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Posts Tagged ‘Frankfurt’

En esta historia hay sexo. Lo pongo en el título, lo pongo en los tag y lo digo. No esperéis un final asombroso como el del Trío de la semana pasada. Al final hay sexo y podríamos decir que salvaje (o todo lo salvaje que puede ser el sexo con una mujer que no se depila las axilas). He estado tentado a dividirlo en dos entradas, para no perder la costumbre de mantener la intriga y tal. Pero no he encontrado la manera de hacerlo sin estropear la historia. Así que aconsejo leerlo con tranquilidad. Incluso imprimirlo y leerlo en el metro o en la cafetería. Aquí tenéis la historia.

Mi primer viaje al extranjero fue a Rusia, como ya conté en la saga del ruso Boris, pero el primer viaje de mi etapa adulta fue en el verano de 2002. El año de la ola de calor y de las inundaciones de Munich… por si no lo recordáis. Durante casi cuatro semanas recorrí Francia, Holanda, Alemania, Bélgica, Suiza y Barcelona. Dentro de mi cronología particular, fue justo el verano en que Morcillita me presentó al que ahora es su actual marido. Tras coincidir con ellos en varios lugares decidí que tenía que salir de allí… y, a ser posible, que me pasaran un millón de historias. Claro que eso es más fácil de decir que de hacer.

La diosa fortuna puso en mi camino nuevamente a Dulce, precisamente en esas fechas. Dulce fue la amiga que me presentó a Cometa y con la que realmente tampoco es que hubiera perdido el contacto… pero no hablábamos tanto como antes. Quedamos una noche para salir por ahí, me contó su vida (yo omití los detalles dolorosos de la mía… es que no soy de mucho lloriquear) y, casi sin darme cuenta, me invitó a hacer el Interail con varios amigos suyos. Yo no me lo pensé dos veces y me apunté.

Reconozco que por aquella época yo no era la mejor compañía, porque no estaba en mi mejor momento. No era lo que se dice un tío simpático. Sobre todo porque cuando no estoy bien me sale una vena cínica – sarcástica realmente desagradable e insoportable. Aún era demasiado reciente todo lo pasado con Morcillita y, por así decirlo, estaba dolido con las mujeres en general. Y si algo había en ese viaje, eran mujeres. Todos los chicos se fueron rilando hasta que sólo quedaba yo… uno contra cuatro…

Habíamos viajado por el centro de Francia, recorrido en coche la Bretaña, visitado París, Bruselas y Ámsterdam, el norte de Alemania y Berlín…y dimos con nuestros huesos en Frankfurt, el epicentro económico de Europa. La idea era estar sólo por la mañana y luego, a media tarde, coger un tren hasta Friburgo, una pequeña localidad situada como a dos horas de distancia. Allí estaríamos 4 o 5 días, recorriendo la zona y nos separaríamos temporalmente. Ellas irían a casa de una amiga suya a dormir, y yo me quedaría en el albergue de juventud de la ciudad. Digamos que el ambiente no era demasiado bueno por aquel entonces así que esa pequeña separación me vendría bien.

Tampoco ayudó mucho a mejorar el ambiente el hecho de que por mi culpa perdiéramos el tren a Friburgo. Me entretuve comprando unas postales y se me fue el santo al cielo… claro que no fue algo irreparable. Había trenes cada hora y sólo tuvimos que esperar un poco. Pero una de las amigas de Dulce me gritó. Me gritó muchas cosas, algunas muy ciertas… pero no me gustó que me las gritara. A mí no me grita ni mi padre, y menos una tía histérica. Así que me enfadé mucho. Para chulo yo. Me retiré unos metros de ellas y esperé al tren enfurruñado. Cuando por fin llegó me metí en el primer vagón que pillé.

Era el de fumadores, pero no me importó. Además, estaba todo el vagón vacío así que no había nadie fumando. Y me dispuse a pasar las dos siguientes horas hundido en oscuros pensamientos. Pero la diosa fortuna no me dejó. No me deja tranquilo demasiado tiempo…

A los veinte minutos el tren hizo su primera parada en un pueblo de nombre irrepetible (el día que repartieron las vocales el pueblo no pudo asistir). No había mucha gente en la estación, pero apenas les presté atención, estando como estaba enfurruñado en mis propios pensamientos. Así que tampoco me di cuenta quien era la persona que estaba trajinando en el asiento al lado del mío. Sólo pensé que, habiendo vagón de sobra para todos, tenía que ponerse precisamente junto a mí. Claro que se lo perdoné.

Mujer (esa era una baza importante a su favor), piel blanca, casi transparente, de pelo largo, pelirroja. Ojos verdes detrás de unas pequeñas gafas redondas, labios carnosos, cuello largo con un lunar justo debajo de la barbilla (me vuelven loco los lunares). Estaba vestida con una falda oscura, creo que con flores moradas o algo así, sandalias a juego, y una camiseta de tirantes del mismo color, debajo del que se intuía un cuerpo pequeño. No era la mujer más guapa del mundo, pero era muy atractiva. Sin duda la más atractiva del vagón. Y por alguna extraña razón, teniendo todo el vagón libre para ella sola, había optado por sentarse a mi lado. Eso a uno le levanta el ego… ¿No os parece?

La chica, a la que, en un derroche de imaginación, llamaré Pelirroja, intentaba meter un petate militar enorme en el portaequipajes. Sin pensarlo dos veces, me levanté y le ayudé a ponerlo, como caballero que soy. Era muy pesado y me costó.

– Danke schön.- Me dijo en un correcto alemán.
– Bitte schön.- dije yo. Después de casi una semana en Alemania, algo se me tenía que haber pegado. Y, añadí en un perfecto inglés – Your backpack is very heavy. I think you are an amanzingly strong woman… – (lo que quise decir era que su equipaje pesaba un huevo y que ella tenía que ser poco menos que la versión femenina del Increíble Hulk para moverlo)

Por supuesto le hizo mucha gracia. Creo que tiene algo que ver con el tono de voz, o mi cara… o con mi inglés de las afueras de Logroño.

– I’m Pelirroja.- Me dijo, dándome la mano. En realidad su nombre era muy bonito y muy latino… pero por mantener la costumbre, la apodo.
– I’m Sr K.- Y se la estreché, en contra de mi voluntad. Yo soy más de dos besos, sobre todo con mujeres atractivas.
– ¿Sr K?
– Yes… it’s my nickname… – Y le expliqué de donde venía y por qué me llamaban así. De momento nos manteníamos en niveles de inglés de cuarto de la ESO. Eso sí, de seguir por este camino acabaría diciendo lo de “mi padre es pobre pero mi sastre es rico”… – Where are you from? – Le pregunté. Todavía me quedaba el recurso del “How old are you?”
– Liepzig.- Me sonaba que por allí hubo una batalla de Napoleón con los Prusianos, pero no estaba seguro de saber explicarme, y, de todas maneras, no creí que le importara mucho. Así que sólo sonreí y asentí.

La conversación siguió, claro. Me preguntó de donde era y qué hacía en Alemania… si estaba sólo y por qué, si no lo estaba, mis amigas estaban en un vagón diferente… que si me gustaba Alemania… etc. Ella me contó que iba a Friburgo a ver a unos amigos, que tenía 25 años y estudiaba algo que no entendí en la universidad. Lo normal de dos personas que no se conocen. Tampoco es cuestión de poner toda la conversación, ¿No?

Llevábamos hablando en inglés un buen rato. Creo que no había hablado inglés tanto tiempo nunca. Ni sumando todas las frases pronunciadas en mi vida. Y no se me estaba dando mal. Al menos ella se reía cuando tenía que hacerlo… y parecía que nos estábamos entendiendo.

Le dije que tenía un color de pelo muy peculiar, y me dijo que era teñida. En realidad su pelo era rubio platino pero que, al cortar con su novio, había decidido teñirse… y se le ocurrió que el rojo podía estar bien. En España la mayoría de las mujeres darían su mano derecha por ser rubias naturales y ella… se había teñido de rojo. Ver para creer. Por cierto, el novio era también el padre de de su hijo de 5 años.

Me dijo que le gustaba como sonaba nuestro idioma. Y me pidió que le dijera algo en español… ¿Qué le podía decir? No se me ocurrió nada que decirle… excepto…

– Creo que eres la cosa más bonita que he visto en mi vida. – Lo dije en un susurro, en un tono que a mí me pareció muy sensual. Muy seductor. Al menos a mí me lo pareció, insisto.
– Wonderful… What do you mean?.- No había contado con que querría una traducción. Debí de ponerme colorado y ella insistió…
– Eh… Esto… bueno… verás…I think that you are the most beautiful thing that I’ve ever seen in my live.- De perdidos al río, ¿no?

Ella sonrió y perló los ojos (otra palabra que siempre me hizo ilusión usar)

– Thak You…

A partir de ese momento la conversación se volvió algo diferente… ella empezó a decir que los alemanes eran unos sosos, y que las españolas tenían suerte de tener a “tan buenos amantes”. Yo le di la razón, obviamente, y le comenté lo difícil que es decir algo bonito con un idioma tan “fuerte” como el alemán. Yo me basaba en las películas de la Segunda Guerra Mundial para decirlo, claro. También le dije que había un poco de mito con lo del Latin lover… y me dio la razón. No le gustaban los italianos… por el contrario defendía al Spanish Lover y afirmó que ella “nuca había estado con ninguno”. Y fue el momento en el que solté una frase que hasta a mí me sorprendió…

– Do you want to test one?

Ella abrió mucho los ojos y se mordió el labio inferior mientras sonreía. Y dijo una sola palabra en un perfecto y correcto castellano. Quizá una de las palabras más bonitas que hay en nuestro idioma:

– Si.

Y se dio la paradójica situación de estar comiéndole los morros a una chica a la que no había dado dos besos… Sabía a tabaco, pero en ese momento no me importó.

Del resto no entraré en muchos detalles, pero os diré que terminamos en el minúsculo baño del vagón. Ese que está todo integrado y es metálico, y casi no entra una persona, como para que entren dos. Yo me senté en el baño (sin apenas pensar en los miles de usuarios que lo habían utilizado antes que yo para cosas relativamente menos placenteras) y ella se me puso encima. Enseguida se había quedado sin la parte de arriba y mientras me peleaba con el cierre del sujetador (morado con puntillitas… creo que una 90 copa B, aunque no estoy del todo seguro), ella me mordisqueaba la oreja y me dijo varias veces:

– Talk to me in Spanish, talk to me in Spanish…

Algo así como si fuera Wanda, de la película un Pez llamado Wanda, pero en lugar de pedirme que hablara italiano, tenía que hablar español. ¿Qué puede decir uno en esos momentos? O sea, porque ponerte a decir las cosas que dicen en las películas porno (“Vamos nena”, “Dale duro”, “Así, sigue”)… como que no… así que me puse muy descriptivo. Estro es, iba relatando lo que hacía en cada momento. Así que si alguien que supiera castellano hubiera pasado cerca del baño del vagón (y no queda descartado que alguna de mis compañeras de viaje lo hiciera), habría escuchado cosas como “Te cojo una teta con la mano” o “Hay que ver la de pelo que tienes aquí, Pelirroja” o “lleva cuidado porque eso que tienes en la boca es una parte muy querida de mí mismo”. A lo mejor no eran frases tan elaboradas… pero os hacéis una idea.

Por cierto… comprobé que era rubia natural.

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