Feeds:
Entradas
Comentarios

Posts Tagged ‘piscina’

Cada martes y cada jueves voy a la piscina a nadar. Es un deporte muy completo y, a pesar de que me suelo meter mucha caña, me relaja. Ya os he contado que cuando era pequeño no era precisamente un portento físico. Mi madre, preocupada por que de seguir tan inactivo su hijo podría convertirse en campeón mundial Junior de Sumo, intentaba encontrar un deporte que pudiera hacer, compatible con los zapatos ortopédicos.

Probé la gimnasia deportiva, porque se hacía descalzo en las colchonetas. Pero al ver que mi tope era hacer el pino puente (un puente estilo Calatrava, no exactamente con forma de puente, pero un puente a fin de cuentas), y con el agravante de que el mortal hacia delante casi era literalmente mortal y que el potro y yo no éramos demasiado compatibles, la buena mujer pensó en la natación como actividad deportiva extraescolar. Así que durante algunos años iba tres veces por semana a la piscina municipal. Aprendí a nadar a casi todos los estilos, porque la mariposa estaba un poco vetada.

Tras un parón de algunos años volví a la piscina. El estilo estaba ahí, pero me faltaba mucho fondo. Normal. Lo que pasa es que me metieron directamente en el grupo de perfeccionamiento (quizá lo hicieron porque lo pedí yo, claro) donde había gente de mucho nivel. Y a punto estuve de dejarlo, desesperado de ser pasado una y otra vez y de terminar agotado todos los días. Por suerte ese momento desesperación pasó y poco a poco fui mejorando. Ahora soy yo el que tiene nivel.

He tenido muchos monitores de natación. Unos mejores, otros más pasotas. Ahora, desde hace dos semanas y por baja del monitor titular, nos entrena una chica joven. Joven y guapa, con una bonita sonrisa y ojos color miel detrás de unas cucas gafas. Mide como un metro sesenta, pelo liso, media melena castaña y piel morena. Los primeros días llevaba siempre la equipación oficial de monitor, que incluye una camiseta holgada y unos pantalones cortos, algo que disimulaba sus formas femeninas. Pero ayer sólo llevaba puesto el bañador reglamentario rojo, que le daba un aspecto de Vigilante de la Playa muy, pero que muy interesante. Por eso el mote: Pamela.

Mi comienzo no pude ser más malo. Ella no me conocía y, como monitora que es, se acercó para ver a qué grupo pertenecía. Y me dijo:

– ¿Tú con quien vienes?
– Yo vengo de parte de la novia…

Un vacile en toda regla. De esos que luego me pasan factura. Pero en este caso a ella se le escapó una sonrisa que me dijo dos cosas: Que tiene sentido del humor y una bonita sonrisa.

Hechas las presentaciones paso a la chicha.

Llevábamos como media hora haciendo diferentes ejercicios de piernas. Sólo piernas, para arriba y para abajo… todo el rato. Agotador. Así que para cambiar de registro Pamela decidió que hiciéramos 200 metros estilos. Empezando por mariposa… mi punto flaco. Pero como soy un tío obediente empecé con el ejercicio… dos brazadas y pasó lo que tenía que pasar… el gemelo me dio un latigazo. Un calambre… o como se dice vulgarmente: se me subió la bola. Duele. Y cuando estás en el agua, como que agobia más. Por suerte me pude agarrar a la corchera y salir fuera del agua sin interrumpir la conversación telefónica de la socorrista. Pero la otra, la de la playa, Pamela, vino a ayudarme a estirar. Y una vez que estiré un poco, empezó a masajearme el músculo magullado. Que quede claro que me estoy refiriendo siempre al gemelo. Ojo. Mientras lo hacía dijo:

– Lo tienes muy duro, pero no sé si es que es así o es cosa del calambre…
– Pues toca el otro y compara… – Vamos, la típica frase que se dice pero que no suele obtener resultados. Pero ella lo hizo. Me tocó el otro gemelo.
– ¡Qué duro!

Como siguiera haciendo comentarios de ese tipo mientras me masajeaba los gemelos, mi bañador ajustado de licra negra me iba a dejar en evidencia. Así que decidí levantarme y salir de allí. Me quité el gorro y le dije.

– Creo que me voy a la ducha…

Y entonces ella me tocó el brazo. Mi musculoso brazo (bueno, vale, a lo mejor he exagerado un poco, pero soy yo el que cuenta la historia y, tras tanto nadar, algo duro si que estaba). Fue una caricia en toda regla. Algo que a mi entender era innecesario. Pero lo hizo. Y me desconcertó un poco.

– Mejor métete en el agua y haces un par de largos suaves… así relajas un poco. Y cuado termines, estiras otro poco más.

¿Cómo negarme? Así que lo hice, me volví a meter en el agua y nadé los dos largos relajadamente. Aunque notaba el músculo dolorido no volvió a montárseme, aunque yo en lo que pensaba era en ese contacto y en su posible significado. Lo sé… una chica guapa me toca y ya pienso que quiere algo… pero es que con la falta de cariño que tengo y estos calores, tengo disparada la bilirrubina…

Mientras estiraba apoyado contra la pared se volvió a acercar y, esta vez, puso su mano sobre mi espalada (ya sabéis… musculosa y eso).

– ¿Estás mejor?

Me seguía doliendo. De hecho me sigue molestando. Pero es normal después de un tirón. Pero digamos que lo que menos me interesaba en ese momento era el gemelo.

Pamela estará con nosotros todo el mes de julio y agosto, así que tengo tiempo de enterarme de más cosas. En realidad dará igual, porque tendrá novio, o se lo echará mañana mismo… o tendrá la imperiosa necesidad de ser mi mejor amiga… pero mientras llega el viaje a Nepal, no está mal para entretenerme… ¿No?

Anuncios

Read Full Post »

¿Qué nos está pasando? A ti, a mí, a nosotros, a todos… Sentémonos un momento y pensemos sobre ello. ¿No tenéis la sensación de que el mundo está irremediablemente loco? Poco a poco el sentido común, el menos común de los sentidos, parece haberse ido de vacaciones. Unas largas vacaciones. Y ahora impera la velocidad y el tocino. Y los cojones y el comer trigo. Como muestra unos cuantos botones.

Yo soy vocal de la comunidad de vecinos en la que vivo. Debo de ser la “A”, porque mi portal es el primero. Y ayer, ayer domingo, había una reunión de vocales. A las 11 de la mañana. Total… ¿Quién necesita dormir? Había que poner en común una serie de temas para incluirlos en el orden del día de la próxima junta de propietarios. Una junta muy especial porque se unen 400 familias más al gallinero, todos los de la segunda fase. Y se trataba de aclarar que “nosotros” tenemos una serie de puntos que “ellos” deberán acatar. Uno de los puntos a acatar son las normas de la piscina.

La constructora que edificó la urbanización decidió que la piscina no necesitaba capas de aislante, porque tenía la intención de usar un agua especial muy obediente y poco aventurera, más propensa a quedarse en el vaso de la piscina que a buscar pequeñas grietas e inundar los garajes. Lo que ocurrió es que se les debió de olvidar dar el curso de formación al agua… y así pasó: humedades en los garajes y más de 6000€ de agua tirados, literalmente, por el desagüe. Y un montón de meses de obras en la piscina, demanda judicial a la constructora y, como no, una derrama especial para pagar todo esto… por suerte la piscina ha sido reparada a tiempo.

Yo, en otra de las juntas, propuse que en lugar de llenar la piscina con agua, la llenáramos de hormigón, y un problema menos. Porque si la gente se diera cuenta de lo que realmente le cuesta la piscina (mantenimiento, socorrista, agua y luz) durante todo el año, para sólo dos meses de posible “disfrute”, optarían por pagar un bono en la piscina municipal y regalar manguitos de colores a los niños. Pero no. Me miraron como si estuviera loco. Ahora somos ricos, y hay que tener piscina en casa. Y, por supuesto, hay que discutir sobre las normas de la piscina durante horas. Un domingo por la mañana.

Otra peculiaridad que se da en mi urbanización, es que los propietarios somos minoría. La mayor parte de los pisos han sido comprados por un banco, y los alquila impunemente a cuantos pueden pagarlos. Y no son alquileres baratos precisamente. Pero aún así tenemos una pequeña China, una pequeña Camerún, una pequeña Polonia, una pequeña Colombia y una pequeña Marruecos en la urbanización. Gente trabajadora (o no). Gente, y punto. Como cualquiera. Y esta gente tiene hijos y, fíjate tú lo que son las cosas, quieren que sus hijos se bañen en la piscina. En “nuestra” piscina. ¿Habrase visto semejante desfachatez?

Hubo uno que propuso que pagaran un euro cada vez que quisieran bañarse en la piscina. Y dio igual que se le explicara que como arrendadores de una propiedad tienen todos los derechos del propietario mientras dure el arrendamiento, incluido el de bañarse en la piscina. Y sus hijos también.

Después de dos horas hablando sobre esto, llegamos a la conclusión de que se aplicarían los mismos criterios del año pasado, pero que se limitarían las invitaciones a 5 por vivienda. Y que los carnés deberían tener foto. Y estar sellados. Y que quedaban prohibidos los bañadores de color verde.

Digamos que perdí dos horas de mi vida.

De los aires acondicionados hablaré otro día.

Después de morir intelectualmente en la junta, me marché a un cumpleaños de un amigo, del que os hablaré mañana, seguramente. Este amigo celebraba su cumpleaños haciendo una paella en la piscina de su urbanización. Con sus nuevos amigos de la urbanización. Y sus muchos hijos de todos ellos. Y yo era el único no emparejado y no poseedor de hijo de cuantos estaban allí. Así que como podréis imaginar, no pude meter mucha baza en todo el día. Pero sí presté atención a cuanto oí.

Lo primero que quiero aclarar es que la urbanización donde vive mi amigo está situada en el norte, se compone de enormes chalets, y lo habitan cargos intermedios de empresas punteras. No exactamente ricos, pero sí adinerados. Gente bien. Posiblemente gente de origen humilde, pero que ahora vive bien. Muy bien.

Así que hablaron sobre la nueva empleada del hogar que había contratado no sé quien. Que si se planteaban contratarla a tiempo completo. Sobre la cuidadora del niño, o del jardinero… de ese tipo de cosas un poco alejadas de mi realidad. Pero lo que me llamó la atención fue el tema cumpleaños de los niños.

Son como pequeñas bodas.

Según una de las madres, ella salía a dos cumpleaños por mes, más o menos. El precio de tener un hijo popular en el colegio, supongo. Y me explicó que había diferentes precios, dependiendo de varios factores. Si había piscina de bolas, payaso animador, pintura de caras… o si en el menú se incluían chuches o no. Entre 12 y 20 euros por niño asistente… y en alguna había hasta lista de regalos.

Mientras volvía a mi casa me preguntaba si yo seré raro. Me parece un despilfarro que cada urbanización tenga una piscina. Quizá sea porque no tengo hijos, pero, la verdad, me parece más lógico que los niños naden en la municipal. Yo de pequeño lo hacía… y era todo un acontecimiento (y recuerdo los filetes empañados que nos preparaba mi madre con auténtico deleite).

Me parece un derroche que cada casa tenga su aire acondicionado, porque creo que es algo normal que en verano haga calor y en invierno haga frío. Para eso se inventaron las camisetas sin mangas y las bermudas de colorines para estar en casa. Y se deben de usar en verano, y no también en invierno, como ahora. Para el invierno están los patucos de lana que hacía mi abuela (y que todavía uso).

Me parece una locura que en el cumpleaños de mi hijo tenga que contratar un payaso que anime la fiesta, o una piscina de bolas… o sea, son niños. Dales una caja de cartón y deberían de montarse su propia animación, ¿No? ¿Y tienen que comer una hamburguesa a las 6 de la tarde? ¿Es realmente necesario?

Y pensé que a lo mejor los padres de hoy en día contratan payasos para animar las fiestas de sus hijos, porque ellos no pueden. Y (algunos) tienen asistenta, y una chica que les cuida al niño, porque ellos tienen que echar horas trabajando… para pagar a la asistenta, y a la cuidadora, y el aire acondicionado, y la casa, y la piscina de la urbanización, y el todo terreno y el utilitario, y el móvil (el de ellos y el de los niños), y…

¿En qué momento se perdió la perspectiva?

Read Full Post »

Yo me he definido a mí mismo, en el primer post, intentando no ofenderme (como decían Faemino y Cansado en su espectáculo), como un tipo del montón. Ni alto ni bajo, ni guapo ni feo, ni gordo ni flaco (esto era así cuando empecé, pero ahora tiro más a uno de los lados… y no al bueno, me temo). El caso es que omití un pequeño detalle, a lo mejor intencionadamente, no lo niego. Resulta que tengo la tendencia de no pasar desapercibido.

El año pasado, por estas épocas más o menos, fui a la piscina, como he hecho hoy mismo. No fue un día especial. Un montón de largos de un lado para otro sin otro propósito que el de cansarme. Todo muy normal. Después, lo típico, veinte tíos en pelotas en las duchas intentando no mirar más abajo de la cintura y, sobre todo, intentando no rozarnos lo más mínimo al enjabonarnos. Me temo que me he explicado muy mal. Cada cual se enjabonaba a sí mismo… ¿Vale?

Total que, teniendo en cuanta que lavar el pelo largo lleva su tiempo y que siempre he apurado al máximo el rato en la piscina, me encontraba el último en la ducha. Y, cuando salí, sólo quedaba otro tío secándose. Por supuesto no nos dirigimos la palabra… es que mi religión me impide hablar con tipos desnudos. No sé…

El tipo salió sin despedirse ni nada. No me preocupó. Bastante tenía yo con peinarme la melena. Zis, zas, cepillo va y cepillo viene. Como cada vez que hacía eso me planteaba la posibilidad de cortarme el pelo. Y de pronto…

Puf. La luz se apagó.

Por supuesto ni me inmuté. Me había pasado otras veces. Así que seguí liado en lo mío, con el cepillo, pero sin poder mirarme en el espejo. El problema vino cuando escuché claramente lo que sonaba exactamente igual a como sonaría el cierre metálico de la puerta principal al ser echado. Así que metí mis cosas atropelladamente en la mochila y salí escopetado hacia la puerta principal. La puerta principal de la piscina. La misma puerta principal de la piscina que ahora estaba cerrada.

Por suerte la luz de la entrada estaba encendida, sólo habían apagado las luces de los vestuarios, lo que me permitió investigar el recinto. Tenía que haber otra salida en alguna parte. Las llaman salidas de emergencia… y que me aspen si aquello no era una emergencia. Tardé dos minutos en encontrarla… sólo que no daba exactamente al exterior, sino que daba a la piscina de verano. Luego sólo tenía que saltar una valla. Pero estaba el recinto a oscuras, un recinto que no conozco y, en fin, nunca se me dieron bien las vallas… tenía que encontrar otra solución.

Podría llamar a alguien. A la policía, a protección civil, a los bomberos, al ejército… a quien fuera. Claro que, bueno, el móvil estaba en el coche, y el coche, perfectamente aparcado a la puerta de la piscina. Digamos que había un pequeño problema de ubicación espacial de difícil solución. Pero en un sitio tan grande seguro que había un teléfono. Pensaba en estas cosas cuando…

Puf. La luz de todo el edificio se apagó.

La verdad es que en ese momento me sentí como el amigo graciosote del protagonista de una película de adolescentes que mueren uno a uno de las formas más imaginativas y violentas que un guionista hasta las cejas de coca pueda imaginar (A ver quien tiene huevos a leer esta frase en voz alta). Cabría esperar que un tipo con chubasquero y un pincho en la mano apareciese en cualquier momento.

Un pequeño reflejo llamó mi atención. La taquilla tenía el reflejo de una luz parpadeante y de colores que cambiaban a intervalos regulares. Y como era la única fuente de luz y todos sabemos que la luz nos reconforta y da seguridad, me dirigí hacia allí. Era el protector de pantalla del ordenador. Y junto a él, un teléfono. Y pegado en un post it amarillo, una lista de teléfonos móviles.

Llamé al primero que aparecía en la lista. Quizá sea por defecto profesional, pero lo hice no porque pensara que era el más importante, sino porque era el primero. Y me respondieron casi inmediatamente.

– ¿Sí? – Una voz masculina al otro lado.
– Hola, buenas noches – No hay que dejar que una situación, por tensa que sea, nos haga perder la educación.
– ¿Eres un bañista? – Supongo que conoció el número pero no reconoció la voz.
– Me temo que sí.
– ¿Y qué haces ahí?
– Pues eso me gustaría saber a mí…
– Espera, no te muevas, que vamos a sacarte de ahí ahora mismo…
– Descuida, no creo que me mueva mucho…

A los cinco minutos estaban abriendo la puerta de la piscina. El que me había dejado encerrado y al que había llamado… que resultó ser el jefe.

Se deshicieron en perdones y se disculparon como mil veces hasta que me monté en mi coche. Resultó que el portero le preguntó al tío que estaba secándose si quedaba alguien dentro. Y el otro, muy avispado y observador, dijo que no, que no quedaba nadie dentro. Así que el portero cerró el recinto.

Habrían venido de todas maneras porque mis movimientos por dentro del edificio hicieron saltar todas las alarmas silenciosas… así que habría sido más divertida la historia si hubiera terminado durmiendo en el calabozo de la piscina…

Lo sé. He empezado el post diciendo que no paso desapercibido nunca y, por el contrario, el tipo que salió antes que yo ni se percató de mi presencia. Y contra eso no tengo nada que objetar. Lo que pasa es que ahora, que ha pasado un año, todavía soy recordado como el que se quedó encerrado en la piscina. La gente me reconoce por la calle y todo. Y hasta firmo autógrafos…

Esto no tiene por qué ser necesariamente verdad… lo de los autógrafos, digo.

Read Full Post »

Ayer, para pasar la tarde ocupado en algo, me fui a la piscina municipal, a hacerme unos cuantos largos, dispuesto a pensar en mis cosas, sin meterme con nadie. Desde que era un renacuajo me ha gustado nadar. Bueno, esto no es del todo cierto, de pequeño me obligaban mis padres (“Algo de deporte tendrá que hacer el niño”), como me obligaron a la gimnasia deportiva, al Judo, a la bici… pero tengo que reconocer que, con los años, le cogí el gusto a nadar. Y no se me daba mal, cuando aprendí el truquillo de respirar en el momento adecuado y, digamos, que estoy dotado de una capita de grasa subcutanea que me permite mantener bien la flotabilidad.

La piscina municipal no es muy grande, sólo tiene seis calles, una pequeña grada y una piscina más pequeña y poco profunda para los pequeñajos. Y estaba atestada de gente. A los que íbamos a nadar por libre nos asignaron las calles 1 y 2, las más cercanas a la cristalera y a la grada. Yo me metí en la calle 2, más hacia el interior, porque la 1 es la del bordillo y sólo los principiantes eligen esa calle, para poder agarrarse cuando las fuerzas fallan. Antes de meterme en el agua azul y con fuerte olor a cloro, eché un vistazo a ver quienes eran mis compañeros de chapuzón: Habría como seis u ocho personas en mi misma calle, dos de ellas mujeres. Me puse el gorro, las gafas, me eché agua en los hombros y, cuando hubo un hueco libre, mi tiré de cabeza al océano en chiquitito…

El caso es que, durante los siguientes 45 minutos, me hice 60 largos, la asombrosa cantidad de 1.500 metros, con todos sus correspondientes centímetros y milímetros. Lo que explica lo mucho que me duelen ahora los brazos, a la altura de los hombros, y la espalda. Pero es que, en cuanto entré en el agua, el cerebro desconectó todas las funciones no vitales (excepto la de contar largos, por supuesto) y me puse a pensar en posibilidades, sin fijarme en nada más.

Tal y como lo veo, mañana, cuando Huracán baje del autobús, habrá dos posibilidades:

La posibilidad optimista. Huracán se baja del autobús, me ve y, sin siquiera recoger la maleta del portaequipajes, corre a mi encuentro, yo la cojo en el aire (olvidando el dolor de brazos producto de la natación), y nos besamos mientras el mundo gira vertiginosamente a nuestro alrededor. Olvidamos los malos momentos vividos durante estos días y, bueno, el mundo vuelve a ser un lugar agradable y bonito donde vivir. Por supuesto, nos iremos a su casa (que está más cerca que la mía) a recuperar el tiempo perdido.

La posibilidad realista. Nada más verme me dice la famosa frase de “Tenemos que hablar” (una frase que, generalmente, viene seguida de un monólogo y, casi siempre, después me dejan). Y yo me quedo soltero otra vez en mitad del vestíbulo de la Estación de Autobuses.

La posibilidad sorpresa es que no aparezca.

Todo esto me dio tiempo a pensar mientras hacía largos como un loco, sin parar ni descansar (salvo por los momentos en los que alguien más lento me cortaba el ritmo).

Había terminado de nadar, y me encontraba apoyado en el bordillo jadeando por el esfuerzo. Me notaba dolorido, especialmente el hombro derecho (que todavía duele ahora), cuando noté que alguien me tocaba la espalda. Era una de las dos chicas que estaban en mi calle, que buscaba un hueco para impulsarse y seguir nadando. Estaba molestando, así que salí del agua y me senté en la grada, envuelto en la toalla. Uno de los chicos también salió del agua poco después y se sentó a mi lado. No le presté atención hasta que me hablo.

– ¿Te estás preparando una oposición? – Me dijo
– ¿Cómo?
– Si, una oposición… yo me estoy preparando para policía municipal. Es que para nacional no puedo, por el tatuaje. – Tenía un tatuaje en el hombro y otro en el antebrazo. Todavía no sabía a qué venía esta conversación. Me temo que el chico no sabía mi animadversión hacia la policía en este momento.
– No, no. No me estoy preparando nada. ¿Por qué lo preguntas?
– Porque ibas a toda leche… no he podido seguirte el ritmo.
– Es que me gusta nadar rápido.

En ese momento la chica de antes salió del agua. Se quitó el gorro y se removió el pelo negro y largo, y se vino en nuestra dirección. Estábamos justo al lado de su toalla. La cogió y se empezó a secar un poco, el cuerpo, ceñido en un bañador negro que dejaba entrever un muy buen tipo, y por sus piernas largas. Luego se envolvió en la toalla, se giró hacia nosotros, me sonrió y se despidió con la manita. Nunca la había visto anteriormente y, desde luego, no habíamos intercambiado ni dos palabras…

– Joder qué buena está esa – dijo el simulacro de policía municipal, sacándome de mis pensamientos. – Viene mucho por aquí. ¿Sabes lo que más me pone de ella?
– Pues la verdad es que no.
– Es sordomuda. Uff, como me pone.- Debí de poner cara de incredulidad. Así que el simulacro de policía municipal (que no Nacional) decidió seguir con la explicación – Si hombre… es sorda de nacimiento y por eso no sabe hablar…- Y pensé: “Y otros son retrasados de nacimiento y no se callan…”.
– Y yo que pensaba que era muda de nacimiento y por eso no sabía oír… ¡Qué cosas! – dije yo usando toda la ironía de la que fui capaz.

Lo peor es que me dio la chapa hasta dentro de la ducha… y yo me pregunto (con todos los respetos para el gremio de los policías, si es que alguno lee esto alguna vez) ¿Esta gente vela por nuestra seguridad?

Read Full Post »

Descolgué el auricular y marqué los nueve dígitos del número de teléfono de Huracán. Evidentemente son números que me sé de memoria, ya que el ritual de llamarla se repite, invariablemente, todos los días al menos un par de veces… si no más. Y siempre que puedo uso el teléfono de la oficina… porque desde Morro – Tel las llamadas salen más baratas. En apenas dos tonos, Huracán descolgó el teléfono.

– Hola primo. – A veces me llama así.
– Hola preciosa… ¿Te pillo bien? – La pregunta estaba justificada ya que estaba llamando casi una hora antes de lo que suelo hacerlo. La razón era que en unos minutos me metería en una reunión y todo parecía indicar que se alargaría hasta después de la hora decente de la comida.
– Sí, claro. – Había un sonido inusual al otro lado de la línea.
– ¿Dónde estás? Hay mucho ruido…
– En el coche.
– ¿En el coche de quien? Tú no tienes coche…
– En el de Rico. Venimos de la piscina, de nadar.
– No me habías dicho nada…
– ¿Seguro?

Va por delante el hecho de que yo no soy celoso. Bueno, no mucho. Aunque hay cosas que me molestan un poco. Una de ellas, por ejemplo, es que a pesar de habernos visto el día anterior, y de haber hablado dos o tres veces por teléfono, Huracán, en ningún momento me dijo que hubiera quedado por la mañana par ir a nadar a la piscina. Y menos con Rico. Palabras como “Me voy a nadar con Rico a la piscina” me habrían resultado llamativas en una frase. O sea, me acordaría del detalle. Así que estaba absolutamente seguro de que no me lo había dicho.

¿Que quien es Rico? Rico es un amigo mío. Brevemente: Rico y yo conocimos a Huracán el mismo día. Nos la presentó un amigo común y, obviamente, nos gustó a los dos. A nosotros dos y a todos los demás que estaban allí. Lo que pasa es que los dos optamos por estrategias diferentes para alcanzar un mismo objetivo. Mientras yo me mantuve un poco a distancia, observando y evaluando, él entró más a saco. Al final él se cansó y yo continué con ese paso lento pero seguro que ya os he ido contando.

– Ah… pues dile que luego le llamo… que ayer se me pasó devolverle la llamada.- Y era verdad. Rico me había llamado el día anterior, pero yo estaba ocupado y no pude hacerle caso y luego me olvidé.
– Vale. ¿Luego vienes a casa? Recuerda que entro a las diez esta noche. – Esto sí me lo había dicho. Le había cambiado el turno a una compañera que necesitaba el día. Huracán es así.
– No creo que pueda. Tengo que pasarme por el centro a hacer unas compras de material que me falta y aprovecharé para ir a ver a Atenea que sigue recuperándose de la operación en la rodilla.
– Bueno, pues luego hablamos.

Diez minutos después me llamó Rico para darme explicaciones. Estaba entrando en la reunión y apenas pudimos hablar. Desde luego, no temo que Rico me la esté jugando. Es demasiado buen tío para eso. La historia es que él estaba de vacaciones y ella se aburre mucho por las mañanas. Eso sí, durante la reunión de objetivos de este año, no hice más que pensar en la razón por la que Huracán no me dijo algo tan relevante como que se iba a nadar con un amigo mío. Mi jefe hablaba, al menos le veía mover la boca, pero mi cabeza estaba en otra parte…

Al final las compras se me dieron mejor de lo que había pensado y a las ocho ya había conseguido todo el material que me hacía falta. Principalmente unas botas de montaña, porque las mías ya están muy viejas. Así que llamé a Atenea y me pasé a verla, a su casa, muy cerca de donde estaba.

Atenea es una amiga mía de hace tiempo. Alta, casi tanto como yo, delgada y (siendo parte de esta historia no podía ser menos) bastante guapa. Aunque lo más destacable sea su cabeza… rezuma inteligencia por todos sus poros. Imparte clases de filosofía en un instituto de secundaria y, a veces, creo que piensa que soy un alumno suyo, a pesar de que somos casi de la misma edad. En más de una ocasión he salido con deberes de una conversación con ella. Y me recomienda libros y webs donde profundizar en diferentes temas… Cuando consigo sacarla de sus casillas siempre termina con la frase “Esta conversación me aburre… es de nivel de cuarto de la ESO”. Y se queda tan pancha… Lo curioso es que Huracán siempre me dice que de mayor quiere parecerse a Atenea, aunque me temo que esta última le lleva varias décadas de ventaja leyendo libros gordos y sin casi dibujos. Le gustan los tíos que tocan la guitarra, así que a ver si se la presento a Benno un día de estos…

La rodilla ya la tiene mejor. Va a rehabilitación y ya está casi bien, aunque cojea ostensiblemente y todavía lleva muleta. Estaba tan bien que se iba al cine a ver la de “Deseo, Peligro” y me dijo que si la acompañaba. Dudé un momento… porque me daba tiempo a estar un rato con Huracán… pero por otro lado, tenía ciertas ganas de castigarla (entiéndase la expresión) por lo de la mañana. Así que decidí ir al cine. No quedaba lejos de su casa y, mientras caminábamos a su paso, seguimos hablando. Y como casi siempre que hablo con ella, yo estaba tan concentrado en la conversación (para estar a su altura) que ni me fijé en el cine, en las entradas ni en nada de nada…

Las luces se apagaron y, tras algunos trailers, empezó la película. A ver… yo de la película sólo sabía que era del mismo director que contó la historia de los vaqueros gays (que particularmente no me gustó demasiado) y que en china la habían censurado, quitándole media hora de escenas de sexo especialmente subidas de todo. Eso es más que suficiente para que cualquiera entre a verla, digo yo. Pero no sabía ni de qué iba, ni en qué época histórica era, ni nada. Para mi sorpresa empieza en la época de la ocupación japonesa en china, durante la segunda guerra mundial… un tema que me interesa. “Una de guerra”, pensé, “amores en época de guerra o algo así”. Y no iba desencaminado. Lo que pasa es que en lugar de una escena de tiros, empieza con cuatro chinas jugando al dominó (o su equivalente chino). Y hablando en chino (algo que para ellas debe de ser normal, pero que yo no controlo mucho). Eso sí, lo subtitulaban… que si mi marido esto, que si mi marido lo otro, que si envido, que si yo más… en fin. Lo normal. Yo seguía pensando cosas… lo primero era que, a lo mejor, hablaban en chino y no lo habían doblado porque la china protagonista luego se iría a occidente… bueno… en realidad no tenía ni idea de si la china protagonista era una de esas cuatro jugadoras… o si no había una china protagonista, sino que era de otra nacionalidad y por eso no habían doblado la parte china… y también me intentaba adelantar al argumento… lo que pasa es que no me cuadraba como podía enlazar una partida de dominó con escenas de sexo especialmente subidas de tono…

A los tres cuartos de hora de leer subtítulos y de no haber visto una teta ni de refilón, pero sí unas cuantas partidas de dominó (estaba empezando a preguntarme seriamente qué es lo que entienden los chinos por sexo y si ellos se reproducen partidas de dominó), una certeza se abría camino en mi cabeza… pero lo intenté confirmar con Atenea. En un susurro le pregunté…

– ¿La película es en versión original?
– Pues claro… en este cine sólo proyectan películas en versión original…

Y me hundí un poco más en la butaca. Al menos esta vez no habría charla coloquio después…

Eso sí… las escenas de sexo llegaron y no eran pornografía por apenas unos milímetros y, así entre nosotros, me apunté mentalmente poner en práctica con Huracán un par de posturas que salían en la película… después de algunos meses de entrenamiento ganando flexibilidad, claro. Y también, conseguir un juego de dominó chino… que parece muy entretenido…

Read Full Post »