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Posts Tagged ‘noche’

Esta semana el club de los jueves sólo tiene una norma: Cada relato, de temática libre, tiene que empezar con la frase “Era una noche húmeda”. A mí hay algo que todavía me sorprende del taller. A pesar de las limitaciones que nos imponemos y de que todos hablamos del mismo tema, al final salen cosas completamente diferentes. Esta semana creo que nos hemos superado. Aquí tenéis mi aportación. Por cierto: acepto sugerencias sobre la “naturaleza” de mis personajes…

Era una noche húmeda. O, al menos, eso fue lo que escribí en mi libreta. En realidad era una noche lluviosa, de ésas en las que nadie desea estar en la calle. Hacía frío y llovía a cántaros. Pero no me importó lo más mínimo. Soy un profesional, de la vieja escuela, y una noche de perros no es suficiente para que deje de hacer mi trabajo. Así que seguí anotando profesionalmente en mi libreta reglamentaria.

El hombre rodeó con su brazo a la muchacha, con un gesto protector, mientras los dos se guarecían debajo del paraguas y continuaban caminando calle abajo. Continué escribiendo. Escribía rápidamente mientras caminaba al ritmo de la pareja, observándoles sin perderme un detalle. Son ya años de práctica. Como parte de mis funciones está la de ser rápido escribiendo y la de saber hacerlo en movimiento. Y, bueno, ser completamente invisible. No invisible en plan transparente. No. Invisible de pasar desapercibido. Por eso mis pasos son siempre silenciosos y un observador atento sólo habría escuchado el roce de la punta del bolígrafo contra el papel

Se pararon debajo de un farol, ignorando la lluvia, y se miraron a los ojos durante un instante, que pareció eterno. Fue lo que escribí. Por suerte la pareja se había detenido y era más sencillo escribir. Un relámpago iluminó durante una fracción de segundo el cielo y me permitió ver con claridad lo que ocurría. Había contemplado una escena como ésa miles de veces.

Él se inclinó y la besó en los labios intensamente. Garabateé en la ya húmeda libreta. Estaba expectante, esperando más acontecimientos que escribir. Pero estos no se produjeron. Seguían besándose. Durante varios minutos. Añadí. ¿Qué se sentirá? Me sorprendí a mí mismo pensando. Sé que ese tipo de pensamientos no son muy profesionales, y me recriminé por ello. Ignorando por completo el agua que les empapaba. Escribí para ocupar mi mente en algo más productivo. Por puro instinto y por haber registrado cientos de escenas como ésa supe que algo más iba a pasar y que tenía que acercarme un poco más a ellos.

Te quiero. Susurró ella. Y apunté obedientemente cada palabra.

Te quiero. Dijo él. Quedó registrado.

Él acarició con el dorso de la mano la mejilla de la muchacha, mientras la miraba… Giré la página para continuar al otro lado …a los ojos. Había escuchado esas palabras miles de veces. Como parte de mi trabajo era muy habitual. ¿Qué se sentirá? Me volví a sorprender pensando. Estaba desconcertado… nunca antes había tenido estos fallos de concentración. Sus ojos brillaban. ¿Por qué se mirarán así? Él la volvió a besar y ella se abrazó a su pecho con fuerza. ¿Qué se sentirá al saber que eres lo más importante para la otra persona? Este pensamiento me descolocó por completo. Me distraje y no escribí en la libreta algunos acontecimientos siguientes. Por suerte los añadí después al informe aunque… me da vergüenza admitirlo… no están completos…

– No pasa nada. Es una escena de enamorados del tipo Alfa. Habitual.
– Aún así creo que merezco un castigo.
– ¿Quieres que te degrade?
– ¿A… registrador de segunda clase?
– Desde que iniciamos el departamento de Historias Personales no habíamos tenido un Registrador tan bueno como tú…
– Pero estos errores…
– Has pasado demasiado tiempo con ellos… me temo que te estás humanizando
– ¿Humanizando? Pero eso es horroroso…
– Lo sé… lo que haremos será destinarte un tiempo al Archivo. Allí estarás lejos de las pasiones humanas y las tareas monótonas te permitirán recuperarte… estarás en plena forma en poco tiempo. La Eternidad no se puede permitir el lujo de perder a su mejor Registrador…

Hay más relatos húmedos y nocturnos en las casas de:

Ana
Cástor Olcoz
Crariza
Crguardon
Elefantefor
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Escocés
Janpuerta
Odisea
Karmen-JT
Pat
Reichel
Rosa
Un Español más

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Yo no he sido siempre este tío despierto y de mundo que soy ahora. Bueno… ahora tampoco lo soy, a decir verdad, pero imaginaos cómo sería antes. Pues sí: un completo pardillo.

Mis amigos Bob y Panceta y yo mismo apenas salíamos de nuestro pequeño territorio. La noche de la gran ciudad nos era prácticamente desconocida, amenazadora y, sobre todo, logísticamente complicada. Al no disponer de coche, nos veíamos en la obligación de coger el último búho, a las dos de la mañana, o el primer tren, a las seis… lo que era una apuesta arriesgada: podías estar pasándotelo de puta madre a las dos, pero darte el bajón a las cuatro… con dos largas horas de espera para el tren. Así que casi nunca nos la jugábamos: Nos quedábamos en nuestro territorio.

Aquella noche fue especial. Panceta celebraba un ascenso en su recientemente adquirida carrera laboral (que luego resultó un cargo infernal del que salió trastornado). Y habíamos conocido a unas tías muy divertidas que, bueno, nos sacaban unos pocos años… pero que conocían la noche de la ciudad… principalmente porque ellas la habían vivido desde sus comienzos. Cosas de la vida, al final una de ellas resultó ser la mujer de Panceta, aunque esa es otra historia.

Entre unas cosas y otras nuestras anfitrionas se marcharon y todavía era relativamente temprano (estábamos en esa hora intermedia en la que no teníamos forma de volver a casa). Así que Panceta y yo decidimos investigar la noche por nuestra cuenta. Como no conocíamos ninguna zona, todas tenían un enorme abanico de posibilidades para nosotros. Elegimos una al azar y nos fuimos para allá.

Al llegar por la zona, un tipo aparentemente normal nos abordó por la calle y nos dijo:

– Chavales, si queréis tomar una copa y pasar un buen rato id a este local.

Y nos entregó una papeletilla de color rosa en la que había una pantera rosa dibujada y un nombre de garito: La pantera Rosa. ¿Y por qué no? Si no conoces la zona, tanto da que da lo mismo, ¿No? Panceta y yo nos miramos y pensamos lo mismo…

– Vale, vamos

Supongo que al tipo le pareció rarísimo que alguien le dijera que sí. Luego aprendí que a los relaciones públicas (a no ser que estén muy buenas) no se les hace caso… pero yo era un crío por aquel entonces.

– Venga, seguidme que os llevo

Y le seguimos, claro. El tipo supongo que no quería soltar la presa, ahora que se había hecho con ella. Dos gacelitas prácticamente imberbes a huevo… Le seguimos por calles estrechas y empinadas, doblamos esquinas con restos sospechosos y fuerte tufo a orín, y terminamos delante de un local con una enorme Pantera Rosa de neón de color rosa, lógicamente. El tipo descorrió una pesada cortina roja con su brazo y nos invitó a que pasáramos.

Supongo que el que descorriera una pesada cortina roja para entrar tenía que haber sido una pista determinante que nos indicara el tipo de garito al que habíamos accedido. Pero lo tomamos como algo anecdótico y seguimos dentro.

El interior del local era viejo y ajado, de un rosa descolorido y casi podríamos decir que sucio, aunque no era fácil de saber, ya que la luz tenue y los cuadros de mujeres desnudas en aptitudes claramente sexuales confundían mucho. Al fondo había una barra enorme con un tipo fornido y negro sirviendo unos tragos a tres señoritas de faldas de cuero muy cortas, medias de rejilla y tacones altos, sentadas en tres taburetes de esos que están anclados al suelo. Excepto ellas tres y el negro, nosotros dos éramos los únicos humanos en la sala.

Las tres señoritas se dieron la vuelta y nos miraron. Cuando hicieron eso nos dimos cuenta de varias cosas. La primera era que las tres señoritas esas no eran tales, sino que, en fin, podrían ser consideradas señoras sin ningún tipo de esfuerzo. La segunda cosa de la que nos dimos cuenta fue de que en aquel local aparte de alcohol y tabaco, se vendía otra clase de mercancía.

Panceta y yo nos miramos. Desde luego era una exploración de la noche de la ciudad con la que no habíamos contado ninguno de los dos. Una de las señoras de la barra, con voz rota por un uso intensivo de tabaco, en al menos cuatro décadas, nos sacó de nuestra comunicación silenciosa.

– Hola guapos – y tosió – ¿Queréis pasar un buen rato?

Obviamente la respuesta fue la única respuesta posible.

No sé cual de los dos inició la carrera hacia la calle, pero lo cierto es que en dos o tres segundos estábamos otra vez en el oscuro callejón. Ligeramente asustados, pero con el firme convencimiento de que las noches de los siguientes años serían tranquilas y no nos despertaríamos en mitad de la oscuridad, empapados en sudor y gritando como posesos, con horrorosas visiones de señoras en minifalda y con medias de rejilla atormentándonos hasta hacernos llorar…

Digamos que hasta ese momento, cuando pensaba en prostitución me imaginaba a Julia Roberts en Pretty Woman y no a la abuela de alguien…

Y a una primera siempre hay una segunda vez…

Espero que os haya gustado. En otro orden de cosas, he añadido más fotos al álbum que publiqué ayer con las fotos del concierto y del monólogo. Digamos que ahora sí hay fotos del concierto y del monólogo. Gracias Un Español Más por el reportaje fotográfico.

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Este fin de semana me marché de turismo a Barcelona, con unos amigos. Almanzor, Rico, Gataparda, Atenea y Risueña. Un viaje relámpago para visitar la ciudad y pasar el fin de semana. Eso sí, los deberes estaban hechos, y el voto depositado en la oficina de correos (antes es la obligación que la devoción, dicen).

Antes de que los comentaristas Barceloneses se enfaden por no avisar, diré que no he dicho nada de mi visita a la ciudad principalmente para evitar que mis compañeros de viaje se enteraran de mi condición de Blogero, y descubrieran al Señor Capullo… Sigo empeñado en separar los diferentes aspectos de mi vida, a pesar de que ya no esté Huracán. Habrá otros viajes pronto y sin compañía… lo prometo.

Yo había estado en Barcelona dos veces antes. Una, la primera, por turismo al finalizar el Interail, viendo museos, iglesias y todos los edificios del genial Gaudí que se me pusieron por delante. La segunda, de feria, sin demasiado tiempo para disfrutar de una ciudad que me encanta. Esta, la tercera… pretendía conocer la noche Barcelonesa y lo que se pusiera por delante.

Así que a eso de la una de la mañana, después de dejar las maletas en la habitación del Hostal, refrescarnos un poco y esperar a que las chicas se pusieran guapas (esta última operación se alargó algo más de una hora y media de tediosa espera que casi terminó con la paciencia del sector masculino del viaje), salimos a conocer la marcha nocturna de la ciudad más vanguardista de España.

Supongo que ser la vanguardia de la cultura en España tiene su precio. 16€ de vellón costaba la entrada a la sala de moda. Pero con dos consumiciones, eso sí. Lo que viene a ser (en mi opinión) el canto de sirena de que te dan dos consumiciones con la entrada, obligándote a consumir dos copas que no habrías tomado de no pagarlas. Pero era lo que tocaba y se trataba de conocer cosas. Ya dentro nos enteramos que lo de las dos copas era hasta la una de la mañana. Yo, a esa hora, estaba sentado todavía en la recepción del Hostal… pero bueno.

Tengo que admitir que había muchas mujeres hermosas en el local. Muchas. Profundos escotes, vestidos cortos, caras bonitas y un gran abanico de edades. Incluso había algún tío bueno (a juzgar por los comentarios de mis amigas). Así que todos estábamos servidos.

Yo no soy muy bailongo. Que se tiene que balar, pues bailo, pero sólo si es necesario y la recompensa supera la inversión de energía. No sé quien dijo que el baile es la culminación vertical del deseo horizontal. Y tenía mucha razón. Así que, excepto admirar a las bellezas catalanas, beber mi copa, y escuchar la música electrónica, no había muchas expectativas de éxito para esa noche. Supongo que mis amigos pensaron lo mismo. Y me puse a pensar en mis cosas.

Me di cuenta de que había varias fuerzas poderosas interactuando en ese momento a nuestro alrededor. Tan poderosas que ríete tú de la Gravitación universal. Plantearé la teoría. Por un lado estaba lo que convine en denominar “Atracción Débil”, o lo que es lo mismo, la atracción que nosotros, los tres chicos de mi grupo, ejercíamos sobre el sexo femenino. Esta fuerza se mide en mujeres por hora y no acepta decimales. Luego teníamos la fuerza contraria, que llamé, “Impulso negativo fuerte”, o lo que es lo mismo, la capacidad de repeler a la tías. Se mide en metros y viene a ser la distancia que ponen de por medio las mujeres en cuanto nos acercábamos.

Por el contrario, también actuaba la “Atracción Fuerte”, o lo que es lo mismo, la atracción que ejercían nuestras amigas a los maromos de alrededor. Por último, y para terminar esta clase de física discotequera aplicada, os introduzco en el concepto “Repulsión de Carga”. Todo el mundo sabe que dos fuerzas del mismo tipo e intensidad suelen repelerse, así que, si tenemos elementos que ejercen “Atracción Fuerte” (nuestras chicas) cerca de otros elementos que ejercen “Atracción Fuerte” (otras chicas guapas) se produce un efecto de repulsión francamente interesante.

En la práctica todo este rollo pseudocientífico es para decir que, las chicas guapas que veíamos se largaban en cuanto nos acercábamos y, en su lugar, aparecían maromos intentando ligarse a nuestras chicas. Muchos maromos. Así que, bueno, optábamos por movernos de sitio y volver a comenzar el experimento.

Muy divertido.

Almanzor y yo decidimos marcharnos pasadas las tres de la mañana. Él había quedado con alguien el sábado por la mañana y yo… bueno, pretendía hacer algo de turismo por la ciudad. Y pasaba de sentirme como una partícula subatómica chocando de protón en protón. Los demás se quedaron.

Mañana cuento más.

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Nota del 11 de Febrero. He añadido un álbum de fotos con las mejores que hice el jueves en el concierto. Podéis verlas en el enlace: Concierto de The Homeless Bones en la sala Bourbon Cafe. Por cierto Eme, si quieres las originales me lo dices.

El resto del post es igual al que publiqué ayer.

Podría contaros que “hablé” con la chica sordomuda de la piscina (la que describí con todo lujo de detalles en el post Acoso Policial). Pero no lo voy a hacer, principalmente porque no encuentro en el teclado los símbolos adecuados. Y porque no estoy seguro de que lo que yo le dije sea lo que ella entendió… y viceversa. Lo importante de ese acontecimiento es que volví a la piscina y que, tras 1.200 metros de nado continuo (esta vez sin dolor de hombro), y ducha de agua caliente reparadora (esta vez sin caricatura de policía pesado), cogí el coche y me presenté en la ciudad, dispuesto a presenciar el concierto de Eme Navarro con su banda The Homeless Bones. Olvidándome de que era jueves y de que el viernes… no, el viernes no tenía que madrugar.

Una de las muchas cosas buenas que tuvo la jornada del amigo invisible de la Comunidad, es que me empapé del blog y de la música de Eme para escribirle el regalo que le hice (A mi amigo invisible Eme Navarro) y, bueno, descubrí que no sonaban mal… así que tenía ganas de presenciar un directo. Por eso me salté el estricto régimen de cenas que me estoy marcando, me armé de mi cámara de fotos bien surtida de pilas, y me presenté en el local del concierto sin la seguridad de que otros comuneros estuvieran allí. Pero qué demonios… soy joven, guapo (este punto es discutible, por supuesto), y tenía mi cámara de fotos… ¿qué más me podía hacer falta? Bueno… una cerveza bien fría en la mano… pero eso era algo que tardé bien poco en remediar.

Cuando llegué al local estaba cerrado, parecía que estaban preparando el escenario, pero ya había como una docena o más de chicas esperando para entrar. “Esto promete” me dije. Y no me equivocaba. A lo mejor no os habéis dado cuenta de un pequeño detalle… entre los 1.200 metros y el irme al concierto no hay más que una ducha de por medio… pero nada de cenar. Así que me metí en el bar de al lado a ver qué me podían dar de comer a cambio de una cantidad aceptable de moneda de curso legal. Para mi sorpresa allí estaban Eme, Benno y Johnny , pero nada de cenar. Y nada cené. En lugar de eso hablamos de fotografía, de los goya, del Canon, de la semana de la moda de Madrid, de mujeres, de juego y de vino. Lo que viene a ser normal cuando se juntan personas de mundo.

En la puerta del local había varias sorpresas más… Pat, nuestra guapa y flamante ganadora del concurso de la Gala de Los Goya, su amigo Javier y su amiga Reichel, de la que podréis leer una descripción muy completa en el post que le dedicó Pat hace algún tiempo. Para el sector masculino que lea esto, os diré que Pat no sólo no exagera al describir a su amiga, sino que se queda muy corta. Claro que esto se puede tomar como que ya me había bebido dos o tres cañas, tenía el estómago vacío y como dijo ese gran hombre que era Dinio… “La noche me confundió”. Pero no, tengo suficiente experiencia como para saber que no exagero lo más mínimo. En cuanto a su amigo, al que he llamado Javier, bien podría llamarse José… pero es que soy un desastre para los nombres masculinos… Así que si no se llama Javier, o José, y sí Jaime o Jorge… que todo puede ser, Pat, corrígeme, porfa.

El concierto comenzó. No soy crítico musical ni mucho menos… es más, no tengo ni idea de música… pero tengo decir que los The Homeless Bones suenan muy bien en directo. Podéis ver un ejemplo en el vídeo que grabé de la canción Lucky Man, compuesta por Eme en honor de su mujer. A toda la Comunidad… en Semana Santa van a grabar un disco en las tierras Gallegas (Por qué allí y no en Torrelodones, es algo que sólo ellos saben). Lo digo porque es muy recomendable… y como cantan en Ingles, pueden pasar por algo del otro lado del charco… que mola más. Supongo que eme nos avisará cuando tengan el disco.

 

Después del concierto seguimos con las charlas, las cervezas y las risas. Reichel se marchó un poco antes que los demás, prometiendo que se apuntaría aun B&B. Por cierto, ella me ha cambiado el nombre y ahora soy el Señor Gusano (queda por aclarar que eso sea bueno o malo). Al final llegué a mi casa a las 3 de la mañana. Bastante cansado pero satisfecho. Una noche interesante de música y gente… la lástima es que no nos quedamos a la fiesta Sexy que empezó justo después del concierto. Por cierto, en una de las fotos aparece un ser (no me atrevo a definirlo de otra manera) que no es de la Comunidad… pero que se acercó y me vi obligado a sacarle una foto. Son las cosas que tienen el que a uno le confundan con los chicos de la prensa.

Hasta aquí la crónica del Sr Capullo para los cuarenta principales.

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