás?
Ramón
Bueno… un poco mejor
Pili
Me alegro. Marga es así, Ramón. Nunca ha sabido valorar lo que tenía.
Ramón
Supongo que tienes razón…
Pili
Y tú vales mucho, hombre. Tienes que estar con una mujer que aprecie lo que es tener un hombre de verdad, que la cuide y proteja… Por supuesto que sabes que estoy para lo que necesites… para hablar o lo que quieras… ¿Quedamos esta tarde, y hablamos?
Ramón
¿Quedar? Bueno… Si quieres… pero no estoy para muchas fiestas…
Pili
La última clase la doy a las 4. Lo que tarde en ducharme y salir ¿Te va bien a las 5? El gimnasio está al lado de tu casa…
Ramón
Mejor a las 6… porque tendré que ponerme un poco decente…
Pili
Ok. Verás como lo pasamos MUY bien. Un beso Ramón.

Ramón cuelga el teléfono y sonríe un poco a Antonio. Lo deja otra vez sobre la mesa.

Ramón
Era Pili… luego viene a verme un rato en casa…
Antonio
Amiga de Marga… me imagino. ¿Y es guapa?
Ramón
Mucho… ojos verdes, piel morena… una preciosidad. Profesora de Aerobic. Con un cuerpazo… Casi tan guapa como Marga… bueno, como mi ex…

Le suena otra vez el móvil a Ramón. Mira el número y se coloca el cuello de la camisa y se acaricia la barba de una semana. Lo coge. Antonio pone cara de resignación.

Ramón
Disculpa… ¿Laura?

Laura está en su casa, delante de un armario en ropa interior muy sexy. Está eligiendo ropa que ponerse. Coge conjuntos muy sugerentes y los va tirando sobre la cama. Habla con voz sensual.

Laura
Ramón… pobrecito… ¿Cómo estás?
Ramón
Bueno… bien
Laura
Me gusta que digas eso. Marga es tonta, siempre lo ha sido. Hemos dejado de hablarle todas, si te sirve de consuelo…
Ramón
Tampoco está bien que rompáis una amistad de años por esto…
Laura
A mí nunca me cayó demasiado bien esa arpía. No es una buena amiga… no como yo… Porque sabes que estoy para lo que necesites… para hablar o buscar consuelo… ¿Me invitas a cenar esta noche, y me cuentas?
Ramón
¿En mi casa?
Laura
Claro. Yo llevo el vino… y una sorpresita para después…
Ramón
¿A las 10?
Laura
Allí estaré. Verás como lo pasamos muy bien. Un beso Ramón.

Ramón cuelga el teléfono y lo deja sobre la mesa. Sonríe a Antonio mientras asiente satisfecho.

Ramón
Era Laura… he quedado para cenar con la mejor amiga de mi ex… Joder, tío… ¡está como un tren! Menudo pibón…

Suena nuevamente el teléfono. Ramón ve el número y cuelga mientras echa mano a la cartera y deja un billete en la mesa.

Antonio
¿Era…?
Ramón
Sí… era Marga. Pero creo que no viene bien para mi recuperación que hable con ella. Yo invito. Oye, me marcho que tengo que arreglarme… y adecentar la casa. Ah! Y no te preocupes por mi. Me has ayudado mucho, colega. Eres un amigo.

Ramón se va y Antonio se queda en la mesa solo. Saca el móvil del pantalón y lo deja sobre la mesa. Lo mira con un gesto de súplica y le da unos golpecitos a ver si suena…

Fundido en negro. Suena el teléfono de Antonio. Antonio lo descuelga con cara de sorpresa y media sonrisa en la cara.

Antonio
Hola, Beatriz.

Beatriz está sentada en un parque, disfrutando del agradable sol de la mañana.

Beatriz
Hola Antonio. ¿Como estás?

Antonio mira a la cámara con cara de pillo e inmediatamente cambia de gesto y pone voz lastimosa.

Antonio
Bueno… he estado mejor…
Beatriz
Pobre… bueno, otro día te llamo y me cuentas. Por cierto… ¿No tendrías el teléfono de Ramón? Es que he oído que está mal y querría llamarle para animarle un poco… ¿Antonio? ¿Antonio estás ahí? Me ha colgado… mira que no querer ayudar a su amigo…

FIN

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Esta ha sido una Semana Santa realmente extraña. Para empezar no me he ido a ningún lado, creo que es la primera vez en mucho tiempo que esto se da… pero pese a que no me he ido a ningún lado, no he parado en casa. Y no he dejado de soltar pasta…claro que salir de casa lleva asociado el gastar dinero (y asistir a espectáculos más).

El jueves trabajé, a pesar de ser fiesta, y luego quedé con una amiga para ir al cine (La guerra de Charly Wilson). Luego cena y para casa… a las tantas. El viernes venía Bloody en visita relámpago antes de salir para Italia y, bueno, era obligatorio quedar con ella y con Benno. Lo de relámpago no es una forma de hablar… realmente fue algo tan rápido que casi ni nos vimos. Era temprano y había quedado tarde, así que, después de comer, otra sesión de cine (Los falsificadores). Luego, sesión de Teatro (Agustín Jiménez y sus monólogos), cenar, copas y para casa… otra vez a las tantas. El sábado comería en casa (una vez al año no hace daño). Y casi sin pausa, y sin siesta, salí disparado para el punto de reunión… esta vez había quedado con dos blogueras que venían de visita desde las lejanas, verdes y bellas tierras cántabras: Ali y Noe.

Llegué pronto al punto de reunión: un céntrico local de una conocida franquicia de cafeterías americanas… de esas con sillones de colores y café caro que te cagas, en vasos y cucharillas de plástico. Eso sí: puedes comprar tantas tazas con el logo de la compañía como quieras. Como no tenía intención de tomarme ningún café, sobre todo porque no tenía las tres últimas nóminas encima y, en fin, tengo mucho cariño a mis riñones como para empeñar uno, pero fuera hacía un frío de mil demonios (más que frío, un viento hipohuracanado, aunque por suerte ya no llovía), decidí meterme dentro y hacer como que miraba las tazas y las bolsas de café. El segurata no me quitaba ojo, pero no llegó a decirme nada.

Ali fue mi primera comentarista. En realidad, mi primera fan (hasta que yo la añadí como amiga). Y eso marca, supongo. Lleva ahí desde el principio, creo que empezamos nuestra andadura en la Comunidad el mismo día. Y seguí, en cierta forma, gracias a sus primeros comentarios… que son el pan del bloguero. Pero, pese a ser de las primeras, no tenía ni idea de cómo era… la única información que tenía era un trozo de foto, en la que sólo se le veían los ojos… y no demasiado bien, según pude comprobar después. Así que a todas las mujeres que entraban en el local las fui mirando a los ojos… a ver si reconocía la mirada triste de Ali (y no lo digo yo, lo dice ella).

Al final tuvieron que funcionar los móviles, porque ellas se quedaron fuera a la intemperie, mientras que el rudo montañero estaba dentro, esquivando al guarda de seguridad inquisidor. Y me las encontré fuera, dentro de unas cuantas capas de ropa, azotadas por el viento, entre la multitud, y las arranqué de allí, cayendo luego en la cuenta de que a lo mejor ellas preferían el café de aquel sitio… en lugar de otro más tradicional… con banquetas incómodas, pero con café con sabor a café (y luego unas cañas).

A ver, que hay curiosidad ya, seguro. Podríamos decir que de un vistazo Ali puede parecer pequeña. Pero eso es porque se trata de una gran mujer encerrada en un cuerpo pequeño. Al menos es lo que pude adivinar debajo de las varias capas de ropa que llevaba encima. Destacan y cómo destacan, unos ojos verdes, más bonitos que todas las cosas. Uno se percata de que, aunque es joven (yo no la echaría más de veintitrés años) tiene mundo y muchas cosas que contar. Y una enorme curiosidad. Para la gente superficial, diré que me pareció guapa. Para los que se decanten más por el carácter, diré que tiene un fino sentido del humor. Una mujer sin duda interesante.

Noe, a quien no tenía el placer de conocer ni de haber leído (aunque sí conocía su característico avatar manga con el que se identifica), es amiga de Ali esde hace más tiempo del que pueden recordar, y son de la misma edad. Al contrario que Ali, Noe es rubia, o tirando a rubia, pero también es pequeñita (algo que está por demostrar que sea malo). Me encantó su sonrisa, siempre presente en la cara, y me llamaron la atención los hoyuelos de sus mejillas y sus ojos brillantes. La verdad, otra preciosidad de mujer. Una preciosa mujer que me ganó completamente después de decir que “podrías dedicarte a la radio porque tienes una buena voz”. A eso le llamo yo regalar los oídos.

Hablamos de muchas cosas, de los blogs, de otros blogueros (pero en casi todos los casos para bien), de viajes, de lo mal que está la profesión de periodista, del intrusismo que hay (en el periodismo y en la informática), de escribir, de la radio, de más viajes, del Racing de Santander y su hinchada femenina, del pasado y del futuro. Hablamos tanto que casi no llegan a tiempo al musical que querían ver, y del que tenían entradas. Al final, no nos hicimos la foto de recuerdo del momento… pero es igual, nos la haremos cuando me pase por Santander más pronto que tarde.

Fue una lástima no escuchar el móvil cuando me llamaron a la salida del teatro, porque podría haberles enseñado un poco de la noche de la Ciudad, un poco muerta en Semana Santa… la próxima vez será.

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La abeja Maya (ojo, Maya, que no Amaya) tenía a Flip el saltamontes. Pinocho tenía a Pepito grillo… mi conciencia se llama Almanzor. Eso sí, es más grande, menos verde, no tiene tendencia a saltar, a no ser que suene música pachanguera… pero sermonea exactamente igual. Os comento.

Estábamos tomando una caña, haciendo tiempo para entrar en el cine. Un plan de Viernes Santo como otro cualquiera. Y estábamos charlando sobre el segundo tema favorito de los hombres… las mujeres. A quemarropa, Almanzor me espetó:

– A ti te gustan mujeres muy guapas
– Toma, claro, igual que a ti…
– Si… pero me refiero a que sólo te gustan mujeres muy guapas.
– No sé en qué te basas para decir eso…
– ¿Huracán?
– Muy guapa…
– ¿Y Lentillas?
– Bueno… sí.
– A Tofu no la recuerdo bien, pero creo que era guapa.
– Sí, tenía una cara muy rica… pero era bajita y andaba raro…
– Entonces guapa… ¿Y Morcillita?
– Joder, también guapa… y con un cuerpazo.
– ¿Ves?
– ¿Me estás llamando superficial? Vale, esas mujeres son muy guapas… pero tienen otras muchas cualidades… Morcillita era muy buena, y tenía un gran sentido del humor. Y no hace falta que te diga que Lentillas tiene un gran cerebro, es super inteligente y brillante… Huracán era fresca y divertida y una sorpresa cada día…
– No, no… no te estoy llamando superficial… es sólo que para que te fijes en las otras cualidades de una mujer… en la inteligencia, en el sentido del humor o en si es limpia o hace ecuaciones de segundo grado… antes tiene que ser guapa. Hay un montón de mujeres que te estás perdiendo sólo porque de primeras no te parecen guapas…
– Pues no sé, tío… a uno le gustan las mujeres que le gustan… ¿No?

Pero, como de costumbre, Almanzor me hizo pensar… ¿Cómo me gustan a mí las mujeres?

Pues sí, es verdad, me gustan las mujeres guapas… pero no todas las mujeres guapas me gustan. Tienen que tener algo más. Yo prefiero una chica que sea guapa al natural, que apenas se maquille o, si por lo que sea no puede pintarse, no piense que es una debacle. O sea, que no piense que su belleza es su principal baza. No me gustan las mujeres flacas, de esas que se llevan ahora, engendros andróginos patilargos, sólo piel pegada al hueso. Creo que una mujer tiene que tener curvas, vertiginosas en algún caso. Tiene que se ser femenina.

Para mí es importantísimo el sentido del humor… mi mujer ideal tiene que tenerlo. Yo disfruto con unas buenas risas, me gusta hacer reír. Le tiene que gustar reírse, sobre todo conmigo, y tiene que hacerme de reír a mí. Y esto os puede parecer muy maniático, me tiene que gustar cómo se ríe.

Si puede ser más inteligente que yo, tanto mejor (en esto, como veis, no soy muy exigente… a poco que sea un poco despierta, será más inteligente que yo). Me gusta aprender cosas nuevas, así que no tengo ningún problema en que me enseñe de lo que sea que sepa más que nadie. Me da igual que sea tímida o extrovertida, porque si es tímida, ya hago yo las payasadas por los dos… y si es extrovertida, le sigo el rollo sin problemas.

Si demás tiene pasta, mejor que mejor (pero no es importante).

Pero, sobre todo, tiene que ser buena. Que tenga yo que esforzarme por ser mejor persona… que me ayude a mejorar y que me haga ver cuando estoy equivocado (porque a veces me obceco en una idea y me resulta complicado apearme del burro).

¿Acaso es pedir demasiado?

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Descolgué el auricular y marqué los nueve dígitos del número de teléfono de Huracán. Evidentemente son números que me sé de memoria, ya que el ritual de llamarla se repite, invariablemente, todos los días al menos un par de veces… si no más. Y siempre que puedo uso el teléfono de la oficina… porque desde Morro – Tel las llamadas salen más baratas. En apenas dos tonos, Huracán descolgó el teléfono.

– Hola primo. – A veces me llama así.
– Hola preciosa… ¿Te pillo bien? – La pregunta estaba justificada ya que estaba llamando casi una hora antes de lo que suelo hacerlo. La razón era que en unos minutos me metería en una reunión y todo parecía indicar que se alargaría hasta después de la hora decente de la comida.
– Sí, claro. – Había un sonido inusual al otro lado de la línea.
– ¿Dónde estás? Hay mucho ruido…
– En el coche.
– ¿En el coche de quien? Tú no tienes coche…
– En el de Rico. Venimos de la piscina, de nadar.
– No me habías dicho nada…
– ¿Seguro?

Va por delante el hecho de que yo no soy celoso. Bueno, no mucho. Aunque hay cosas que me molestan un poco. Una de ellas, por ejemplo, es que a pesar de habernos visto el día anterior, y de haber hablado dos o tres veces por teléfono, Huracán, en ningún momento me dijo que hubiera quedado por la mañana par ir a nadar a la piscina. Y menos con Rico. Palabras como “Me voy a nadar con Rico a la piscina” me habrían resultado llamativas en una frase. O sea, me acordaría del detalle. Así que estaba absolutamente seguro de que no me lo había dicho.

¿Que quien es Rico? Rico es un amigo mío. Brevemente: Rico y yo conocimos a Huracán el mismo día. Nos la presentó un amigo común y, obviamente, nos gustó a los dos. A nosotros dos y a todos los demás que estaban allí. Lo que pasa es que los dos optamos por estrategias diferentes para alcanzar un mismo objetivo. Mientras yo me mantuve un poco a distancia, observando y evaluando, él entró más a saco. Al final él se cansó y yo continué con ese paso lento pero seguro que ya os he ido contando.

– Ah… pues dile que luego le llamo… que ayer se me pasó devolverle la llamada.- Y era verdad. Rico me había llamado el día anterior, pero yo estaba ocupado y no pude hacerle caso y luego me olvidé.
– Vale. ¿Luego vienes a casa? Recuerda que entro a las diez esta noche. – Esto sí me lo había dicho. Le había cambiado el turno a una compañera que necesitaba el día. Huracán es así.
– No creo que pueda. Tengo que pasarme por el centro a hacer unas compras de material que me falta y aprovecharé para ir a ver a Atenea que sigue recuperándose de la operación en la rodilla.
– Bueno, pues luego hablamos.

Diez minutos después me llamó Rico para darme explicaciones. Estaba entrando en la reunión y apenas pudimos hablar. Desde luego, no temo que Rico me la esté jugando. Es demasiado buen tío para eso. La historia es que él estaba de vacaciones y ella se aburre mucho por las mañanas. Eso sí, durante la reunión de objetivos de este año, no hice más que pensar en la razón por la que Huracán no me dijo algo tan relevante como que se iba a nadar con un amigo mío. Mi jefe hablaba, al menos le veía mover la boca, pero mi cabeza estaba en otra parte…

Al final las compras se me dieron mejor de lo que había pensado y a las ocho ya había conseguido todo el material que me hacía falta. Principalmente unas botas de montaña, porque las mías ya están muy viejas. Así que llamé a Atenea y me pasé a verla, a su casa, muy cerca de donde estaba.

Atenea es una amiga mía de hace tiempo. Alta, casi tanto como yo, delgada y (siendo parte de esta historia no podía ser menos) bastante guapa. Aunque lo más destacable sea su cabeza… rezuma inteligencia por todos sus poros. Imparte clases de filosofía en un instituto de secundaria y, a veces, creo que piensa que soy un alumno suyo, a pesar de que somos casi de la misma edad. En más de una ocasión he salido con deberes de una conversación con ella. Y me recomienda libros y webs donde profundizar en diferentes temas… Cuando consigo sacarla de sus casillas siempre termina con la frase “Esta conversación me aburre… es de nivel de cuarto de la ESO”. Y se queda tan pancha… Lo curioso es que Huracán siempre me dice que de mayor quiere parecerse a Atenea, aunque me temo que esta última le lleva varias décadas de ventaja leyendo libros gordos y sin casi dibujos. Le gustan los tíos que tocan la guitarra, así que a ver si se la presento a Benno un día de estos…

La rodilla ya la tiene mejor. Va a rehabilitación y ya está casi bien, aunque cojea ostensiblemente y todavía lleva muleta. Estaba tan bien que se iba al cine a ver la de “Deseo, Peligro” y me dijo que si la acompañaba. Dudé un momento… porque me daba tiempo a estar un rato con Huracán… pero por otro lado, tenía ciertas ganas de castigarla (entiéndase la expresión) por lo de la mañana. Así que decidí ir al cine. No quedaba lejos de su casa y, mientras caminábamos a su paso, seguimos hablando. Y como casi siempre que hablo con ella, yo estaba tan concentrado en la conversación (para estar a su altura) que ni me fijé en el cine, en las entradas ni en nada de nada…

Las luces se apagaron y, tras algunos trailers, empezó la película. A ver… yo de la película sólo sabía que era del mismo director que contó la historia de los vaqueros gays (que particularmente no me gustó demasiado) y que en china la habían censurado, quitándole media hora de escenas de sexo especialmente subidas de todo. Eso es más que suficiente para que cualquiera entre a verla, digo yo. Pero no sabía ni de qué iba, ni en qué época histórica era, ni nada. Para mi sorpresa empieza en la época de la ocupación japonesa en china, durante la segunda guerra mundial… un tema que me interesa. “Una de guerra”, pensé, “amores en época de guerra o algo así”. Y no iba desencaminado. Lo que pasa es que en lugar de una escena de tiros, empieza con cuatro chinas jugando al dominó (o su equivalente chino). Y hablando en chino (algo que para ellas debe de ser normal, pero que yo no controlo mucho). Eso sí, lo subtitulaban… que si mi marido esto, que si mi marido lo otro, que si envido, que si yo más… en fin. Lo normal. Yo seguía pensando cosas… lo primero era que, a lo mejor, hablaban en chino y no lo habían doblado porque la china protagonista luego se iría a occidente… bueno… en realidad no tenía ni idea de si la china protagonista era una de esas cuatro jugadoras… o si no había una china protagonista, sino que era de otra nacionalidad y por eso no habían doblado la parte china… y también me intentaba adelantar al argumento… lo que pasa es que no me cuadraba como podía enlazar una partida de dominó con escenas de sexo especialmente subidas de tono…

A los tres cuartos de hora de leer subtítulos y de no haber visto una teta ni de refilón, pero sí unas cuantas partidas de dominó (estaba empezando a preguntarme seriamente qué es lo que entienden los chinos por sexo y si ellos se reproducen partidas de dominó), una certeza se abría camino en mi cabeza… pero lo intenté confirmar con Atenea. En un susurro le pregunté…

– ¿La película es en versión original?
– Pues claro… en este cine sólo proyectan películas en versión original…

Y me hundí un poco más en la butaca. Al menos esta vez no habría charla coloquio después…

Eso sí… las escenas de sexo llegaron y no eran pornografía por apenas unos milímetros y, así entre nosotros, me apunté mentalmente poner en práctica con Huracán un par de posturas que salían en la película… después de algunos meses de entrenamiento ganando flexibilidad, claro. Y también, conseguir un juego de dominó chino… que parece muy entretenido…

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