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Posts Tagged ‘encerrona’

Mi madre está preocupada por mí. Es eso o quiere un nieto a toda costa. Estaba yo en mi casa tranquilamente un domingo por la tarde cuando me empezó a sonar el teléfono. Era mi madre y me decía que estaba a punto de hacer un chocolate caliente y unos churros, por si quería pasarme por allí a merendar.

Chocolate y churros son dos palabras que me resultan muy atractivas cuando están juntas (y separadas… ¿A quien pretendo engañar?), así que me fui para allá tan rápido como pude. Con lo primero que pillé para ponerme.

A ver, era domingo, yo estaba en casa y me iba de visita a ver a mi madre. Así que no iba de punta en blanco. Es más, llevaba puesto el chándal de estar en casa y el forro polar de la montaña, unas zapatillas viejas que tengo para todo tipo de ocasiones, y una camiseta raída por el uso. Estaba peinado de milagro (más que nada porque el pelo tan corto no se puede despeinar).

Junto al chocolate y a los churros estaban mi hermano pequeño y su novia, con los que tengo suficiente confianza como para darme igual si me ven en chándal, en calzoncillos o en traje regional laponés si es menester… pero, además, se habían traído a una joven desconocida con ellos. Una amiga.

A eso lo llamo yo una encerrona.

Rubia, probablemente, estatura media, mona de cara y de labios muy carnosos. Podríamos decir que atractiva a falta de un segundo vistazo. Mi madre sabía por mi hermano que es soltera y, cuando llegó a casa, pensó que podría “organizar” un encuentro. Para que nos conociéramos.

Si algo surgió ese día lo más probable es que fuera una indigestión.

Dos días después operaron a mi madre. Nada grave en principio: Le han quitado una cosa que tenía y le han puesto una cosa que no tenía. Lo que le han quitado es un juanete, y lo que le han puesto es un hierro que le sale del dedo medio del pie. Tiene forma de gancho y sería muy útil para colgar a mi madre del techo y que ocupara menos espacio. Claro que no creo que se dejara… menuda es mi madre.

La intervención, por lo visto, es muy rutinaria y sólo tuvo que estar hospitalizada una noche. Así que prácticamente ha sido un visto y no visto. Aunque me temo que la recuperación será mucho más lenta. Más que nada porque lo que han hecho ha sido romperle, literalmente el pie, para recolocar todos los huesos en la forma que tiene que tener un pie. La función del hierro en forma de alcayata se me escapa de momento.

Al darle el alta fui al hospital a recogerla. Entré en la habitación y me senté en la cama, con cuidado de no rozar el gancho que le salía del dedo. Me dijo que me quedara por allí porque tenía que pasarse una enfermera “Muy guapa” a hacerle la última cura. El uso de ese adjetivo me puso en guardia inmediatamente. Mi madre no usa esos adjetivos a la ligera, así que me imaginé que la cosa iría más o menos en la misma línea que los churros del domingo.

Cuando entró la enfermera fui presentado como “Este es mi hijo el mayor. Está soltero ¿Sabes?”. Y me extrañó que no usase mis apellidos “Es limpio y gana bien”. Por suerte no dejaban estar a los familiares durante los trabajos de curación.

Cuando íbamos en el coche volvió a sacar el tema de la enfermera.

– Es que nosotros ya estamos mayores y pronto vendrán los achaques, y una enfermera de nuera…

No sé si mi madre quiere nietos, está preocupada por mí o, en realidad, se quiere asegurar a una profesional que la cuide cuando sea viejita… a precio de coste.

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