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Posts Tagged ‘concierto’

Creo que ha llegado el momento de contaros en qué he andado metido durante el último año. Bueno… año largo. Se trata de un proyecto de carácter devolucionista, colectivo y multidisciplinar, que empezará su andadura el 21 de Septiembre. Un proyecto en el que trabajan más de 30 artistas de toda índole y condición y que hemos tenido a bien llamar…

La Taberna del Escocés.

La idea inicial es muy sencilla. Se trata de contar las desventuras de un grupo de personajes, que ahogan sus penas en un tugurio de mala muerte de un barrio portuario de una ciudad cualquiera. Son, pues, relatos de ficción con una trama que se desarrolla entre las paredes de La Taberna, regentada por El Escocés, un marino viejo y retirado. Las historias son de todo tipo: amor y desamor (no podía faltar), bandas mafiosas, un Tesoro que no termina de aparecer, músicos disidentes, asesinatos, venganzas… y, sobre todo, grandes dosis de humor.

Una banda de Blues, Blue Identity, ha transformado esos relatos en unas estupendas canciones, con un estilo que un profano como yo definiría como Blues Fusión. Aunque el lanzamiento oficial será el 21 de Septiembre, coincidiendo con el equinoccio de otoño, el viernes 18 a las 22:00 habrá una especie de preestreno en La Fídula (C/Huertas 57, Madrid) con algunas de las canciones (y a lo mejor hasta preparo unas palabras… me gusta el micrófono más que a un tonto un lápiz). Y al que espero que asistáis en masa (y por masa me refiero a muchos… y por muchos me refiero a que corráis la voz y llevéis a amigos, familiares y vecinos).

Para la parte gráfica del proyecto, un grupo de dibujantes está trabajando en la adaptación a cómic de las historias, sacando ilustraciones y diseñando una camiseta con la que esperamos obtener fondos para la publicación editorial del conjunto.

Es un proyecto devolucionista, como decía antes. Y eso consiste, en esencia, en que los autores y artistas del proyecto renuncian a los derechos de autor sobre sus obras. Todo queda devuelto al dominio público y cualquiera es libre de explotarlos, sin tener que pedir permiso ni darnos un euro de lo que saque. Sólo hay una obligación: Dejar bien claro la autoría de la obra.

¿Qué sacamos nosotros de todo esto? Aparte de la satisfacción personal, muchas otras cosas… pero eso es un tema del que hablaré en otro momento, porque tiene muchos ingredientes de filosofía y de denuncia social… y lo importante de este texto es anunciaros la presentación…

Sed buenos y pasaos por la web a echar un ojo. www.latabernadelescoces.org. Y no suelo decirlo, pero… votadme en Bitácoras. Sólo hay que pinchar en el botón de aquí abajo… es por una buena causa.

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Ayer, sábado, se cumplía el segundo aniversario del día que conocí a Huracán. Qué le vamos a hacer, yo recuerdo esas cosas. Llamadme sentimental, si queréis. O idiota. Lo acepto. Llamadme Capullo si ese es vuestro deseo. En realidad no tiene ningún mérito acordarme de esta fecha… entre otras cosas por que es la fecha en la que mi grupo de amigos de la montaña organizamos la primera salida oficial de verano… lo que viene a ser más o menos, la primera salida en la que lo más importante es pasar el mayor tiempo posible tumbado, refrescarse en las aguas heladas de una poza y, ya por la noche, asistir al tradicional concierto de música popular en el pueblo de turno. En realidad es como ir a la piscina, pero a una muy exclusiva y que no mucha gente conoce.

Este año no iba a ser diferente. Bueno, sí, este año no iba a invitar a Huracán a venir, como hice el año pasado. Entre otras cosas porque no me parecía adecuado y, bueno, trabajaba todo el día y no iba a poder. Así que podríamos decir que, si bien recordaría todo lo que hicimos aquella ocasión, y eso es posible que me dejara un poco melancólico, intentaría disfrutar del momento.

Quisieron los astros que no me acordara de Huracán en todo el día.

Corrió la voz de la jornada veraniega entre los amigos… y estos llamaron a otros amigos. Y algunas amigas llevaron a otras amigas. Y entre esas amigas de amigas estaba… Tofu. Sí… la misma chica que conocí el día de mi cumpleaños el verano pasado y con la que hubo un intento de establecer una relación (y digo intento porque después de tragarme una sesión de diapositivas inmensa, descubrí que no éramos de la misma forma de pensar `recisamente). Entre las 20 personas que asistieron a la convocatoria estaba ella, con unas pequeñas botitas de montaña y su cara preciosa mirándome desde el otro lado del claro, junto a su amiga. Estaba más guapa de lo que la recordaba, algo más morena y con el pelo un poco más largo. Los mismos labios carnosos y los ojos negros y grandes. Y sus pequitas juguetonas. Y su mismo pasado en el OPUS, y su vegetarianismo feroz. Nos dimos dos besos y ella, mientras me tocaba el brazo (algo que parece que se está convirtiendo en una costumbre), me preguntó por mi vida.

El cielo estaba nublado y, unas densas nubes negras parecían tener prisa por llegar a nuestro encuentro. No era un día para bañarse en aguas heladas, pero como ante todo somos montañeros, decidimos que daríamos una vuelta y, lo mismo con suerte abriría el día. No obstante, como medio responsable del grupo que soy, recordé a todo el mundo que no se olvidara de llevar el chubasquero… por lo que pudiera pasar.

Lo que pasó fue que a medio camino, en ese punto en el que da lo mismo avanzar que retroceder, porque estás a la misma distancia del coche elijas el camino que elijas, empezó a llover como si hubiéramos hecho algo. Una lluvia torrencial y salvaje, de grandes gotas. Y todo el mundo, como locos, fue sacando sus chubasqueros. ¿Todos? No, todos no. Tofu no tenía chubasquero… ella pensaba que lo llevaba pero se lo dejó en casa. Así que hice lo que cualquier hijo de vecino habría hecho en mi lugar… le di el mío.

Esto, que puede parecer un acto idiota, aunque muy cortés, es en realidad un acto muy idiota y sumamente peligroso para mi salud. Porque estaba lloviendo y no hacía calor precisamente… además, tenía ropa seca… pero no suficiente ropa seca. Por ejemplo: esos pantalones que se estaban calando eran los únicos pantalones que tendría todo el día… así que opté por quitármelos y guardarlos en la mochila. El resto se empapó. Para los curiosos diré que llevaba un bañador debajo.

Para que os hagáis una idea: yo tenía la pinta del que se ha metido vestido en una piscina y al que, una vez fuera, le han echado cubos de agua sin parar. Sólo que, además, empezó a granizar. Y extraviamos el camino, por la confusión que siguió al granizo… lo que añadió más caminata y más agua al global de la ruta.

Al final la cosa no pasó a mayores. Incluso salió el sol un poco. Y ese momento de paz permitió que Tofu y yo habláramos un rato. Resulta que sigue bailando, pero dejó la ONG. Esa actividad la cambió por ser cabeza de lista por su tierra en un partido político de esos alternativos en las elecciones de marzo. Incluso me animó a que me pasara por la sede para hablar con ellos porque “mis habilidades sociales les podrían venir bien”. Supongo que se referirá al hecho de que conozco a mucha gente. Decliné la oferta… si ya es complicado compaginar todas las actividades que ya llevo, como para meterme en más. También me dijo que seguía siendo vegetariana, pero que le había costado algún que otro disgusto y una o dos relaciones. Me dieron ganas de decirle que lo de ser vegetariana a lo mejor no era la causa… pero tampoco quería entrar en detalles. Eso sí: conseguí que se riera unas cuantas (muchas) veces. Es que soy encantador cuando quiero…

Bajamos al pueblo a comer de restaurante y a secarnos. Ella no se quedó al concierto, porque era muy tarde y su amiga se tenía que ir (aunque me ofrecí a llevarla a su casa si se quedaba). El concierto fue un poco demasiado malo. Y hacía mucho frío… yo al menos tenía el frío metido en los huesos. Todavía lo tengo, aunque el haberme pasado toda la mañana al sol ha ayudado mucho…

Ahora me iré a por Huracán a la salida del Hospital. Quedamos en que hoy cenaríamos juntos. Ella me insistió y yo no puse pegas… supongo que querrá contarme algo de su próximo viaje a Inglaterra. Está muy emocionada y es un tema recurrente cuando hablamos. Yo tengo otros planes secretos: digamos que celebraremos el aniversario aunque ella no lo sepa…

Por cierto, mientras caminaba bajo la pertinaz lluvia, no hacía más que tararear esta cancioncilla. Digamos que cierta persona podría haber protagonizado su propio musical de haber aceptado mi oferta…

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Nota del 11 de Febrero. He añadido un álbum de fotos con las mejores que hice el jueves en el concierto. Podéis verlas en el enlace: Concierto de The Homeless Bones en la sala Bourbon Cafe. Por cierto Eme, si quieres las originales me lo dices.

El resto del post es igual al que publiqué ayer.

Podría contaros que “hablé” con la chica sordomuda de la piscina (la que describí con todo lujo de detalles en el post Acoso Policial). Pero no lo voy a hacer, principalmente porque no encuentro en el teclado los símbolos adecuados. Y porque no estoy seguro de que lo que yo le dije sea lo que ella entendió… y viceversa. Lo importante de ese acontecimiento es que volví a la piscina y que, tras 1.200 metros de nado continuo (esta vez sin dolor de hombro), y ducha de agua caliente reparadora (esta vez sin caricatura de policía pesado), cogí el coche y me presenté en la ciudad, dispuesto a presenciar el concierto de Eme Navarro con su banda The Homeless Bones. Olvidándome de que era jueves y de que el viernes… no, el viernes no tenía que madrugar.

Una de las muchas cosas buenas que tuvo la jornada del amigo invisible de la Comunidad, es que me empapé del blog y de la música de Eme para escribirle el regalo que le hice (A mi amigo invisible Eme Navarro) y, bueno, descubrí que no sonaban mal… así que tenía ganas de presenciar un directo. Por eso me salté el estricto régimen de cenas que me estoy marcando, me armé de mi cámara de fotos bien surtida de pilas, y me presenté en el local del concierto sin la seguridad de que otros comuneros estuvieran allí. Pero qué demonios… soy joven, guapo (este punto es discutible, por supuesto), y tenía mi cámara de fotos… ¿qué más me podía hacer falta? Bueno… una cerveza bien fría en la mano… pero eso era algo que tardé bien poco en remediar.

Cuando llegué al local estaba cerrado, parecía que estaban preparando el escenario, pero ya había como una docena o más de chicas esperando para entrar. “Esto promete” me dije. Y no me equivocaba. A lo mejor no os habéis dado cuenta de un pequeño detalle… entre los 1.200 metros y el irme al concierto no hay más que una ducha de por medio… pero nada de cenar. Así que me metí en el bar de al lado a ver qué me podían dar de comer a cambio de una cantidad aceptable de moneda de curso legal. Para mi sorpresa allí estaban Eme, Benno y Johnny , pero nada de cenar. Y nada cené. En lugar de eso hablamos de fotografía, de los goya, del Canon, de la semana de la moda de Madrid, de mujeres, de juego y de vino. Lo que viene a ser normal cuando se juntan personas de mundo.

En la puerta del local había varias sorpresas más… Pat, nuestra guapa y flamante ganadora del concurso de la Gala de Los Goya, su amigo Javier y su amiga Reichel, de la que podréis leer una descripción muy completa en el post que le dedicó Pat hace algún tiempo. Para el sector masculino que lea esto, os diré que Pat no sólo no exagera al describir a su amiga, sino que se queda muy corta. Claro que esto se puede tomar como que ya me había bebido dos o tres cañas, tenía el estómago vacío y como dijo ese gran hombre que era Dinio… “La noche me confundió”. Pero no, tengo suficiente experiencia como para saber que no exagero lo más mínimo. En cuanto a su amigo, al que he llamado Javier, bien podría llamarse José… pero es que soy un desastre para los nombres masculinos… Así que si no se llama Javier, o José, y sí Jaime o Jorge… que todo puede ser, Pat, corrígeme, porfa.

El concierto comenzó. No soy crítico musical ni mucho menos… es más, no tengo ni idea de música… pero tengo decir que los The Homeless Bones suenan muy bien en directo. Podéis ver un ejemplo en el vídeo que grabé de la canción Lucky Man, compuesta por Eme en honor de su mujer. A toda la Comunidad… en Semana Santa van a grabar un disco en las tierras Gallegas (Por qué allí y no en Torrelodones, es algo que sólo ellos saben). Lo digo porque es muy recomendable… y como cantan en Ingles, pueden pasar por algo del otro lado del charco… que mola más. Supongo que eme nos avisará cuando tengan el disco.

 

Después del concierto seguimos con las charlas, las cervezas y las risas. Reichel se marchó un poco antes que los demás, prometiendo que se apuntaría aun B&B. Por cierto, ella me ha cambiado el nombre y ahora soy el Señor Gusano (queda por aclarar que eso sea bueno o malo). Al final llegué a mi casa a las 3 de la mañana. Bastante cansado pero satisfecho. Una noche interesante de música y gente… la lástima es que no nos quedamos a la fiesta Sexy que empezó justo después del concierto. Por cierto, en una de las fotos aparece un ser (no me atrevo a definirlo de otra manera) que no es de la Comunidad… pero que se acercó y me vi obligado a sacarle una foto. Son las cosas que tienen el que a uno le confundan con los chicos de la prensa.

Hasta aquí la crónica del Sr Capullo para los cuarenta principales.

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Entre el trabajo y la visa social, no tengo un rato para nada. De vez en cuando en el curro, echo alguna ojeada a algún blog… pero no tengo demasiado tiempo para comentar nada. Me temo que hasta el jueves voy a andar de cabeza… así que tened un poco de paciencia. La verdad es que me iba a acostar (mañana entro muy temprano a trabajar) cuando he visto el mensaje de Patita y, bueno, me ha entrado cargo de conciencia… así que os cuento lo que pasó el sábado.

Arreglarse para salir es todo un ritual. Soy de los que prefieren la modalidad Huevo-Ducha, sobre la de Ducha-Huevo, por ser mucho más higiénica, aunque hay de todo en la viña del señor Paco. El resto del ritual suele ser muy parecido la mayor parte de las veces. La ducha siempre con agua caliente, independientemente de la época del año que sea. El afeitado, preferiblemente con cuchilla, agua caliente, jabón de la isla de la Toja y brocha de cerdas naturales. La crema para después del afeitado (que escuece como su puñetera madre, sobre todo en la zona de los cortes, inevitables por otra parte)… aveces todo aderezado con algo de música, otras veces escuchando la liga…depende de la hora y el día. El ritual de siempre. Y el sábado no fue menos…

Hay que decir que el sábado me sentía especialmente guapo. No sé si os pasa a veces eso de mirarte al espejo y decir… “Oye, tú eres un tío muy guapo” mientras pones caras seductoras. De igual forma, también se da el caso contrario… “Joder…¿Dónde vas con esa cara de mandril verrugoso?” mientras las miradas seductoras de días atrás te parecen muecas horribles. Pues el sábado era uno de los días Ego Por Las Nubes. Una actitud tremendamente interesante habiendo quedado con Huracán.

El plan no era exactamente lo que habría preferido. Para empezar había demasiada gente. Pero es que últimamente hay demasiada gente siempre. Lo que debería haber sido una cena romántica a la luz de las velas para dos personas, fue un picoteo en una terraza en una mesa para diez. Pero Huracán estaba impresionantemente guapa,con una camiseta de tirantes blanca muy escotada y un pantaloncito muy corto también blanco, que hacía destacar dos cosas: su todavía moreno cuerpo y el sensual lunar de su pecho izquierdo. La tenía a mi lado en la mesa y, eso sí,hablamos más entre nosotros que con todos los demás.

Después, alguien comentó que en un local de por allí tocaba un grupo en directo, así que nos fuimos para allá toda la panda… y algunos más que se nos fueron juntando. El local estaba atestado de gente, pero parecía estar bien. La única pega: sólo tenían cerveza Bud.

Cuando empezó el concierto estábamos en las primeras filas. Pero a las dos canciones, una delos Beatles y otra de los Rollings, Huracán me dijo que tenía problemas con una lentilla y el foco de luz negra. No veía nada y prefería irse más atrás, donde el foco no la molestaba, y lejos de los altavoces. Así que le dije al primero que pillé de mi grupo que nos íbamos al fondo del local, por si decidían marcharse.Y nos sentamos en un cómodo sofá de cuero rojo (quien dice cuero, dice perfectamente plasticuero), con una cerveza Bud en la mano (quien dice cerveza dice perfectamente aguachirri) y con la música de U2 de fondo (quien dice U2 dice perfectamente una banda que imitaba a U2).

Hablamos de todo un poco, bastante pegados, porque aunque la música de la banda estaba algo lejos, todavía había ruido suficiente en el ambiente como para no escucharnos bien.Al final salió, como me temía, el tema del Policía. Aunque la novedad fue que Huracán se rió de lo tanta que había sido. Comentamos varias situaciones, como la de las bragas en la cara por ejemplo, y nos reímos bastante. Decidí que podía ser un buen momento para comenzar un ataque. Planté a mi caballería por el flanco:

– Creo que te equivocas a la hora de elegir a tus hombres.- Le dije a su oreja.
– ¿Por?
– Porque son los típicos chulitos de barrio, buenorros, sí, pero acostumbrados a tener a cuantas mujeres se les antojan… para ellos no eres más que una más, una muesca en la culata del revólver. Usar y tirar. – La infantería tomó posiciones – Tú te mereces a alguien para el que fueras la no va más, que supiera apreciar tu alegría, tu inteligencia, tu vitalidad… para quien hacerte feliz fuera una máxima… – La artillería apuntó con cuidado a las defensas enemigas – que no sea muy guapo, que no sea muy alto, más bien castaño…

Me separé de su oreja para ver la reacción de mis palabras. Huracán tenía el ceño ligeramente fruncido y la boca abierta en el comienzo de una “O”, quizá una “O” de asombro o quizá una“O” de pena. Creo que ella supo antes que yo lo que pasaría a continuación.

Tatarataratarataratarataratará!!! En el argot militar sería una carga en toda regla. La infantería corriendo por el campo de batalla, con la caballería barriendo los flancos y con fuego de cobertura de la artillería, machacando las defensas del enemigo. En la vida real se resume en dos palabras: La besé.

Einstein lo plasmó completamente en su teoría de la relatividad. La gente cree que es una teoría matemática que habla de la velocidad de la luz y de energía y cosas así. Yo creo que habla de un beso. Porque durante el beso, el tiempo es completamente relativo. Uno puede estar durante horas besando a alguien y pensar que ha pasado sólo un segundo, o puedes dar un beso de un segundo y pensar que es toda una vida. Sinceramente, no sé cuanto tiempo duró este beso.

El beso. Porque no hubo ningún otro. Huracán me miró desconcertada, me imagino que preguntándose qué demonios había pasado. Se levantó del sofá, cogió su bolso y, un poco nerviosa,dijo:

– Lo siento… tengo que marcharme… esto me ha pillado desprevenida…

Y se fue.

A pesar de lo que se pueda pensar, me sentía satisfecho. Vale, a lo mejor no vuelvo a ver a Huracán nunca más… pero tengo la sensación de que hice lo correcto. Puse las cartas sobre la mesa y ahora vamos a ver qué tal va la jugada.

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Con un poco de retraso (hay que ver el tiempo que consume el gimnasio) aquí os presento el siguiente capítulo de mis desventuras.

Huracán volvió de la playa el jueves por la noche y yo la llamé al día siguiente, con la sana intención de proponerle un plan para el sábado. Era un plan magnífico y prácticamente imposible de rechazar… salvo que algún “camarero guapo” hubiera hecho uso del teléfono durante los días previos. La idea: pasar la mañana del sábado en el campo, exactamente en el mismo río cantarín y de frías aguas donde la conocí un año atrás. Baños, pozas, chapoteos, biquini y sol… todo ello en un entorno espectacular… y solitario. Para completar el día, el plan tenía una cena en un restaurante romántico y asistir a un concierto. Lo sé, una apuesta fuerte. Pero el “yo tipo duro” estaba al mando en esta ocasión…

Podría estrellarme, claro, pero es que me relamía sólo de recordar aquel momento en el que Huracán se metió en el agua un año atrás, (os recuerdo: agua helada), con su pelo ensortijado suelto al aire de la mañana, su piel morena apenas tapada por un pequeño bikini de color verde, sus… eh… su brillante sonrisa… sus ojos negros clavados en los míos y su voz juguetona diciendo…

– Joder, tengo los pezones tan duros que voy a romper el bikini.

Para algunos esa frase sería propia de la más vulgar entre las más vulgares camioneras de los peores barrios bajos de las peores ciudades barriobajeras del mundo. Pero a mí, señores, me pareció como si la mismísima diosa Venus me hubiera susurrado al oído las más bellas palabras que una diosa pudiera decir a los, por otra parte, sorprendidos oídos de un pobre mortal. Y, evidentemente, no pude evitar darme cuenta de que efectivamente tenía razón. Y, a la vez, percatarme de que el agua helada de la poza, en la que yo me encontraba sumergido hasta la cintura, no era suficientemente helada como para mitigar los “efectos secundarios” del comentario…

Así que no es de extrañar que me preparara un pequeño guión con todo lo que tenía que decir y en el orden correcto. Cualquier cosa menos dejar a la improvisación un tema tan importante. Primero un poco de charla intrascendente. Luego interesarme por su semana en la playa (con un resultado interesante; mucho descanso, mucho tomar el sol y muchos mimos por parte de su tía. Ningún comentario sobre médicos, policías, camareros o chicos en general). Y luego, entrar a matar.

– Tengo una proposición indecente para mañana… a no ser que algún camarero guapo tenga algo que decir en contra…
– Al final no me ha llamado… lo que siempre me pasa con los hombres…
– Oh!, pobre… – mentí como un bellaco mientras brincaba, saltaba, y hacía el gesto de Rafa Nadal al meter un punto… – seguro que ha aparecido alguna niña tonta por el bar y lo ha engatusado.- Ningún momento es malo para meter una cuña en contra de un rival (no hay que olvidar que los gusanos de seda, además de hacer el capullo, son seres que se arrastran, o sea, rastreros)
– Seguro… bueno ¿Qué me vas a proponer?
– ¿Te acuerdas lo que pasó hace un año?
– No.- Estaba previsto que no se acordara. De momento el plan iba como lo había preparado.
– Te voy a dar una pista. Un río…
– ¿Qué río?
– Uno con pozas… nosotros bañándonos…
– ¡El día que nos conocimos!
– Eso es… pues te propongo que hagamos lo mismo… todo el día al sol, bañándonos… como en una piscina, pero en un entorno natural…
– ¡Que guay!
– Y luego… te invito a cenar y a un concierto de los “…”.
– ¡Vale!… espera… no puedo.
– ¿Por qué? – Tenía previstas una veintena de posibilidades. Amigas u amigos, familia, roturas de cañerías, incendios y hasta un maremoto. Sólo tenía que esperar la respuesta adecuada.
– Es que el domingo trabajo todo el día y, después de toda la semana en la playa, tengo la casa manga por hombro y un montón de plancha pendiente…

No me lo podía creer. No había previsto la plancha. ¿Qué podía decir? Estaba sin argumentos. Así que solté lo más obvio:

– Pues no lo hagas. Ya habrá tiempo otro día…
– Es que si no plancho tendré que ir desnuda por la calle…
– ¿Y cual es el problema? Ahora hace calor y…
– La verdad es que debería ir… los “…” siempre me han gustado y… pero es que tengo que hacer lo que tengo que hacer… si cambio de idea te mando un mensaje esta noche… ¿Vale?
– Vale… pero va a estar muy bien… ya verás.

Pero no hubo tal mensaje. O no llegó, que también puede ser… así que me fui de todas maneras a pasar el día al río y, por la noche, al concierto… celebraría el aniversario, aunque fuera yo solo… no fue lo mismo, pero bueno.

Siguiente capítulo de la historia: En el Spá

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