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Posts Tagged ‘peliculas’

La semana pasada hice un post sobre la princesa Leia. En realidad no sobre la autentica Princesa Leia, sino sobre mi amiga a la que yo llamo así. Curiosamente ese día se batieron todos los récords de audiencia desde que se pusieron las estadísticas. Y el post ha sido uno de los más leídos. En fin, esto me ha hecho pensar que en la comunidad hay muchos fans de Star Wars.

Como yo.

Cuando tenía, no sé, como 7 u 8 años pasé el verano en casa de unos familiares. Acababan de inventar el video y, cosas del destino, mis tíos optaron por el VHS en lugar del BETA (no es que aporte nada a la historia, pero yo lo cuento por si a alguien le interesa). El caso es que dos críos de esas edades todo el día en casa éramos lo más parecido a un problema… y a mis tíos se les ocurrió la idea de alquilar unas películas a ver si nos podíamos estar quietos un rato. Las películas elegidas fueron dos: Star Wars y El señor de los anillos.

Obviamente no era la versión de Peter Jackson… soy joven, pero no tanto. Además, dudo que esté editada en vídeo VHS. Era la versión de Ralph Bakshi, rodada en formato de dibujos animados pintados sobre imágenes reales. Con esa edad uno se queda con detalles nada más… por ejemplo, el tamaño de los pies de Gollum, lo realmente corta que es la faldita que lleva Trancos, o los andares paticortos de Sam al correr detrás de Frodo… en fin.

En realidad nosotros le dimos caña a la Guerra de las Galaxias… que molaba mucho más, con todos eso bichos raros, los sables de luz y las naves espaciales disparando rayos láser a diestro y siniestro.

Algunos años después descubrí el Hobbit casi por casualidad y tengo que reconocer que me llamó la atención… Smaug, el dragón de la Montaña Solitaria, el anillo mágico, las aventuras de Bilbo escapando de los elfos del bosque usando unos toneles donde metió a sus amigos enanos, ayudado por el anillo que hacía invisible. En un taller literario que había en mi colegio (os tengo que contar lo de mi colegio, pero eso lo haré en un post diferente) comenté que me había gustado y el profesor me aconsejó la lectura de El Señor de los Anillos”.

Y el libro vino a mí en un momento difícil de la infancia: no tenía amigos, recién llegado a un colegio con normas extrañas (para mí) y pasaba los recreos sólo y aburrido. Así que me sentaba en las escaleras, al sol, y leía las aventuras de Frodo, de Sam, de Trancos y del viejo Gandalf… el anillo único, el malo malote cascabelote de Sauron y sus orcos. Me podía imaginar el vuelo de los Nazgûl sobre las murallas de Minas Tirith, la batalla de los campos de Pelennor o la no menos espectacular del Abismo de Helm o a Barbol y los demás Ents dándole lo que se merecía al traidor de Saruman.

El Señor de los anillos es mi libro de cabecera. El único libro que leo sin cansarme, aunque casi me lo sé de memoria. A veces lo abro al azar y leo a partir de ahí. Otras, dependiendo del estado de ánimo, me leo algún capítulo concreto… me encanta el que se llama “La cabalgata de los Rohirim” que enlaza con el que se llama “La batalla de los campos de Pelennor”. Y mientras leo, escucho el ruido de los cascos de los caballos al galope, el gemido de los cuernos soplados en el fragor de la batalla, el entrechocar de las espadas y los golpes de las lanzas de los orcos contra los escudos. Y me emociono (de nudo en la garganta) con la escena de Eowin (la hermana de Eomer, única mujer que luchó en los campos de Pelennor, y que se mantuvo firme incluso cuando cayó el rey bajo las garras del Nazgûl) luchando con jefe de los espectros del anillo…

– Ningún hombre puede matarme…
– Yo no soy un hombre… soy una mujer.

Y el espectro preguntándose si el que inventó la profecía usaba el término Hombre refiriéndose concretamente al género o se trataba más bien de un concepto global para referirse a un humano, pero sin entrar en detalles sobre el sexo del gachó… y siempre me imagino una ceja inexistente alzándose sobre la cuenca vacía del ojo derecho de la calavera del espectro en un claro ejemplo de duda, momentos antes de morir. Joder, se me ponen los pelos de punta de sólo recordarlo.

Me lo habré leído más o menos unas 17 veces entero, y por partes no sé cuantas más. Así que me sé todo lo que hay que saber sobre el Señor de los Anillos… aunque no soy un friki. Porque para ser friki hay que disfrazarse de mamarracho y hablar en élfico… y yo no sé hablar en élfico. Es más, me niego. Sobre todo porque yo sé que de elfo tengo más bien poco… yo sería con gusto un Hobbit de pies peludos. Porque los hobbits desayunan tres veces y son dados a la bebida y a la comida y a una buena charla junto al fuego.

La verdad es que tanta predilección por este libro tiene su razón de ser. Yo he vivido casi toda la vida en casa del auténtico Señor de los Anillos. Del señor de los anillos, de los pendientes, de los collares, gargantillas y pulseras. Porque se da la circunstancia de que mi padre es Joyero. Pero no un joyero cualquiera, no, sino Maestro Orfebre… o, como a él le gusta llamarse, Joyero Artesano. Así que he visto hacer muchas cosas de oro… es más, yo mismo he hecho alguna que otra (alianzas lisas, lo reconozco, pero algo es algo).

Así que yo soy hijo del Señor de los Anillos… supongo.

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