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Posts Tagged ‘tirón’

Cada martes y cada jueves voy a la piscina a nadar. Es un deporte muy completo y, a pesar de que me suelo meter mucha caña, me relaja. Ya os he contado que cuando era pequeño no era precisamente un portento físico. Mi madre, preocupada por que de seguir tan inactivo su hijo podría convertirse en campeón mundial Junior de Sumo, intentaba encontrar un deporte que pudiera hacer, compatible con los zapatos ortopédicos.

Probé la gimnasia deportiva, porque se hacía descalzo en las colchonetas. Pero al ver que mi tope era hacer el pino puente (un puente estilo Calatrava, no exactamente con forma de puente, pero un puente a fin de cuentas), y con el agravante de que el mortal hacia delante casi era literalmente mortal y que el potro y yo no éramos demasiado compatibles, la buena mujer pensó en la natación como actividad deportiva extraescolar. Así que durante algunos años iba tres veces por semana a la piscina municipal. Aprendí a nadar a casi todos los estilos, porque la mariposa estaba un poco vetada.

Tras un parón de algunos años volví a la piscina. El estilo estaba ahí, pero me faltaba mucho fondo. Normal. Lo que pasa es que me metieron directamente en el grupo de perfeccionamiento (quizá lo hicieron porque lo pedí yo, claro) donde había gente de mucho nivel. Y a punto estuve de dejarlo, desesperado de ser pasado una y otra vez y de terminar agotado todos los días. Por suerte ese momento desesperación pasó y poco a poco fui mejorando. Ahora soy yo el que tiene nivel.

He tenido muchos monitores de natación. Unos mejores, otros más pasotas. Ahora, desde hace dos semanas y por baja del monitor titular, nos entrena una chica joven. Joven y guapa, con una bonita sonrisa y ojos color miel detrás de unas cucas gafas. Mide como un metro sesenta, pelo liso, media melena castaña y piel morena. Los primeros días llevaba siempre la equipación oficial de monitor, que incluye una camiseta holgada y unos pantalones cortos, algo que disimulaba sus formas femeninas. Pero ayer sólo llevaba puesto el bañador reglamentario rojo, que le daba un aspecto de Vigilante de la Playa muy, pero que muy interesante. Por eso el mote: Pamela.

Mi comienzo no pude ser más malo. Ella no me conocía y, como monitora que es, se acercó para ver a qué grupo pertenecía. Y me dijo:

– ¿Tú con quien vienes?
– Yo vengo de parte de la novia…

Un vacile en toda regla. De esos que luego me pasan factura. Pero en este caso a ella se le escapó una sonrisa que me dijo dos cosas: Que tiene sentido del humor y una bonita sonrisa.

Hechas las presentaciones paso a la chicha.

Llevábamos como media hora haciendo diferentes ejercicios de piernas. Sólo piernas, para arriba y para abajo… todo el rato. Agotador. Así que para cambiar de registro Pamela decidió que hiciéramos 200 metros estilos. Empezando por mariposa… mi punto flaco. Pero como soy un tío obediente empecé con el ejercicio… dos brazadas y pasó lo que tenía que pasar… el gemelo me dio un latigazo. Un calambre… o como se dice vulgarmente: se me subió la bola. Duele. Y cuando estás en el agua, como que agobia más. Por suerte me pude agarrar a la corchera y salir fuera del agua sin interrumpir la conversación telefónica de la socorrista. Pero la otra, la de la playa, Pamela, vino a ayudarme a estirar. Y una vez que estiré un poco, empezó a masajearme el músculo magullado. Que quede claro que me estoy refiriendo siempre al gemelo. Ojo. Mientras lo hacía dijo:

– Lo tienes muy duro, pero no sé si es que es así o es cosa del calambre…
– Pues toca el otro y compara… – Vamos, la típica frase que se dice pero que no suele obtener resultados. Pero ella lo hizo. Me tocó el otro gemelo.
– ¡Qué duro!

Como siguiera haciendo comentarios de ese tipo mientras me masajeaba los gemelos, mi bañador ajustado de licra negra me iba a dejar en evidencia. Así que decidí levantarme y salir de allí. Me quité el gorro y le dije.

– Creo que me voy a la ducha…

Y entonces ella me tocó el brazo. Mi musculoso brazo (bueno, vale, a lo mejor he exagerado un poco, pero soy yo el que cuenta la historia y, tras tanto nadar, algo duro si que estaba). Fue una caricia en toda regla. Algo que a mi entender era innecesario. Pero lo hizo. Y me desconcertó un poco.

– Mejor métete en el agua y haces un par de largos suaves… así relajas un poco. Y cuado termines, estiras otro poco más.

¿Cómo negarme? Así que lo hice, me volví a meter en el agua y nadé los dos largos relajadamente. Aunque notaba el músculo dolorido no volvió a montárseme, aunque yo en lo que pensaba era en ese contacto y en su posible significado. Lo sé… una chica guapa me toca y ya pienso que quiere algo… pero es que con la falta de cariño que tengo y estos calores, tengo disparada la bilirrubina…

Mientras estiraba apoyado contra la pared se volvió a acercar y, esta vez, puso su mano sobre mi espalada (ya sabéis… musculosa y eso).

– ¿Estás mejor?

Me seguía doliendo. De hecho me sigue molestando. Pero es normal después de un tirón. Pero digamos que lo que menos me interesaba en ese momento era el gemelo.

Pamela estará con nosotros todo el mes de julio y agosto, así que tengo tiempo de enterarme de más cosas. En realidad dará igual, porque tendrá novio, o se lo echará mañana mismo… o tendrá la imperiosa necesidad de ser mi mejor amiga… pero mientras llega el viaje a Nepal, no está mal para entretenerme… ¿No?

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