Feeds:
Entradas
Comentarios

Posts Tagged ‘gato’

Hace unos cuanto años mi cuñada adoptó un gatito. Tenía apenas una semana y era todo cabeza y ojos. Atigrado y con unas garras como agujas, apenas se podía mantener en pie. Como ella tiene otros gatos mayores, me pidió el favor de cuidárselo hasta que fuera lo suficientemente grande como para que le pusieran una vacuna para no sé qué enfermedad de gatos.

Yo no soy mucho de animales, pero accedí. A pesar de que había que darle un biberón cada poco tiempo y que el bicho maullaba cuando lo dejaba sólo en la cocina por la noche. Al final terminó durmiendo en mi habitación. Él en su cesta y yo en mi cama. Bueno… en realidad debería de decir más bien “ella”.

Yo la llamaba “Lucifer”, que me parece un nombre genial para un gato. A mi cuñada no le gustaba porque decía que no era un nombre para una hembra, a pesar de que “Luci” como diminutivo sí podía ser femenino. Así que decidí llamarla “Muerte”, que es femenino y más molón que Lucifer. Y, usando el adjetivo “pequeña” delante, había un juego de palabras muy majo. Pedro mi cuñada no debió de pillarlo y al final decidió llamarla “Mimí”, que es la cosa más cursi que he oído nunca. Escribir “Mimí” me hace pensar en lazos rosas y cosas como “tutús”. Y muchos tirabuzones y nubes de algodón de azucar.

Los primeros días de “Muerte” en mi casa fueron muy duros para ella. Supongo que echaba de menos a su mamá y no paraba de maullar. Aunque tragaba del biberón como si su vida dependiera de ello. En realidad dependía de ello, claro. Pero apenas salía de debajo del jersey viejo que constituía su abrigo, dentro de la cesta que constituía su casa.

A los pocos días la descubrí husmeando el borde de la cesta, aunque volvía a desaparecer dentro del jersey en cuanto me veía aparecer. Digamos que se convirtió en una especie de juego entre los dos. Era eso, o tenía atemorizada a la mismísima muerte.

Un par de días después se atrevía a pisar el cojín sobre el cual estaba la cesta. Y al poco tiempo se aventuraba ya a olisquear la alfombra sobre la que estaba el cojín. Ni que decir tiene que el gatito empezó a desaparecer debajo de cualquier sitio y cogió la costumbre de seguirme por toda la casa. A veces la dejaba dormir sobre mi tripa, mientras yo estaba recostado viendo la tele… pero dejé de hacerlo cuando se me cagó encima. Me estropeó alguna camiseta con sus uñas y descubrí que no le gustaba que le cogieran la cabeza y le hiciera la “minipimer”, porque me mordía y arañaba. Tenía mucho carácter la gata.

Hicimos buenas migas.

Cuando se la llevó mi cuñada, “Muerte” era un tigre encerrado en el cuerpo de un gato de nombre cursi.

En esto he pensado hoy mientras caminaba por un barrio periférico de un pueblo periférico. Un barrio en el que nunca había estado y en un pueblo en el que nunca había pensado estar. Y me acordé de cuando era pequeñito y no me dejaban bajar sólo a la calle, o cuando sí me dejaban salir a la calle sólo, pero sin cruzar la carretera.

Me acuerdo de la primera vez que fui a los recreativos del centro comercial sin el permiso de mis padres (¡Y eso que había que cruzar una calle de 4 carriles!). Pero es que había un simulador de La Guerra de las Galaxias y eso lo justificaba todo.

Mi territorio se ampliaba día a día y del centro comercial pasé al barrio de al lado, y de ese al otro extremo de la ciudad. Aunque un viaje al pueblo más cercano suponía una aventura todavía… ahora creo que no hay demasiadas barreras y me aventuro a lugares nuevos y, sobre todo, muy lejanos y exóticos. Y me sonrío cuando me acuerdo de mis tiempos debajo de un jersey viejo.

¿Qué hacía yo en un barrio periférico de un pueblo periférico? Pues muy sencillo. Había ido a recoger mi coche. Lo estaban arreglando. Al final, resultó que no era nada de los que me habían dicho, y lo era todo a la vez. Pero no me ha costado casi nada. ¿Por qué? Por que me lo ha arreglado el padre de la chica rubia del perrito feo

Ahora tengo que devolverle el favor invitándola a cenar.

¿Tengo o no tengo suerte?

Botón de Bitacoras
Etiquetas: , , , , , , ,

Anuncios

Read Full Post »

Ayer se me hizo muy tarde en la oficina. Tan tarde como que eran las diez de la noche cuando salí por la puerta. Obviamente no había nadie en el edificio, excepto el guarda de seguridad y la señora de la limpieza, y casi no había ni un alma por la calle. Normal: Las nubes negras, pero negras como el carbón, prometían algo más que unas cuantas gotas inocentes. Los rayos confirmaban esa idea y la carga eléctrica en el ambiente erizaba el pelo de la nuca. Por suerte el coche estaba muy bien aparcado en la misma puerta de la empresa.

En la radio hablaban sobre el partido de España del domingo y de San Iker Casillas, y se me ocurrió la idea de que molaría tener un San Sr K. En realidad creo que algo de eso hay, aunque no soy creyente. Y en estas estaba cuando noté algo raro. La rueda delantera derecha del coche parecía no ir del todo bien. Así que aparqué en un vado y me bajé a ver qué pasaba…

Pinchazo.

Con cuidado llevé el coche hasta una gasolinera cercana para intentar proceder al cambio de rueda. Mientras tanto la tormenta seguía amenazando a cierta distancia, y los truenos decían en su idioma “Te vas a cagar, chavalote”. Ni que decir tiene que era primordial la velocidad. Lo que habría dado yo por tener un equipo de mecánicos a lo Fernando Alonso… pero en lugar de eso tenía una llave endeble, un gato y una rueda de repuesto… y mucha presión en el ambiente.

Levanté un poco el coche con el gato, lo justo para poder aflojar los tornillos de la rueda. Con la llave hice fuerza para aflojar un tornillo. Bbuuufffff!!!!Ya estaba… me había roto algo por dentro. Otro intento… Bbuuunnnnnfffff!!!!Nada. Empecé a pensar que los tornillos estaban soldados a la llanta. Una gruesa gota resbalo por mi cara. Por suerte sólo era sudor. Pero la tormenta estaba casi encima de mí.

Como hago siempre que tengo un problema, di un paso atrás y reflexioné sobre ello. A ver… tenía un gato, una llave endeble y una rueda de repuesto. Obviamente no era suficiente para solucionar el problema ¿Con qué otros elementos contaba? Con un móvil. Coño… haber empezado por ahí… F1 ayuda. Pero… ¿No iba a ser capaz de resolver el problema yo solo? Joder… maldito orgullo. Nuevo planteamiento. A ver… tenía un gato, una llave endeble y una rueda de repuesto…

En ese momento la puerta de atrás de la gasolinera se abrió y salió una chica espectacular. Espectacularmente grande, quiero decir. Debía de ser de mi tamaño y peso, más o menos. Pero en chica. Y con coleta. Bueno, y con una gorra amarilla a juego con el uniforme de dependienta de la gasolinera. Se proponía hacer algo completamente inapropiado, tratándose de una gasolinera: fumarse un pitillo.

– ¿Te puedo echar una mano? – Me preguntó.
– No sé… ¿Tienes una llave mejor que esta? Es que es una mierda…
– No, lo siento. ¿No puedes quitar los tornillos?
– No, que va… lo he intentado todo, pero es que se dobla la llave…
– Déjame que pruebe – me dijo, aunque añadió por el bien de mi ego – aunque si tú no has podido yo no creo que pueda.

Y con el pitillo en la comisura de los labios y arremangada agarró la llave con las dos manos y haciendo fuerza dijo: Bbuuunnnnnfffff!!!!Ya sé que era mi rueda, la tormenta estaba encima nuestra y era prioritario para mí salir de allí, pero os aseguro que deseé que no pudiera aflojar el tornillo. Lo sé, es un pensamiento muy estúpido.

Obviamente no pudo. Y respiré aliviado. La chica se terminó el pitillo y volvió a entrar en la tienda. Así que me quedé solo otra vez. Bueno, yo y la tormenta. Nuevamente me planteé el problema y enumeré las herramientas con las que contaba. Un gato, una llave endeble y una rueda de repuesto… y, menuda tía más grande… a ojo de buen cubero, rondaría los 90 kilos… joder… como yo…

Y me pitó el ordenador. No había contado con el otro elemento disponible: La Gravedad. Tenía que probar. Así que me quité la camiseta, quedándome con el torso desnudo, y con el viento que se había levantado y los rayos a mi espalda, casi parecía una versión de andar por casa de un dios vikingo. Me escupí en las manos (más por imagen que por ser algo necesario) y agarré la llave con las dos manos. Apoyé todo mi peso encima y todos mis músculos se tensaron (aunque no se notó debido a la capa de grasa subcutanea)… Bbuuunnnnngggggggfffff!!!!

El tornillo cedió.

Sabiendo lo que tenía que hacer, sólo había que repetirlo otras tres veces. Al final conseguí poner la rueda más o menos rápido, aunque terminé tiznado de negro por todo el cuerpo. Cuando entré en la gasolinera para lavarme, la chica grande no estaba. No pregunté por ella… seguramente me dirían que allí no trabajaba ninguna chica grande… es que mi San Sr K adopta las formas más extrañas para ayudarme…

Por cierto: empezó a llover en el momento en que arranqué el coche para irme…

Read Full Post »